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De política y cosas peores

Armando Fuentes/
Escritor | Viernes 19 Mayo 2017 | 00:01:00 hrs

Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, ocupó la habitación 114 del Motel Kamagua. Con él estaba Floribel, muchacha poco diestra en cosas de erotismo pero que gustaba de disfrutar las mieles de un prohibido amor. En medio del deliquio pasional exclamó ella con acento arrebatado: "¡Estoy feliz, papito!". Le dijo el tal Pitongo: "Si es así ¿por qué no haces lo que hace mi perrito cuando está feliz?". "¿Qué hace?" -preguntó Floribel. Respondió Afrodisio: "Mueve la colita". Ya conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. Su suegra pasó a mejor vida, y él fue a una marmolería a encargar una lápida para la tumba de la señora. Le preguntó el marmolista: "¿Cómo quiere usted la lápida?". Contestó sin vacilar Capronio: "Pesada". La maestra les pidió a los niños que narraran la forma en que sus papás se habían conocido. Relató un niñito: "Mi mamá se enamoró de mi papá a primera vista". "¡Qué bonito! –se conmovió la profesora–. Y seguramente sigue tan enamorada de él como aquel primer día". "Quién sabe –dudó el pequeño–. Ésa fue la última vez que lo vio". Estoy pensando ya que podré volver a la Isla del Padre antes de lo que me esperaba. Mis cuatro lectores habrán de recordar que hice la promesa de no pisar suelo americano mientras Trump sea presidente de los Estados Unidos. He cumplido ese solemne voto, y lo cumpliré mientras ese mal hombre esté en la Casa Blanca (la de allá, claro, no la de acá). Eso equivale a no volver en cuatro años, y quizás en ocho, a la Isla donde he pasado siempre las vacaciones de verano con mis hijos y mis nietos, lo cual a mi edad es lo mismo que decir que ya nunca volveré a ese sitio donde tengo tantos recuerdos entrañables. Sucede sin embargo que las oscuras aves del impeachment empiezan a volar en torno de la cabeza de ese sandio, y se vislumbra la posibilidad de que sus cotidianos desatinos y torpezas lo lleven a abandonar antes de tiempo el cargo que enhoramala obtuvo. Los errores de la democracia se corrigen con más democracia. En forma democrática, en uso de sus instituciones y en aplicación recta de la ley, los norteamericanos pueden corregir el mayúsculo error que cometieron al elegir para ocupar la máxima magistratura de su nación a un individuo a todas luces incapaz. El mundo entero –quizá con excepción de Rusia– espera que Trump sea devuelto al mundo de frivolidades y necia vanidad del que provino, para que de ese modo los Estados Unidos, y con ellos el planeta todo, queden libres de la amenaza que representan la ignorancia y la torpeza de ese atrabiliario individuo que con sus errores y sus intemperancias está poniendo en riesgo la paz del mundo, con inclusión de los ejidos El Moquetito y Tres Palitos, Tamaulipas. Don Añilio, senescente caballero, cortejaba con discreción a Himenia Camafría, madura señorita soltera. Ella, sin embargo, se mostraba decepcionada de su galán. Le contó a su amiguita Celiberia: "Me  dijo que me iba a llevar al juego del hombre, y a lo único que me llevó fue al futbol". El padre Arsilio entró muy de mañana en la cocina de la casa parroquial e hizo que Ciriolo, el sacristán, le sirviera un café. Le dio el primer trago a la rica infusión y exclamó luego con deleite: "¡Ah! ¡No hay cosa mejor que una tacita de café por la mañana!". "Con todo respeto, señor cura –acotó el rapavelas–, me permito decirle que hay cosas mucho mejores que ésa". Una señora le pidió al Lic. Ántropo que la divorciara de su esposo. Inquirió el abogado: "¿Cuál es el motivo por el cual desea usted disolver el vínculo matrimonial que la une a su marido?". Replicó la señora: "Por adulterio. Sospecho que no es el padre de mi hijo". FIN.


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