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Un mexicano en la Corte (IDH)

Jesús Antonio Camarillo/
Académico | Sábado 06 Enero 2018 | 00:01:00 hrs

La nota se arrinconó en las páginas interiores de los periódicos impresos del país. Pocos mexicanos se enteraron de su nombramiento, pero la asunción del jurista mexicano Eduardo Ferrer Mac-Gregor a la Presidencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos seguramente no pasará desapercibida, una vez que empiece a marcar su línea de trabajo dentro de dicho tribunal internacional.

La designación de Ferrer, realizada recientemente por el Pleno de la Corte Interamericana, viene a corroborar la importante presencia que los juristas mexicanos han tenido en el Sistema Interamericano de protección a los derechos. Baste recordar que dos grandes le precedieron. El primero Héctor Fix Zamudio, quien durante buena parte de la década de los noventas encabezó dicho tribunal internacional; el segundo, Sergio García Ramírez, quien ocupó ese cargo durante el periodo 2004-2007.

Tanto Fix Zamudio como García Ramírez impusieron sus respectivas marcas distintivas a esa institución internacional autónoma, cuyo objetivo es aplicar e interpretar la Convención Americana de Derechos Humanos y sus Protocolos adicionales. Lo hicieron conscientes del liderazgo que un presidente de tribunal debe ejercer sobre la dinámica de su propio funcionamiento en pleno. En ese sentido, se puede afirmar, que los mejores jueces de la historia (tanto en los ámbitos nacionales como internacionales) suelen ser aquellos que han sido capaces de adscribir una impronta original, progresista y creativa  a los órganos jurisdiccionales que encabezan, inaugurando así, de facto, las nuevas “eras”, que haciendo las veces de brújulas, habrán de guiar –más no de determinar del todo, porque sería un contrasentido- el camino por el que habrá de conducirse el tribunal.

Profundo conocedor de las mismas entrañas de la jurisdicción interamericana, porque su paso como vicepresidente de la misma CoIDH y su larga experiencia como estudioso – es ya caudalosa la cantidad de libros tanto de su autoría, como bajo su coordinación que han sido publicados en los últimos años- anticipan, desde la posición en que se ahora se ubicará, no solamente la continuación de una ideología efectiva y progresista que paulatinamente se ha puesto en marcha, en torno a los nuevos paradigmas en la defensa y adjudicación de los derechos humanos, sino también una adecuada culturización y educación sobre la comunicación que debe existir entre los tribunales nacionales, específicamente los mexicanos y la Corte Interamericana.

Lo dice de manera muy clara y enfática el propio Ferrer Mac--Gregor en uno de sus últimos ensayos publicados: “El control difuso de convencionalidad constituye un nuevo paradigma que deben ejercer todos los jueces mexicanos. Consiste en el examen de compatibilidad que siempre  debe realizarse entre los actos y normas nacionales, y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH), sus Protocolos adicionales, y la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), único órgano jurisdiccional del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, que interpreta de manera última y definitiva el Pacto de San José”. (Control de Convencionalidad, interpretación conforme y diálogo jurisprudencial. Una visión desde América Latina y Europa. Porrúa-UNAM, pp. 91-92).

Esa compatibilidad entre normas, actos internos y las cartas internacionales de derechos  que los nuevos paradigmas de adjudicación e interpretación de derechos fundamentales han convertido en su propio manifiesto programático y que, en teoría, inspira la reforma constitucional mexicana del 2011, está muy lejos de ser entendida realmente por múltiples agentes gubernamentales, empeñados en seguir auspiciando leyes y comportamientos ajenos a la más mínima correspondencia con los instrumentos internacionales.

Por esa razón, el nombramiento de uno de los mayores exponentes del nuevo paradigma constitucional como Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no debe pasar desapercibido. Y también, por ese motivo, cualquier dosis de activismo judicial internacional desde la más alta esfera interamericana, cuando sea justificada y necesaria, será aplaudida.



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