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¿Morena, partido reciclador?

Luis Javier Valero Flores/
Analista | Domingo 05 Noviembre 2017 | 00:01:00 hrs

¿A quién se le ocurre que en las mejores condiciones político-electorales de su corta carrera, Morena se convierta en el vehículo para reciclar al viejo régimen, a través de postular a quienes fueron perdedores de los últimos procesos electorales o a quienes fueron peones del gobierno duartista?

Fuera Margarita Zavala del PAN y este partido inmerso en una profunda crisis, de la cual pretende salir avante mediante la alianza con el cascarón del PRD y la inopinada participación de Movimiento Ciudadano (MC), –partido al que rápidamente se le acabó el espíritu disrruptor generado por sus candidatos triunfadores en Jalisco– Morena y su muy probable candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, se encaminan (dicho esto a 8 meses de las elecciones) a un contundente triunfo.

La batería de encuestas realizadas a partir de la renuncia de Zavala, así lo muestran. En todas, la ventaja es de alrededor de 10 puntos, lo que representan aproximadamente 5 millones 100 mil votos, si la participación electoral ronda el 58 por ciento el próximo primer domingo de julio.

Con esa ventaja, que crece al sumar los resultados de la percepción ciudadana acerca del posible triunfador. Sorprendentemente, a diferencia de todos los procesos electorales presidenciales del pasado, ante la pregunta “¿Quién cree que puede ganar las elecciones?”, la mayoría responde que AMLO –y, aparentemente, la única posibilidad que pierda el partido de AMLO sería a partir de la comisión de numerosos e importantes errores.

Eso parecería estar ocurriendo a lo largo de todo el país, no sólo en Chihuahua, a través de los mecanismos puestos en marcha para la designación de candidatos en varias de las principales posiciones.

En unas y otras brotan los nombres de quienes, como en el caso local, o perdieron en las últimas elecciones representando al PRI, o que formaron parte de los equipos perdedores en las elecciones locales del 2016.

Los colmos son varios. Uno de ellos, el de tratar de postular a quienes contendieron como aspirantes al gobierno de Chihuahua, procedentes, ambos, del PAN, en distinta época, pero relacionados políticamente con la estrategia duartista de intentar dividir el voto opositor.

El otro es el de contemplar como posibles candidatos a quienes, siendo candidatas del PRI, perdieron procesos electorales en el pasado casi remoto -más de 13 años- o que, ocupando elevados cargos en el gobierno de Javier Corral no se han deslindado de la postura radicalmente partidista de quien encabeza el gobierno del amanecer, ni siquiera cuando las críticas del mandatario estatal se han enderezado fuertemente en contra del dirigente nacional de Morena.

¿Acaso sólo el titular del Poder Ejecutivo tiene el derecho a expresar sus opiniones partidistas-electorales?

Como lo diría el clásico, no es nada personal. A pesar de que el escribiente mantiene vínculos de amistad con varios de los involucrados, del tipo que se construye entre la “fuente” de información y el periodista, lo aquí analizado no está surcado por filia o fobia alguna. Los personajes descritos líneas arriba son del dominio público: Avril Gómez, Fernando Tiscareño, Cruz Pérez Cuéllar, Jaime Beltrán del Río, Martha Laguette, Patricia Borunda, Miguel Colunga y otros a nivel municipal, de varios de ellos en el estado.

Se trata, indudablemente, de un gravísimo error estratégico, lo novedoso en el caso de Morena, era la “aparición pública” de numerosos cuadros-dirigentes intermedios, la mayor parte de ellos jóvenes y que ahora, en aras de “sumar” la experiencia y la “capacidad operativa” de quienes saltaron de los partidos del régimen, son marginados de las candidaturas de mayor peso, aunque, justo es reconocerlo, a algunos de ellos se les ha colocado en la eufemísticamente denominación de “coordinadores territoriales” de varios de los distritos electorales locales, como antesala de la postulación como candidatos a las diputaciones por esas demarcaciones.

El problema mayor, por lo menos en el caso de Chihuahua, lo constituyen las candidaturas a las senadurías, en las que el Consejo Estatal resolvió, ante la imposibilidad de las candidaturas “únicas”, la realización de una encuesta –para encontrar a quienes deben ocupar la primera fórmula de la candidatura al senado– entre las militantes de Morena, Bertha Saldaña, Bertha Caraveo y la diputada local Leticia Ortega y que, además, como facultad de la dirigencia nacional, ésta incluya a Patricia Borunda y Martha Laguette en la encuesta.

No terminan ahí los problemas, para integrar la segunda fórmula al senado, se resolvió que fueran a la encuesta el ex candidato a la alcaldía juarense y secretario general del Comité Estatal, Juan Carlos Loera de la Rosa y Cruz Pérez Cuéllar, el dos veces dirigente estatal del PAN y ex candidato a la gubernatura por Movimiento Ciudadano. El ganador será el candidato propietario y el perdedor, el suplente.

La aparición de esos personajes es lo que ha causado -amén de otros problemas, no menores al interior de Morena- las manifestaciones de descontento de diversos grupos de militantes, en varias ciudades de Chihuahua, las que la dirigencia no debiera minimizar pues son el reflejo del desánimo de numerosos militantes que no aceptan que su partido se convierta en el trampolín de numerosos exmilitantes de los otros partidos a los que tanto se ha criticado.

No se trata de la intolerancia a que tan dados son muchos de los fundadores del Morena, sino de la definición de la estrategia que les reditúe éxitos, no solamente en la candidatura presidencial (a la que muchos militantes creen “amarrada”) sino en la de crear las condiciones para que el “tsunami electoral” en que puede convertirse la candidatura de López Obrador, abarque el total de las candidaturas de los postulados por Morena.

Se puede convenir en que la mayoría de los dirigentes de Morena son faltos de experiencia política-social, además de ser poco conocidos socialmente, pero en todo caso podrían convertirse en los políticos disruptores del próximo año, algo que se antoja extremadamente sano para la sociedad mexicana en virtud del enorme desgaste político de la clase política mexicana y cuyos efectos los padece el país entero, sumido en una crisis de inseguridad pública, sin duda producto de la incapacidad y complicidad de quienes gobiernan.

Pero si las candidaturas de Morena a las otras posiciones adolecen de lo aquí comentado, lo lógico es que aparezca más fortalecido el voto diferenciado y Morena pierda la oportunidad de contar con mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores.

No es un problema, solamente, de los nombres citados ahora, sino de la concepción prevaleciente al interior de Morena. La mayoría de los jóvenes que sufragarán el próximo año –y muchos del resto de las edades– será un voto anti-sistema, pero en el momento que aparezcan en las boletas electorales, nombres que han estado presentes en esos documentos a lo largo de las últimas dos décadas, la respuesta será automática, y no solo en el momento de votar, sino en el curso del proceso electoral.

De ahí el asombro ante la falta de perspicacia de la dirigencia nacional de Morena ante el fenómeno que se les está presentando, cuyas manifestaciones aparecen por doquier y que seguramente crecerán con los días, al grado que las primeras tronantes declaraciones en contra del dirigente estatal, Martín Chaparro, emitidas por el dirigente histórico de la izquierda deliciense, Ernesto Casillas –“el líder estatal, Martín Chaparro, violenta los estatutos al imponer a cualquier tipo de personas que se arriman a Morena desconociendo a los comités municipales”– sea, solamente, una de las primeras inconformidades de las que pueden presentarse en ese partido en el que existen una buena cantidad de dirigentes sociales, extremadamente críticos.

Las frases son extraordinariamente elocuentes: “Morena abrió los brazos a toda la sociedad. Bienvenido quien tiene buenas intenciones de hacer el cambio, pero que esto no signifique agarrar la escoria de donde venga, y pedimos que se incluyan a los cuadros que tiene Morena, nos están marginando”.

Ante semejantes acusaciones, los argumentos esgrimidos por el dirigente estatal, Martín Chaparro, en defensa del ex candidato a la gubernatura, Cruz Pérez Cuéllar, mueven a mayor inconformidad: “De comprobarse acusación contra Cruz, no impulsaremos candidatura… Yo lo que invitaría a quien corresponda pues que se le forme el expediente correspondiente y que sea pues, la justicia o un juez, quien determine si hay culpabilidad al respecto, si hay alguna situación que tenga que solventar ahí Cruz, mientras eso no suceda pues Cruz sigue siendo bienvenido en Morena”. (Nota de la redacción, La Opción, 15 de Septiembre 2017).

Chaparro se refería a la supuesta denuncia de un testigo protegido en contra de Pérez Cuéllar por los presuntos desvíos de recursos públicos para su campaña como gobernador en 2016, ordenados por el ex gobernador César Duarte.

Pero ese no es el único problema, el otro son las numerosas instancias de decisión, por fuera de las partidarias, establecidas por el tabasqueño a fin de asegurarse el control de las distintas facetas de la actividad, tanto partidaria, como electoral, en la que el predominio es de quienes ejercieron distintas funciones en el viejo régimen.

¿Reciclar será la función de Morena?

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