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El ciudadano antisocial

Cecilia Ester Castañeda/
Escritora | Jueves 07 Septiembre 2017 | 00:01:00 hrs

La noticia sobre un presunto bombero paseño golpeando al tránsito juarense que marcó el alto a la camioneta en la cual viajaba como copiloto parece sacada de un guión de una película de segunda. Según El Diario, el incidente tuvo lugar de madrugada cuando dos hombres ebrios circulaban a exceso de velocidad.

Ojalá siguiera pareciendo un guión de recursos baratos, pero manejar intoxicado es una costumbre común de consecuencias demasiado peligrosas como para considerarse entretenido. Y comportarse de diferente manera en El Paso que en Ciudad Juárez forma parte de la cultura binacional.

Por eso mismo, el caso despertó polémica en las redes sociales. Usuarios mexicanos acusaban a los habitantes de la vecina ciudad de cruzar la frontera para hacer desmanes –¿cuántas, cuántas veces hemos escuchado sobre los norteamericanos menores de 21 años que aprovechan para consumir licor aquí si ya cumplieron los 18?—. Los paseños, a su vez, criticaban a los juarenses por deshacerse en su propia ciudad de la imagen de ciudadanos modelos que suelen adoptar cuando van hacia El Paso —¿conoce usted a alguien radicado aquí que ponga las direccionales allá, pero no cuando conduce en las cercanías de su casa?

Ciertamente, si las leyes de un país a otro no son las mismas, mucho menos el rigor de su implementación. Y la fama de que del lado mexicano “no pasa nada” al infringir algún reglamento o de que todo se soluciona con sobornos no contribuye al estado de derecho en Ciudad Juárez. Si alguien no tira basura en El Paso pero, en cambio, aquí arroja papeles en la calle es porque allá sí espera ser sancionado y en suelo juarense no. Lamentablemente, se han presentado inclusive casos de personas que vienen ex profeso a delinquir al sur de la frontera debido a las altas probabilidades de salir impunes con nuestro sistema judicial.

Pero al cruzar el puente también entra en juego un mecanismo más sutil. No, no es cuestión de presentar un pasaporte de uno u otro país. Son, más bien, el conjunto de condiciones y expectativas asociadas con el norte o el sur de la frontera que cada quien internaliza al cruzar. Es el poder del sistema, dirían los sicólogos. Es nuestra propia interpretación de “al pueblo que fueres haz lo que vieres”, actuando de manera distinta como cuando cambiamos de cachucha.

Probablemente todos seamos conscientes de comportarnos diferente según el entorno. A veces nos controlamos, otras nos dejamos llevar; somos analíticos o juguetones; callados o escandalosos… Por lo general eso nos permite cumplir con diversas funciones sociales. En casos extremos, sin embargo, saca a la luz nuestro lado más oscuro: el señor Hyde del doctor Jekyll, el golpeador que participa en grupo para dar una paliza a un amigo común.

Lo importante es comprender que todos somos en parte producto de factores sociales y situacionales. Darnos cuenta cómo reaccionamos ante las características de lugares o condiciones distintos a los que estamos familiarizados resulta tan necesario como ponerse el cinturón de seguridad al circular en una autopista transitada. Somos susceptibles a la velocidad y la inercia; también a las fuerzas de la presión grupal y el conformismo.

La imagen de un bombero, sin embargo, no encaja con la de un borracho oponiéndose a golpes a un arresto. ¿No se supone que los bomberos sean la personificación de la civilidad, del servicio al prójimo, del heroísmo? Sí, pero también, como muchos, suelen buscar estímulos para compensar las prolongadas jornadas sin acción. ¡Sorpresa! el licor, la velocidad y una ciudad con reglas laxas hicieron lo demás.

El presunto bombero y su acompañante no fueron los únicos paseños ebrios arrestados esta semana por recurrir a los golpes en un incidente vial en Ciudad Juárez. Seguramente, tampoco se trató de los únicos involucrados en sucesos de los cuales puedan arrepentirse.

Varios estudios sicológicos han demostrado la facilidad con la que personas de bien llegan a realizar actos nocivos en un entorno donde éstos se permiten, se fomentan incluso. Si deseamos recuperar un ambiente de paz en la frontera, nos conviene poner atención a los detonantes de nuestro yo antisocial. Todos llevamos uno dentro.

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