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¿Existirá un líder, hoy?

Hesiquio Trevizo/
Presbítero | Domingo 08 Abril 2018 | 00:01:00 hrs

Javier Marías parece decir cuánto hay que decir de las campañas. Un gravísimo ataque de rectitud recorre el mundo... Esto sería bueno en principio, dados los delirantes niveles de corrupción de nuestros políticos y de la sociedad, que, camuflados y a sabiendas, una y otra vez, vamos a reelegir. Pero cuando la rectitud no es resultado de un convencimiento estrictamente personal, dice Marías, sino algo sobrevenido, impostado y narcisista, y además se da en forma de arrebatos o ataques, constituye uno de los mayores peligros que acechan a la humanidad. Como en los fundamentalismos sectarios, los únicos santos, buenos, salvables, somos nosotros. Los demás son incircuncisos. El exceso de rectitud afecta a todas las capas sociales y a todas las ideologías, derecha, centro, izquierda, populismo o demagogia; a los cafeteros, columnistas y actores y actrices, escritores, cantantes e historiadores, y sobre todo a individuos desconocidos que creen haber dejado de serlo gracias a las redes y a sus plataformas. “Lamento informar que el arranque oficial de las campañas electorales en México me provocó un pesadísimo tedio; más bien, una somnolencia insoportable…” (J. F. Hdez.).

Los discursos hasta ahora oídos me recuerdan la Teodicea de Leibnitz. El filósofo de Leipzig añadió al principio de “razón suficiente”, -nada existe sin una razón suficiente, determinante para ello-, el optimismo del «mejor mundo posible». Se trata de la «lex melioris», la ley de lo mejor. Entre los infinitos mundos posibles Dios ha elegido y realizado el mejor. Su voluntad se determinó por el mejor «pues sino, no hubiera tenido razón suficiente para crear un mundo». Si creó éste se deduce que es el mejor posible. Y Dios no puede elegir de otra manera; lo exigen su sabiduría y el conocimiento de lo perfecto que pertenecen a su naturaleza. Dejemos a Leibnitz en su berenjenal.

Solo que el hombre no es Dios; ni conoce la lex melioris ni su sabiduría ni su conocimiento son perfectos ni absolutos. Lo demoniaco de nuestra situación es que el hombre quiere hacer el bien a espaldas de Dios, es más, sin Dios y aun contra Dios. Los signos usted los está viendo. América Latina, EEUU, Rusia, China, España, Cataluña, etc., etc. La absolutización de la política que ha llegado a convertírsenos en cuestión de vida o muerte. Aunque la bandera sea “anticorrupción”.

Y añade Marías: ¿Cuándo el noble afán de rectitud se convierte en exceso siniestro? En mi opinión es muy fácil detectar la frontera, y lo habitual de estos tiempos es que grandes porciones de la población la traspasen inmediatamente, casi por sistema. La rectitud debería atañer tan solo a nuestro comportamiento individual, es decir, a nuestro propósito de hacer el bien y evitar el mal, tal es la “Ley Natural”; de regirnos por ella en la medida de lo posible. El exceso se da en cuanto alguien no aspira tan solo a eso, sino a que los demás adopten su código particular y comulguen con él, por las buenas o por las malas. Entonces el recto se convierte en censor, en prohibicionista, en inquisidor y en dictador. Bueno, eso ni Dios lo hace; Dios propone a nuestra libertad y ahí se detiene; Él ha perdido algo de su libertad y su poder por respetar nuestra libertad. Frente a esta actitud contrasta la forma gobernandi de Trump, por ejemplo, o de Maduro, de Lula o de los Kirchner u Ortega, bolivarianos y demás. La situación en la frontera de Venezuela y Colombia está a punto de determinar una crisis humanitaria de grandes proporciones. Todo por la política.

Por ello quiero, ahora mirar a los grandes. A quienes se atrevieron a soñar. Hace 50 años la bala certera de un borracho, malviviente, insignificante, que dio en la quijada derecha de M. L. King, quiso segar el sueño de un mundo mejor, más humano, más justo. Se aprestaba a encabezar una marcha más en favor de los suyos, en este caso, los recogedores de la basura, los negros; por lluvia, tan frecuente e intermitente en Memphis, se suspendía la recolección y solo los blancos gozaban de sueldo. No llegó a esa marcha; 04.041968, a las 18.01 moría un hombre justo. Su vida y su legado, son de los más bellos del siglo XX. la bala de un rifle Remington-Peters le atravesó el cuello.

En último sermón, la noche previa, se comparó a Moisés; tampoco él entraría a la tierra prometida, moriría viéndola desde lejos. “No sé qué ocurrirá ahora. Tenemos días difíciles frente a nosotros […] Como a todos, me gustaría tener una vida larga. […] Pero eso ahora no me preocupa. Solo quiero cumplir la voluntad de Dios. Y él me ha permitido subir a la cima de la montaña. Y desde ahí he visto la tierra prometida. Puede que no llegue a ella con vosotros. Pero quiero que esta noche sepáis que nosotros, como pueblo, alcanzaremos la tierra prometida. Y estoy feliz por ello. Nada me preocupa. No temo a ningún hombre…”, clamó en el Templo Obrero de Memphis. Un “hermano blanco” enfermo se encargó de ello, James Earl Ray, buen tirador, desde la acera de enfrente, esperó que M. L. King, se asomara, para disparar. El asesino huyó, no se sabe cómo, y fue capturado en Londres meses después. Como el de Kennedy, el de M. L. King, es un caso no aclarado. Y basta.

Cito dos textos del Rev. Jesse Jackson:

P. Han pasado 50 años de aquello, ¿cuál cree que ha sido su legado?

R. Fue un líder pacífico, que basó su fuerza en el poder de la fe. Su movimiento se enfrentó a la segregación y la humillación. Pese a todas las resistencias que halló, demostró que se podían cambiar las leyes y logró consolidar el derecho del voto. Ese fue su legado fundamental. Porque el voto es el arma que nos permite contestar a los ataques y que 40 años después del asesinato de King dio dos veces la victoria a Barack Obama. Con el voto hemos ganado en el último año en Alabama, Pensilvania, Virginia… y lo haremos en noviembre en el Congreso.

Sobre Donald Trump, dice el Rev. Jackson: “Trump alimenta los miedos de los blancos. Pero su política debilita a esos mismos blancos. Por ejemplo, con su constante desmontaje del Obamacare, les deja sin sistema sanitario. Juega con la ignorancia y la falsedad. Miente sobre la inmigración, los refugiados, los muros… No tiene vergüenza ninguna, como demostró en el crimen racista Charlottesville. (Jan Martínez Ahrens. El País)

B. Häring ha escrito acertadamente: “Lo monstruoso de la enfermedad de la violencia aparece de forma aún más horripilante, cuando pensamos que en nuestro siglo Dios ha abierto un proceso decisivo de salvación con perspectivas antiguas a la vez que totalmente nuevas mediante hombres como Gandhi y M. L. King, para mencionar solo algunos de los grandes profetas y creadores de la paz”. Otro tanto podemos decir de los papas del siglo XX. ¿Chocan estos nuevos métodos de liberación, salvación y amor a los enemigos con una resistencia enconada? ¿O la enfermedad mortal de la violencia, la mentira, la falta de autenticidad y la ceguera de los responsables, ha progresado tanto que ya éstos no son capaces de hacer suya una oferta liberadora?

Solo con la vista puesta en una alternativa real, en una fuerza salvífica, será posible abordar un diagnóstico a fondo, aunque muy doloroso, de la patología de la hostilidad que lleva a la muerte y buscar las causas profundas de la misma.

En esa dirección se movió King: “Debemos recordar que Dios no olvida a sus hijos víctimas de fuerzas malvadas, él nos da los recursos interiores para soportar el peso de las tribulaciones de la vida. Cuando estamos en tinieblas de un poder opresivo, Dios es una luz en nuestro camino, él nos da la fuerza necesaria para soportar las pruebas de Egipto (esclavitud), y nos da el coraje y la capacidad de llevar adelante nuestro viaje; cuando la lámpara de la esperanza se apaga y la vela de la fe se consume, él restaura nuestra alma dándonos renovado vigor para ir adelante. Él está con nosotros, no solo en la hora meridiana de la plenitud, sino en la noche negra de la desesperación.

Esta fe nos asistirá en nuestra lucha para huir de la prisión de cualquier esclavitud. Esta fe será una luz para nuestros pies cansados y una luz en nuestro camino tortuoso. Sin una fe así, los más elevados sueños del hombre se reducirán silenciosamente al polvo”. (La fuerza del amor. 1967).

M. L. King fue un hombre justo que nos legó una gran fortuna y que “las fuerzas malvadas” luchan por mantenerlo sepultado. Necesitamos éstos líderes. Los profetas son siempre incómodos. Pero cuando callan, se trata del silencio de Dios.




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