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Los señores Walker: vivir y dejar vivir

Elvira Maycotte/
Escritora | Miércoles 28 Febrero 2018 | 00:01:00 hrs

Hace algunos años y en un ambiente familiar veía con frecuencia una caricatura animada en donde el apacible personaje principal de la historia León de la Rueda —o llamado también el señor Walker— salía de su casa ubicada en un afable barrio hacia el trabajo con apacible gesto en su rostro: descrito como un hombre tranquilo, buen ciudadano, de inteligencia media, amable, puntual y honrado, tenía como filosofía “vive y deja vivir”, saludaba amablemente a sus vecinos y, se decía, era incapaz hasta de pisar una hormiga.

Mas, al abrir su cochera y subir al automóvil de inmediato cambiaba: su rostro se transformaba drásticamente dejando atrás al amable señor Walker para convertirse en el “amo sobre ruedas conductor”, que todo lo arrolla y pasa por encima de todo con tal de sentirse vencedor, al fin y al cabo, “para eso pago mis impuestos”. Sin embargo, ciertamente le llegó el momento, como a todos nos sucede, en el que cambiamos de rol: en el cual debemos “atrevernos” a bajar del auto y cruzar una calle asumiendo las vicisitudes que este riesgo implica y nos hace pasar a ser, al menos en ese momento, simples peatones que “nos aventuramos donde sólo los ángeles se atreven”.

Todo esto viene a colación con los nudos viales que hemos vivido en los últimos días. Seguramente desde hace unos días usted, como yo, ha experimentado cómo el tráfico en las principales avenidas de nuestra ciudad ha sido más denso en comparación con lo que consideramos “normal”. Con el cierre del cuerpo sur del bulevar Juan Pablo II para hacer reparaciones del colector que se ha venido abajo en múltiples ocasiones, quienes tienen necesidad de transitar de poniente a oriente han tenido que utilizar vías alternas que han aumentado la carga vehicular de las principales avenidas de las que pueden echar mano, como la avenida del Charro, la Pérez Serna, la Gómez Morín y un buen tramo de la Paseo Triunfo y Tecnológico.

Transitar en horas pico por esas avenidas se ha vuelto insufrible, pero no hay otra opción. Pero… ¿por qué tenemos que pasar por esto? Bien, ya se ha tratado mucho el tema en cuanto al aumento del número de vehículos que circulan por la ciudad, lo lejano que está el lugar de trabajo respecto a nuestra casa, el pésimo servicio de transporte público y las pocas opciones y respeto que tenemos por las modalidades alternativas para transportarnos en la ciudad, sin embargo, hoy agregamos en la lista un elemento muy importante que agudiza la crisis de la movilidad en nuestra ciudad: los fraccionamientos cerrados.

Si bien en términos “normales” podemos circular con cierto nivel de fluidez aun con estas grandes áreas de la ciudad confinadas, tenemos que ahora el cierre del Juan Pablo II coincide precisamente con las zonas donde existe el mayor número de fraccionamientos cerrados y, mientras unos pueden tener algún beneficio de esta situación, muchos otros, los más, sufrimos las consecuencias. Si antes teníamos la oportunidad de buscar atajos a través de las vías secundarias, hoy no tenemos esa posibilidad y debemos soportar ser parte de uno de los nudos que nos estrangulan, o bien, resignarnos a que el tiempo que perdemos en las calles sea ocioso e improductivo.

Sé bien que quienes residen en los fraccionamientos cerrados pensarán que el problema que sufrimos estos días están miles de ciudadanos para trasladarse de un punto de la ciudad a otro, es temporal. Pero, piénselo bien, no lo es, se trata de un problema permanente, porque esas calles permanecerán cerradas, quienes viven dentro de estas áreas confinadas no permitirán que se abran, aún cuando ellos mismos sufran los estrangulamientos y pérdida de tiempo que los cuellos de botella ocasionados les “obsequie”.

De alguna manera el retraso que nos ha ocasionado esta reparación del colector nos abre la oportunidad de reflexionar y comprender, al menos un poco, que todos y tenemos derecho a la ciudad, que cada vez que se viola se demerita la calidad de vida urbana. No nos extrañemos, entonces, que por nuestras calles cada día circulen más “Señores Walker”, que pasan por encima de nuestros derechos, irritables, alimentando día tras día el estrés social.

Maneje respetuosamente, con precaución, y si desea conocer al famoso señor Walker de esta historia, busque el video en https://www.youtube.com/watch?v=9fFxWR



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