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La posverdad

Oscar Fidencio Ibáñez Hernández/
Académico | Sábado 02 Septiembre 2017 | 00:01:00 hrs

A pesar de que muchas declaraciones del presidente Donald Trump han sido exhibidas como mentiras por investigadores y periodistas, las sigue repitiendo con un afán de manipular, exaltar emociones de sus seguidores, asustar o desviar la atención de temas importantes, e incluso como forma de intimidación en la negociación con otros países, como es el caso con México.

La posverdad se presenta en nuestra época como una explotación de la comunicación política que apela a las emociones y a las creencias de la gente para manipularla, en lugar de atenerse a la realidad y a los hechos, y lamentablemente es utilizada por muchos políticos, e incluso medios de comunicación. Muchos piensan que la posverdad es un eufemismo o manera “elegante” de llamar a las mentiras, otros opinan que es una forma novedosa de llamar a lo que antes se conocía como propaganda.

El problema con este uso consciente de mentiras en los discursos es que abonan al descrédito de la política y de los líderes en la actualidad, y además genera conflictos por la polarización que se da en la comunidad al exaltar creencias o sentimientos de la población.

La posverdad se inscribe en dos procesos que caracterizan el inicio del siglo XXI: el relativismo, donde cada quién cree tener su propia verdad, cuando en realidad lo que existe es una gran variedad de opiniones; y lo efímero de la información a través de medios digitales, que busca hacer irrelevante la verdad en lo que se dice, se escriba o se proyecte, mientras se obtenga un efecto en la audiencia, aunque sea momentáneo.

Los ciudadanos quedan inermes frente a las mentiras que manipulan y que esconden la incapacidad y negligencia de políticos y gobiernos, que de esta manera dejan de atender los problemas reales de la comunidad. A guisa de ejemplo se puede mencionar la importancia que tienen los eventos de homenaje a Juan Gabriel, o la final de beisbol, comparados con la atención que se brinda para resolver las inundaciones en la ciudad.

El argumento cristiano de “la verdad les hará libres” se vuelve una herramienta poderosa para oponerse a la manipulación, y también a la corrupción, ya que al lograr que se hable con la verdad, se puede también lograr la libertad de decidir correctamente, de remover a gobernantes que engañan y no cumplen, y de obligar a que se resuelvan los problemas importantes de la ciudad. Como en toda injusticia, las mentiras de los gobernantes deben tener alguna consecuencia que evite la impunidad.

Algunos mecanismos institucionales que pueden servir para evitar la impunidad en el uso de las mentiras emotivas que manipulan, consisten en fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas, a través de observatorios ciudadanos que generen datos e indicadores, o “think tanks” (centros de pensamiento) que pueden analizar datos y generar propuestas para ayudar a la gente a tomar decisiones informadas, contrastadas con los bombardeos emotivos de la posverdad.

Pero lo anterior no basta, también es necesaria la formación ética de los ciudadanos y líderes que se preparan para participar en política; cultivar la honestidad y decir la verdad se convierten en herramientas poderosas para cambiar el estado de degradación de la política que debilita a la sociedad y condena a los marginados a seguir excluidos y manipulados.

El trabajo debe iniciar desde la familia y los espacios educativos, cuando a los niños no se les enseña a decir la verdad, es previsible que se conviertan en personas irresponsables y mentirosas, que los llevará a cometer injusticias y abusos porque están acostumbrados a no enfrentar consecuencias por sus actos, lo mismo sucede con gobiernos y autoridades que basan su funcionamiento en mecanismos de posverdad, en campañas digitales que no se basan en datos o hechos, sino en emociones, cambiar el estado de injusticia y corrupción actual implica apostar por la verdad y la congruencia desde la participación ciudadana y desde las instituciones.

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