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Trivia sobre bibliotecas

Cecilia Ester Castañeda
Escritora | Jueves 07 Junio 2018 | 00:01:00 hrs

Hablando de bibliotecas públicas: ¿dónde se incendió en tiempos de la Revolución el edificio nuevo de una, se inauguró otra décadas después un renombrado compositor, se financiaron una más los comerciantes operadores de licores, cantinas, cervecerías y cabarets, se amontonan las salas de la más emblemática para dar cabida a oficinas municipales y se instala otra en un avión que no vuela?

Todos estos datos corresponden a Ciudad Juárez.

En efecto, el 10 de mayo de 1911 quedó destruida la construcción estilo morisco que, según el historiador Miguen Ángel Berumen, albergó durante siete meses lo que probablemente constituyó la primera biblioteca local. En 1942, el músico, contador, político y promotor cultural Arturo Tolentino Hernández fue nombrado director de una biblioteca localizada en Mariscal y María Martínez. En uno de sus informes de gobierno, en 1959 el alcalde René Mascareñas Miranda anunció que ya se había iniciado en el Parque Borunda la construcción de la futura Biblioteca Municipal Arturo Tolentino gracias a las aportaciones de las asociaciones de empresarios de los giros mencionados.

Últimamente, sin embargo, en la presente administración se ha quitado superficie a la Arturo Tolentino para instalar oficinas de Educación y se acondiciona como biblioteca un avión antiguo en uno de los hoyos del Malecón.

Sin duda a los juarenses nos hace falta replantear el concepto de biblioteca pública municipal.

En México la partida presupuestal para cuestiones culturales generalmente ha ocupado los últimos lugares en todos los niveles de gobierno, lo sabemos, mientras que las necesidades siempre superan con mucho a los ingresos de las arcas municipales. Aun así, en una ciudad de un millón 400 mil habitantes es una verdadera vergüenza el hecho de que la biblioteca pública con mayor tradición y acervo manejada por el Ayuntamiento tenga, de acuerdo con el coordinador Andrés Tejeda Sáenz, apenas ocho mil.

El abandono no es nada nuevo. Ya en 1993, el historiador Armando B. Chávez se quejaba de que Ciudad Juárez “solo dispone de una deleznable biblioteca de escasos volúmenes, edificio ya inadecuado y poco personal”.

Sin embargo, a pesar de contarse con varios recintos más, la situación de la matriz del Parque Borunda ha empeorado. Hace poco en Facebook arrancó una campaña de denuncia: “S.O.S. La Biblioteca Pública Arturo Tolentino está muriéndose, se requiere atención inmediata, es un espacio abandonado, frío, con luz mortecina. Atención direcciones de Educación y Cultura”.

Al parecer dichas instancias no han escuchado el llamado de auxilio. Al contrario, pues si la subdirección de Educación llevaba varias décadas instalada en el privado más grande de la biblioteca, la presente administración es la que parece dispuesta a ir desalojando a los lectores. Ya se encuentra ahí la oficina del director de la dependencia, la de la coordinación de becas…

Para hacer lo anterior posible se movieron la sección infantil y la de computadoras, quedando prácticamente la planta baja de la biblioteca a la mitad de su superficie original y con apariencia de estar esperando a los camiones de mudanza: las sillas apiladas, todo amontonado, los libreros bloqueando los ventanales, las computadoras -dos para uso general del público- en el vestíbulo. ¿No habrá ido Protección Civil?

La sala principal de lectura de la Biblioteca Pública Municipal Arturo Tolentino cuenta con ¡cuatro! mesas y 20 mesabancos individuales empleados, supongo, en las clases de inglés ofrecidas junto con varios talleres.

Ciertamente las bibliotecas han cambiado -Tejeda me cuenta que gran parte del trabajo de la Tolentino se realiza promoviendo la lectura fuera del edificio-. Yo no pretendo verla transformarse en uno de esos vanguardistas centros de información de arquitectura asombrosa. Pero es nuestra biblioteca.

Y puede aprovecharse mucho mejor en beneficio de los estudiantes de educación media y adultos que la visitan. Para ello necesita innovaciones tecnológicas, actualizar y ampliar su acervo, habilitar su área verde. Necesita presupuesto, mantenimiento, iluminación. Necesita respeto, sobre todo por parte de las autoridades encargadas de hacerla un lugar acogedor.

Si ellas mismas la invaden, ¿qué? ¿piensan ampliar luego sus oficinas en un avión?



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