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Orgullo e identidad

Elvira Maycotte/
Escritora | Miércoles 10 Enero 2018 | 00:01:00 hrs

Pocas son las colonias en donde quienes viven ahí se expresan con tanto orgullo de su origen como lo es, nada más y nada menos, que La Chaveña, una de las colonias más emblemáticas de nuestra ciudad.

Su importancia data desde finales del siglo XIX, cuando La Chaveña, fundada en 1881, era considerada como puerta de la ciudad ya que era la primera imagen que los foráneos tenían gracias a su cercanía con el centro urbano y la estación de ferrocarriles. Tiene un bagaje histórico como ninguna otra colonia en la ciudad: cuna de ilustres juarenses, poseedora de hitos históricos y centralidades a nivel urbano, como la Escuela Revolución -bello inmueble de estilo Art Decó, hoy muy deteriorado, que fue inaugurada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1939- “La Pila”, “El parque de La Chaveña”, y una clínica IMSS, le confieren un potencial que hace propicia su reinserción a la dinámica de la ciudad a través de la recuperación y revitalización del espacio público

El sonido de los silbatos de los trenes, de la casa redonda –hoy demolida- y de las fábricas, entre ellas la de whisky, llenaban las calles de la colonia y dictaban la hora a todos aquellos que lo escuchaban, principalmente quienes paseaban por El Parque de La Chaveña, que coronado por un muy bonito kiosko, es el único jardín público de la colonia.

Lamentablemente hoy luce evidencias de enfrentar el envejecimiento de sus casi diez mil habitantes y una imagen urbana degradada; inseguridad y vandalismo; la carencia de espacios públicos; infraestructura obsoleta y áreas que se inundan; inmuebles abandonados y muchos de ellos un estado jurídico que no permite su adquisición para fines de regeneración urbana, conviven con la presencia de comercio informal que se acompaña de grupos de interés que perciben al cambio social y espacial como una amenaza a sus actividades, además de calles sucias y en mal estado, saturadas de transporte colectivo contaminante.

A pesar de estos factores que nada le favorecen, son muchas las fortalezas que La Chaveña tiene a su favor: su céntrica ubicación; la identidad e historia que constituyen un valor simbólico para la ciudad; la vida de barrio que aún se respira en el ambiente; la mezcla de usos y centralidades bien definidas -aunque desarticuladas-; la existencia y accesibilidad a equipamiento; la creatividad manual y técnica que es evidente en el tradicional mercado de Los Herrajeros, así como el patrimonio arquitectónico que tiene gran realce en la arquitectura vernácula que engalana a sus viviendas, son una palanca que puede motivar una nueva dinámica urbana que brinde calidad de vida a sus residentes.

Pero lo más importante de todo es que el orgullo por ser de La Chaveña prevalece: a quienes viven ahí lo que más les gusta de su colonia es el parque y la pila y, lo que los hace sentir más orgullosos es ¡Su gente! Y así lo dicen, con una gran exclamación, además de vivir en lo que ellos llaman la primer colonia y fundamento de la ciudad, la más antigua, la de más historia; donde nacieron ellos, sus padres y sus hijos, y hay quienes dicen no saber por qué algunos se van a vivir a otras zonas de la ciudad, cuando en la Chaveña se tiene lo mejor. Les gusta pasear por su colonia, particularmente en el parque, pero enfrentan precisamente la falta de espacios para recreación y convivencia: quisieran que hubiera espacios seguros, tranquilos, limpios e iluminados que pudieran frecuentar con su familia.

Sin embargo, pese a todos los sentimientos de orgullo e identidad, hay una problemática innegable: la apatía. Un alto porcentaje de residentes reconocen no hacer nada por su colonia y otros más solo están dispuestos a barrer el frente de su casa, es decir, se percibe un bajo nivel de organización entre los vecinos y aquellos que hacen algo, se limitan a acciones individuales.

Todo lo anterior nos da una pauta: se requiere de un acercamiento a la realidad de las comunidades para conocer sus expectativas y trabajar en dirección a ellas para que los recursos que se inviertan, humanos y económicos, sean mejor aprovechados, tal como se hizo en La Chaveña, pero ahora… falta quién invierta en ello, más aún cuando se trata de un tema intangible -aparentemente- como es el social. ¡Manos a la obra!



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