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El descaro completo del pobrecito gobernador

LA COLUMNA
de El Diario | Domingo 27 Mayo 2018 | 00:01:00 hrs

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En los estertores del medio quinquenio, el epíteto endilgado a Javier Corral por Jaime Rodríguez, no tiene desperdicio alguno. ‘Candil de la calle, oscuridad de la casa’, le soltó “El Bronco” en Ciudad Juárez el jueves. Es cierto.

Corral critica todo, pero, incongruente hasta la médula, hace y hasta presume lo que critica. No hay poder ni institución que se le escape. Patrón del Poder Legislativo, del Judicial... de los organismos autónomos, universidades, órganos desconcentrados. Lo abarca todo; ineficientemente pero sus manos están por todas partes.

También, fiel practicante de la máxima juarista, justicia y gracia para mis amigos, permite todo atropello legal -falsificación de documentos, alteración de actas, simulación de hechos jurídicos- para proteger al hijo de uno de sus principales funcionarios y al propio funcionario.

Es el retrato fiel de un gobernante laxo con los cercanos, que se demuestra desde la acuarela de los dos últimos sucesos escandalosos que aderezan su mandato: la llamada telefónica a la magistrada exduartista Adela Jiménez Carrasco y justamente lord McLaren en la persona de Carlos Borruel Junior, ambos verdaderas perlas del maximato corralista.

***

Como se sabe, el drama del Poder Judicial no empezó con Corral. Él solo se ha limitado a agudizar el conflicto y el manoseo descarado desde el Poder Ejecutivo.

El desaseo viene desde antes, en efecto, con la jubilación forzada de 13 magistrados, quienes en un chistar de dedos fueron enviados a casa, con una reforma judicial para “oxigenar” la impartición de la justicia.

El proceso fue un deleite para la oposición y las columnas políticas, por la dedicatoria y negociación descarada de las posiciones en un poder que se supone es autónomo.

La convocatoria establecía plazos y requisitos, que fueron cumplidos al pie de la letra. Es impecable la maniobra jurídica. Lo que le faltó es legitimidad política y de moral pública.

La comisión que elaboró la terna para elegir a los nuevos magistrados estuvo compuesta nada menos que por el secretario general de Gobierno anterior, Mario Trevizo, el diputado presidente del órgano legislativo Rodrigo de la Rosa y el titular del Poder Judicial, José Miguel Salcido.

Las propuestas, sin duda, fueron palomeadas y consensadas por Duarte y el entonces todo poderoso operador del PAN, César Jáuregui Moreno, a la sazón coordinador del blanquiazul en el Legislativo.

No hubo mayor discusión en la selección de magistrados. Adela Alicia Jiménez Carrasco obtuvo una abrumadora mayoría, superando sin problema a sus competidores Yamir Roberto Aguirre Flores y Karla Esmeralda Reyna Orozco. Era noviembre de 2014.

A partir de ahí continuó la luna de miel de la recién electa magistrada con el gobernador Duarte y su candidato Enrique Serrano. Las fotos con ambos así lo demuestran, con un rostro sonriente, muy sonriente, la entonces magistrada duartista se placeaba en las mieles del poder político y jurisdiccional, plegada a las órdenes de palacio. Nada ha cambiado desde entonces. Sigue plegada y sumisa a palacio. Nomás cambió de colores partidarios y de dueño… Ahora es de Corral.

***

En 2016, noviembre, Gabriel Sepúlveda fue removido del cargo de presidente del Tribunal Superior de Justicia, mediante la reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial, y enviado a la magistratura de una sala.

La operación legal provino de Palacio con la iniciativa respectiva. La idea era desmantelar la red que Duarte había construido en 2014. En eso ha pasado gran parte de su administración Corral.

Acusado de un peculado por varios millones de pesos en la operación de un programa informático, Sepúlveda posteriormente fue suspendido de su cargo por decisión del Consejo de la Judicatura, en facultades que entonces estaban pendientes en la Corte, y que a la postre serían derogadas.

Pero eso no fue todo. También la Corte, atendiendo una controversia constitucional interpuesta por Sepúlveda, decidió remover a Julio César Jiménez Castro de su puesto como presidente; y como Sepúlveda no podía regresar por haberse vencido su período electivo, habría que nombrar nuevo titular.

En ese entorno es cuando se da la famosa llamada de Corral Jurado a la magistrada Adela Alicia. Una despellejada que exhibe lo peor de tiempos priistas en el corazón de un régimen que de democrático no queda ni el discurso, el corralista.

La llamada era necesaria -nos dicen- por lo siguiente: Julio César estaba empeñado en volver a postularse, y para hacerlo, quería consultar el alcance de la sentencia de la Corte. Es decir, si la destitución lo inhabilitaba o no. Tan decidido estaba, que no le importaba violentar la edad máxima para competir ni su jubilación. El poder es para poder.

La situación amenazaba con provocar una nueva crisis al interior del Poder Judicial. Por ello, el gobernador decidió intervenir. Ya se cocinaba desde el escritorio de la Secretaría General de Gobierno la posibilidad de un sustituto cómodo, el magistrado Pablo Héctor González Villalobos, de familia azul.

Por eso el gobernador decidió llamar a Adela Alicia, quien sin pudor alguno tomó la llamada y dijo que sí a lo planteado por su ‘jefe’.

Era clave evitar la consulta, para aprovechar el consenso que Pablo Héctor había construido en torno a su figura. No podían dilatarse los tiempos, porque la alianza era frágil, donde la única moneda de cambio era reducir el poder del Consejo de la Judicatura, que ya había ordenado la misma Corte.

Por eso, sin empacho, el objetivo de Corral era evitar la consulta y dar por sentado que Julio César Jiménez era inelegible. Lo descartó directamente en la conversación.

“Lo importante -le dice el gobernador pillado, dirigiéndose a la hoy impoluta magistrada- es que no se realice ninguna consulta, porque lo que va a suceder es que vamos a perder muchos días”.

Desde palacio se instruye que no se realice la consulta, porque “vamos” a perder mucho tiempo. De cuándo acá el gobernador es elector del nuevo presidente del Tribunal Superior de Justicia. ¿Vamos? Un sentido de pertenencia absoluto, de patrimonialismo, de invasión clara y contundente de competencias.

“Yo me comprometo -atiza- a ayudar a construir en la parte que yo pueda esa unidad”. ¿Cómo? ¿Hablando con otros magistrados? Negociando desde el Poder Ejecutivo una candidatura única. Hablando con Julio César Jiménez, para decirle que su tiempo ha concluido.

Por eso le ofrece Corral a Adela Alicia “...yo puedo hablar con él - con Julio César- y tenemos tiempo para poder armar pues algún acuerdo, ¿no? Yo creo que es lo mejor para bien de la institución y bien de él y de todos”.

Intervencionismo puro, ejercicio indebido del poder. Avasallamiento del Ejecutivo sobre un Poder Judicial sometido.

Retomemos las palabras textuales de ella:

-“Yo creo licenciado que si el licenciado Jiménez se retira, sí va haber unidad”.

Es cuando remata el gobernador la orden:

-“Yo pienso que... lo quiero decir con toda la confianza por favor. Yo creo que es lo mejor que él también se retire para bien de la institución, bien de él y bien de todos”.

Increíble hasta la torpeza de hablar así por teléfono.

***

Luego Corral se tira al piso. Dice que son los narcotraficantes o el Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional), quienes grabaron la llamada, violando su intimidad. No faltó alguien, el líder nacional del PAN, Damián Zepeda, que deslizó que la llamada era falsa. Y ahora dice que va a demandar. ¡Pobrecito gobernador...! Lo violaron en su intimidad, cuando en realidad pasó por encima de criterios de la Corte. Pasó por encima de la Constitución general y local, que prohíben la concentración de dos o más poderes en manos de un individuo. Descaro total.

Si hizo chilar y huerto con el Poder Judicial, la trampilla con Borruel Junior es un juego de niños. Alterar la infracción y el croquis, violar la ley de seguros para que un tercero no implicado cargue con los daños, mediante una concertación de policías de dos corporaciones distintas, una municipal y una estatal, es nada para los alcances de manipulación del gobernador, que no se cansa de hacer un ejercicio abusivo del poder, enredado en la manta inmaculada de su honestidad y verbo discursivo republicano.

Un gobernador que grita por la injusticia contra Chihuahua en el ámbito federal, y que en su estado hace gala de un ejercicio crudo y ramplón de poder; laxo y simulador.

No lo pudo definir mejor “El Bronco”: candil de la calle...



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