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Nunca se fue…

Carlos Irigoyen/
Analista | Viernes 03 Noviembre 2017 | 00:01:00 hrs

2008, 2009 y 2010 son de tristes recuerdos para nuestra ciudad. Es la ignominia de una pérdida de valores de una generación satanizada. Es la resonancia de un programa educativo que castró la materia de los valores y que se convirtió en una educación que premiaba la mediocridad al creer que recitar conceptos era sinónimo de una inteligencia aplicada.

Esos años han sido por mucho el látigo del calvario que recorrió la ciudad, ese camino tan largo que se gestó no en los 2000’s sino desde los 80’s donde el desarrollo económico de la ciudad superó ampliamente el acompañamiento social tan necesario para albergar una población que estaba destinada a ser un polo de desarrollo dominante, moderno, eficaz, un ejemplo a nivel mundial.

Eso que el sociólogo le ha dado por llamar “la generación perdida” de nuestro desarrollo como sociedad, los hijos de la violencia, los niños que en lugar de crecer bajo el amor de una familia crecieron bajo el ardor de las balas, el recuerdo de una vida infantil llena de miserias, las incontables noches de fríos y hambres, de las Navidades sin festejo.

¿Educación? Sin comida en su estómago y con escuelas saturadas donde el aprendizaje ni siquiera está en el imaginario, donde el pupitre es accesorio y los libros son parte de un paisaje mas no son la oportunidad de salir adelante.

¿Derechos infantiles? Por supuesto, hablemos de falacias. Los últimos acontecimientos nos indican una violencia sin parangón en contra de los más vulnerables de la sociedad a manos de, precisamente, parte de esa generación perdida donde el odio ha superado con creces al amor.

Los estudiados dirán que todo es simple apreciación, la realidad es inmisericorde y contra números no hay argumentos, más de 12 mil damnificados de las épocas violentas de nuestra ciudad.

¿Entorno amigable? Claro, los parques y espacios públicos son tan inaccesibles como inexistentes en nuestra ciudad, faltan espacios y sobran excusas. Y aquí también está el paternalismo exacerbado del gobierno, los vecinos podemos unirnos a cuidar del parque donde nuestros hijos deben de jugar, desarrollarse, reír; no dejar que sean los espacios que nos roben el sano esparcimiento, donde se encuentren con la sonrisa falsa de la drogadicción, donde comiencen con el infierno que será su vida de adulto por sucumbir a los vicios, donde se erosionará su sonrisa y aparecerá una mirada perdida, donde se necrosará su alma. Es en esas circunstancias donde se gestan las ciudades que luego ya no regresan a ser un hábitat de oportunidades, si se pudre el alma del habitante se necrosa la esencia de la ciudad.

Después de 2010 entramos en una especie de calma o  ¿cómo llamarlo? ¿receso, pausa, intervalo, suspensión? Como buen economista, hubo una desaceleración de la violencia en nuestra ciudad, fue un hecho, los números no mienten. Gozamos de un periodo donde percibimos de nueva cuenta la oportunidad de crecer económicamente como sociedad, pero cometimos otra vez un grave error, no aprendimos; el calentamiento social fue escalando, el escenario social siguió siendo el plato de segunda mesa de muchas de las agendas de quienes están en posición de tomar decisiones que afectan a la población.

Por primera vez coincido en una declaración del presidente Peña Nieto, una mala decisión que tome el presidente puede llevar a que se “joda” y se “friegue” el país. ¿Qué creen? Este país ha sido asediado por malas decisiones que han llevado a un estado lamentable a algunas ciudades donde la impunidad y la violencia son el pan nuestro de cada día, donde los padres tenemos que buscar medidas extremas para criar hijos de una manera heroica porque hay muchas condiciones adversas en el ambiente. Sin embargo, parece que la carrera entre los malos y los buenos es dispareja, para llegar al destino llamado buen ciudadano los malos andan en Ferrari, los buenos en carreta.

La violencia nunca se fue, se aquietó; funcionaron las aspirinas que se dieron en aquellos tiempos de cáncer social, con los programas gubernamentales y el inconmensurable esfuerzo de las asociaciones civiles; pero el cirujano no le dio continuidad a su extraordinaria operación, no tomó la decisión de extirpar el tumor que como sociedad nos tiene jodidos. Y cirujanos somos cualquiera.

La violencia sigue cimbrando familias enteras y ya no está respetando fechas, ni horarios, ni días ni calendarios, se placea porque simple y sencillamente no encuentra un tope.  Muchos de los síntomas de 2008 y tiempo atrás se están reafirmando, niños con hambre, empleos con bajos salarios, jóvenes con pocas oportunidades de desarrollo, una situación económica precaria, una oferta de entretenimiento aparatosa, pero con poco sentido para construir comunidad, una oferta cultural sin resonancia, familias desunidas, pugnas entre gobiernos, sociedad apática, un modelo educativo que no avanza y un empresariado que hace lo que puede o poco comprometido. Bajo todo ese contexto. ¿Aún preguntamos porqué existe la violencia?

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