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Los paisanos

Sixto Duarte
Analista | Martes 16 Mayo 2017 | 00:01:00 hrs

Desafortunadamente, uno de los discursos más rentables desde una perspectiva electoral es el del odio. Hitler es el más claro ejemplo de que esto es una constante, y de que la historia siempre es cíclica. Llegó al poder expresando su profundo desprecio por los judíos, pues era un discurso que generaba una serie de simpatías entre los sectores más racistas de esa sociedad. El tiempo demostró que la sociedad alemana se había equivocado al emitir un voto poco reflexivo por Hitler.

En noviembre pasado, el empresario norteamericano Donald Trump ganó la elección presidencial después de meses de promover un discurso político racista en el cual culpaba a mexicanos y musulmanes de todos lo males que aquejan a Estados Unidos. Este discurso, desde luego, generó también enormes simpatías en sectores racistas de Estados Unidos, al grado de convertir a Trump en el presidente número 45 en la historia de ese país.

La semilla del odio y del racismo no fue sembrada por Trump, simplemente fue explotada por él. Trump no convirtió a gran parte de sus electores en racistas, si no que estos ya lo eran, y Trump lucró políticamente con ello. Esto refleja la enorme necesidad que tiene Estados Unidos de una reforma educativa; no me refiero a una reforma laboral para los maestros (que fue el caso de México), sino a una reforma en donde se eduque a la gente a dejar atrás prejuicios, que deben ser desarraigados en pleno siglo XXI.

En México no cantamos mal las rancheras, pues nos quejamos del trato que nos dispensan las autoridades norteamericanas, pero les damos un trato similar a los centroamericanos que entran a nuestro país. Nos quejamos de que Trump generaliza y encasilla a todos los mexicanos en una categoría, y nosotros hacemos lo mismo cuando linchamos y señalamos políticos o representantes, pues generamos odio en vez de soluciones para este mundo cada vez más enfermo.

A partir del discurso de odio de Trump en Estados Unidos, hay un enorme sector de la población que se duele en silencio de estas posturas (y sobretodo de las reacciones sociales) que rayan en la xenofobia. Hablo de los paisanos que viven en Estados Unidos. Y especialmente hablo de los paisanos cuyo status migratorio no les permite alzar la voz.

Siendo la frontera de México con Estados Unidos una de las más desiguales del mundo (probablemente comparable nada más con el Estrecho de Gibraltar, punto de encuentro entre África y Europa, comunión entre Tarifa y Tánger) es natural que exista un fenómeno migratorio como el que se da entre nuestros dos países. Mexicanos con hambre y necesidad emigran a Estados Unidos a buscar una mejor calidad de vida, misma que les ha sido negada en México.

Las causas de este fenómeno casi siempre son atribuibles al gobierno. En lo personal creo que las causas de la emigración y éxodo de mexicanos al exterior son responsabilidad compartida de sociedad y gobierno. Los gobiernos (los tres niveles), en gran medida por no sentar bases para incentivar la inversión y con ello la creación de empleos con salarios dignos, que permitan a un padre de familia proveer lo necesario a su familia. De la empresa por buscar siempre pagar lo menos que se pueda a sus empleados, incrementando profundamente los márgenes de ganancia, en detrimento del trabajador.

Es absolutamente ridículo, que un país como México compita en el mercado global anunciando que somos un paraíso para la inversión porque nuestros trabajadores cobran poco comparado con otros países. Nuestro esclavismo moderno es una ventaja competitiva en el mundo para recibir inversión. Y de los sindicatos por defender los intereses de sus líderes, antes de los de los trabajadores.

México fue siempre solidario con otros países cuando se trataba de recibir inmigrantes. Durante la Guerra Civil española, Cárdenas instruyó abrir las fronteras a todos aquellos refugiados republicanos que lo quisieran. Ya antes los aztecas habían recibido a los españoles. La diáspora libanesa encontró en México un lugar al que después llamaron hogar. No se diga la comunidad judía que también encontró refugio en México. Nadie le ha extendido la misma cortesía a nuestros paisanos; mas creo que la responsabilidad de generar buenas condiciones de vida para las mexicanos es únicamente nuestra.


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