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¿Y la Mesa de Seguridad?

Carlos Murillo/
Abogado | Domingo 17 Septiembre 2017 | 00:01:00 hrs

La Mesa de Seguridad y Justicia (MSyJ) en Ciudad Juárez se convirtió en un ícono a nivel nacional, en cuanto a la participación y prevención ciudadana en el combate contra el crimen organizado, principalmente el narcotráfico. Sin embargo, la MSyJ fue desmantelada en el 2016 cuando sus principales actores fueron invitados a ser funcionarios en el Gobierno estatal de Javier Corral.

Después de convertirse en ejemplo a nivel nacional, la MSyJ se desinfló hasta burocratizarse y mimetizarse con el aparato estatal, al grado de perder sus principales fortalezas: autonomía, ciudadanización y asepsia político-electoral.

Es necesario hacer memoria para ver la trayectoria de la MSyJ desde sus inicios hasta nuestros días.

Al final de la primera década del Siglo XXI, en Ciudad Juárez se incrementaron alarmantemente los índices de criminalidad. La violencia desbordada provocó el interés del Gobierno Federal y de la opinión pública nacional e internacional, mientras que la percepción de inseguridad de los juarenses comenzó a paralizar la economía y la vida social; nuestra frontera entró a los primeros lugares del penoso ranking de ciudades peligrosas.

En 2010, el caso de los estudiantes asesinados en Villas de Salvarcar se convirtió en un parteaguas de la historia y, tras el enfrentamiento entre el entonces presidente Felipe Calderón y la madre de dos de las víctimas, la señora Luz María Dávila, Juárez se convirtió en el centro de las miradas.

La sociedad civil organizada se sumó al reclamo de la señora Dávila, principalmente fueron empresarios y activistas los que forzaron la reacción del Gobierno Federal, así se generó la iniciativa “Todos Somos Juárez”, donde se convocó a los representantes de la sociedad, a las universidades y a las autoridades de los tres órdenes de gobierno para integrar mesas de trabajo sobre los temas estratégicos con el fin recuperar la seguridad ciudadana.

Así, se instalaron mesas, donde destacaron la mesa de educación y cultura, la mesa de desarrollo social, la mesa de seguridad y justicia y la mesa de economía, el número final fue de quince ejes y todas las acciones fueron lideradas por la sociedad civil. El plan Todos Somos Juárez contó con un presupuesto extraordinario de 6 mil millones de pesos, que se invirtieron en 160 acciones durante casi dos años. En ese momento de crisis el objetivo era uno: sacar a Juárez de las ciudades más peligrosas del mundo.

En ese contexto nace la MSyJ, con el objetivo de articular al propio gobierno en los tres órdenes y también articular a la sociedad civil con el gobierno, para crear una plataforma donde fuera posible analizar la realidad y, a través de datos aportados por las corporaciones policiacas y por las mismas asociaciones, tomar decisiones para proponer estrategias tanto en el campo operativo policial, como en la prevención del delito.

Con la MSyJ comenzó una nueva etapa en cuanto a la participación y prevención ciudadana, durante este primer periodo los índices de criminalidad comenzaron gradualmente a bajar de forma constante hasta llegar a un mínimo histórico en el 2016.

Ciudad Juárez pasó del primer lugar en la lista de ciudades inseguras a nivel mundial al lugar 38 en 2013 y salió de la lista negra en 2016…para regresar en 2017 lamentablemente. Aunque estos hechos no pueden ser atribuibles totalmente a la MSyJ, sí son los principales indicadores que se buscan con este esfuerzo de participación ciudadana.

La iniciativa de la MSyJ se consideró un éxito e inclusive se consolidó como un modelo en materia de seguridad ciudadana, al grado de replicarse en otras partes del país como Michoacán y Tamaulipas donde no tuvo los resultados que se esperaban.

Entre tanto, la MSyJ desató un debate sobre el modelo que accidentalmente se había creado, porque algunos investigadores apuntan a que los resultados no son propiamente consecuencia de la participación ciudadana, sino que atienden a causas multifactoriales y en ese sentido todavía hay mucho por analizar; por lo tanto, el MSyJ no es un producto acabado, al contrario, está en una dinámica y constante construcción.

Apenas estábamos comprendiendo el modelo, cuando vísperas de la sucesión en el estado, la MSyJ nos daría una sorpresa. Si bien los principales representantes de la sociedad civil no cobraban y se presentaban como “ciudadanos sin cargo público”, resultó que la MSyJ no sólo había repartido millones en billetes para recuperar la seguridad entre las mismas organizaciones de la sociedad civil, sino que además había entregado un capital más valioso: el capital político a sus principales actores.

Con ese capital político, los integrantes de la MSyJ encabezaron propuestas electorales, como el caso del Dr. Arturo Valenzuela, un aguerrido ciudadano que luchaba contra la inseguridad y que hoy es subsecretario de salud en el gobierno y quien, después de ser un actor importante en la MSyJ, brincó a intentar ser candidato independiente para competir en las elecciones de 2016 con el mismo discurso ciudadano de la MSyJ. Aunque el Dr. Valenzuela no logró competir, porque no completó las firmas necesarias para lograr la candidatura, después fue fichado por el equipo de Javier Corral y la MSyJ perdió con ello a un auténtico vocero ciudadano que hoy está del otro lado, el lado del gobierno.

Ese no es el único caso, la lista es larga de quienes han usado la MSyJ como plataforma político-electoral, como usufructuarios del capital político que ahí se genera, algo que en lugar de incrementar el prestigio de una organización tiende a ponerla en duda.

Hoy, estamos en un punto de inflexión, donde la MSyJ puede pasar de un modelo exitoso al fracaso rotundo, esto sucederá si no existe la legitimidad ante la sociedad que permita confiar en los operadores de un modelo ciudadano que no sea usado como escalón para obtener un puesto en el gobierno o una candidatura y que siga manteniendo la autonomía.



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