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De perseguidor a Libertador

Hesiquio Trevizo/
Presbítero | Domingo 17 Septiembre 2017 | 00:01:00 hrs

¿Vale la pena escribir sobre nuestra historia? Es sabido que, en nuestro sistema educativo, –o lo que queda de él–, la historia, las artes, el civismo, están en desuso. Igual la gramática. Con todo, diré algo sobre D. Agustín de Iturbide, trágica historia y premonitoria de México. De este México donde nunca pasa nada. Un secretario ‘ausente y silente’, dice Navalón, cuya familia vende combustible robado. Y, como entonces, ‘nadie vido nada’. Credibilidad cero.

Vimos a D. Agustín en la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, firmando, sobre el Altar Sagrado, el Plan de Iguala y el Tratado de Córdova, que hacían de México un país libre. ¿Cómo llegó D. Agustín, nacido en Valladolid el 27.09.1783, hijo de vasco y mexicana, a libertador de México, y más siendo, como fue, cruel e implacable perseguidor y demoledor de los ejércitos insurgentes, entre cuyas víctimas se encuentra, incluso, nada menos que el generalísimo Morelos?  Su crueldad era conocida; en las batidas que dio a las huestes insurgentes solía hacer pocos prisioneros y fusilar a la mayoría.

Muchas pudieron ser las causas y circunstancias que impulsaron a Iturbide a pasarse al bando insurgente; puede ser incluso, –como lo aseguran serios autores–, que él, de veras, desease la independencia para México. Pero una de las causas más interesantes es la que presenta D. Carlos Ma. de Bustamante en su Carta Primera, documento integrado a su obra titulada “Hidalgo”. En esta Primera Carta que dirige C. M. de Bustamante nada menos que a Fray Servando Teresa de Mier, prez y gloria que debería ser de la ciudad de Monterrey. En esta Carta dirigida, como he dicho, a Fray Servando, hace alusión, Don Carlos, a la reseña escrita por dicho fraile, dominico y regiomontano, sobre las matanzas que consumara Iturbide en el Bajío, concretamente el Viernes Santo de 1813. Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, que tal era su nombre completo, editó esta obra en Londres y en cierta ocasión que le era leída a Iturbide por un amigo de su confianza, según es voz pública, asegura Bustamante, al llegar a un determinado punto del relato de Fray Servando, el lector comenzó a trastabillar lo cual fue notado por Iturbide. Pero dejemos la palabra a Don C. M. de Bustamante: “Mas como advirtiese Iturbide que trastabillaba un poco en lo que leía y se llenaba de rubor, quiso averiguar la causa por sí mismo y halló que era porque Mier hablaba en aquella página con execración y espanto de las ejecuciones sangrientas que hizo con los prisioneros americanos, (antes nosotros también éramos americanos. Nota mía), que tomó en la batalla del puente de Salvatierra el Viernes Santo de 1813.  Consternóse sobremanera su espíritu (de Itubide), llenóse de confusión al ver el desairado papel que representaba en el cuadro de la historia de su Patria, y juró desde aquél instante borrar con hechos hazañosos aquella negra mansilla. Tal fue la causa de esta instantánea y saludable conversión…¡Mier, divino Mier, he aquí el fruto más sazonado de tu buen celo! … tu patria es libre merced en parte a tus afanes; olvida ya aquellos padecimientos y persecuciones horrendos sufridos en el decurso de más de 25 años, y quiera el Cielo vuelvas a los brazos de un amigo que lloró a una par contigo…”. Y continúa Don Carlos en alabanzas de ese jaez al gran luchador por el bien de México que fue Fray Servando. “Apareció sobre nuestro suelo, le dice Don Carlos al dominico, un varón esforzado que, haciéndose superior a sus pasiones, y detestando cuanto había creído en los días del error, empuñó la espada y juró hacernos libres, independientes y felices:  tamaña empresa había reservado el Cielo a Don Agustín de Iturbide, Coronel de Infantería del Regimiento de Celaya”. (ibid). ¿Libres, independientes y felices?, bueno, que no era para tanto; se fue grande D. Carlos.

He buscado la documentación de la batalla que menciona Don Carlos y he encontrado la batalla librada en la Laguna de Yuririapúndaro, tal vez sea lo que hoy conocemos como Yuriria, solamente que tuvo lugar el 31 de octubre de 1812 “donde fusiló sin piedad a cuantos prisioneros cayeron en su poder” incluyendo al padre Ramírez, comandante de la Isla.  Otra batalla famosa, ésta en Valle de Santiago; en ésta batalla Iturbide mandó fusilar a todos los prisioneros. Así reza el parte que rindió: “no puedo formar cálculo seguro de los que murieron, porque como estaban en diversas casas, calles y plazas era muy difícil, pero creo que llegarán o excederán de 300, con inclusión de más de 150 que mandé pasar por las armas”. No deja Don Agustín de precisar su dolor “de hacer morir sin auxilios cristianos a tantos miserables”. Éstas, y otras hazañas realizó Iturbide cuando militaba en el ejército virreinal. No es extraño entonces que Don Carlos compare a una conversión el cambio de bando que dio Don Agustín al pasarse al lado insurgente, y no sólo esto, sino lograr conjuntar todas las fuerzas dispersas, y las principales eran las eclesiásticas, para establecer definitivamente la libertad en éste suelo. Pero hasta el momento no he podido documentar la batalla de aquél Viernes Santo de 1813, por lo cual pido el auxilio de los historiadores de profesión. Que no dispongo tanto tiempo.

AHORA. ¿QUÉ SIGUE? México es independiente por fin, luego de un largo período virreinal y de la sucesión de sesenta y un virreyes. Ha de notarse que los Habsburgo siempre dieron la categoría de Virreinato a lo que los cretinos Borbones llamaron Colonias. Se formó la Junta Gubernativa que habría de convocar un Congreso Constituyente el cual debería entrar en funciones el 24 de febrero de 1822. Y empezó el problema. Por ahí andaban, ya, Santa Anna y Gómez Farías; las pugnas se recrudecieron y comenzó a reinar el caos. En esos momentos, al menos, Iturbide era el héroe popular. Schlarman dice lo siguiente: “Iturbide era inmensamente popular entre la gente que lo consideraba el gran libertador, así que a las 7 de la tarde grandes muchedumbres se congregaron afuera del sitio de las sesiones, para averiguar la verdad de la situación, pidiendo entrar, a fin de asegurarse de que “el Imperio Mexicano” estaba a salvo, pues existía el peligro de que grupos fieles a la Corona Española intentaran una contrarrevolución. Y todo concluyó, como para terminar pronto, cuando Don Valentín Gómez Farías leyó un documento firmado por 46 diputados del que saco lo siguiente: “….yo me creo con poder conforme al artículo 3º. del Tratado de Córdova para votar porque se corone al gran Iturbide”. Esto sucedía el 21 de julio de 1822. El 2 de diciembre de ese año, el fatídico Santa Anna se levanta en Veracruz y proclama la República. En 1823 a la caída del Imperio se forma un triunvirato ejecutivo con Don Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria.

El 19 de julio de 1824 era fusilado el ex emperador Agustín de Iturbide en Padilla, Tamaulipas, por acuerdo del Congreso del Estado, con fundamento en el Decreto del Soberano Congreso General Constituyente, que lo declaró “traidor y fuera de la ley”.  De esta manera, México inaugura una serie de cuadros surrealistas fusilando a su libertador. Después de un breve destierro en Europa, Iturbide había regresado al País acompañado de su esposa, y dos de sus hijos y algunos amigos para reunir la opinión pública y consolidar la libertad en México, según él mismo expresó muchas veces, reiteró frente a sus captores y puso por escrito, horas antes de su muerte en un documento que pensaba hacer llegar al Congreso Constituyente.  No le dieron tiempo para ello.  Se confesó con el Padre Gutiérrez de Lara y marchó valientemente al sitio fijado. Se conserva el breve discurso que pronunció en el Paredón: “mexicanos:  en el acto mismo de mi muerte os recomiendo el amor a la paz y la observación de nuestra santa religión. Ella es quien nos ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros y muero gustoso, porque muero entre vosotros. Muero con honor, no como traidor. No quedará a mis hijos ni a su posteridad esa mancha. ¡No soy traidor, no! Guardad subordinación y prestad obediencia a sus jefes que haciendo lo que os mandan es cumplir con Dios. No digo esto lleno de vanidad, porque estoy muy lejos de tenerla”. Rezó el credo y el acto de contrición, besó el crucifijo y recibió la descarga.

El 2 de octubre de 1824 el Congreso Constituyente nombra Presidente de la República a Guadalupe Victoria y se proclama la Federación. En la firma de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos está presente Fray Servando que había participado activamente en las discusiones sobre la conveniencia del centralismo porque México, decía, no es una serie de colonias dispersas como Estados Unidos, es una unidad que no necesita federarse, por el contrario, si hacemos una federación sembramos la dispersión, como en efecto así sucedió. En septiembre de 1821 la capitanía general de Guatemala se proclamó independiente. Hasta allá se trasladó el filibustero Vicente Filisola, italiano, para formar, en 1824, “la Confederación Centroamericana” mediante la cual lo que ahora es América Central se independizó de México.

Después, Don Manuel Lorenzo Justiniano de Zavala y Sáez, yucateco, haría lo propio para separar Texas de México. Yucatán siguió perteneciendo a México gracias a los buenos oficios de su Arzobispo. 

He aquí un resumen breve de los 20s del siglo XIX.  Pero México aquí está, más grande que sus problemas, sus catástrofes naturales, sus políticos y sus partidos.  Y secretarios de Estado.

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