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‘Y los que siguen…’

Arturo Mendoza Díaz
Analista | Miércoles 10 Mayo 2017 | 00:01:00 hrs

Generalmente, muchas son las cosas que desean quienes conforman una comunidad, pero dado el clamor de una ciudadanía que se siente agraviada, la detención de los asesinos del policía Miguel Ángel Ríos Rodríguez tendría efectos positivos inmediatos.

Después de todo el crimen fue en la persona de un servidor público. Un ciudadano sufrió una herida accidentalmente. La agresión acaeció cerca de una escuela cuando los estudiantes recibían clases. El homicidio hizo que la gente rememorara pesadillas de otros tiempos.

Además, un desafío de esa índole lastima a varias instituciones: al Municipio, a la Secretaría de Seguridad Pública, al Estado mexicano, a las familias que integran la colectividad, que son células del conglomerado social que resultan destruidas, dejando niños huérfanos.

De ese modo, lo que pasó el miércoles tres de mayo a las 8:48 de la mañana, en el cruce de las calles Miguel Hidalgo y Altamirano, donde unos policías municipales fueron la presa que se buscaba en una virtual cacería, es de suma gravedad.

En cuanto al móvil, la Fiscalía General del Estado (FGE) dice que se trató de la materialización de una amenaza realizada en contra del agente que tiene el resguardo de la patrulla 404, que fue objeto del ataque aunque el policía amenazado no iba en ella.

Debido a eso, señalando que pudo ser una confusión, la Fiscalía dijo que se estaba investigando por qué el agente no tripulaba el vehículo, qué hacía mientras sus compañeros eran atacados, y de dónde provienen las amenazas, las cuales él negó.

Por otra parte, Ricardo Realivázquez Domínguez, titular de Seguridad Pública Municipal, en desacuerdo con la FGE dijo que si bien existe un resguardo de cada patrulla a nombre de un oficial determinado, las unidades se asignan a distintos policías.

Así, en lo relativo a la causa del ataque, externó lo mismo que trascendió el día de la agresión: la emboscada se debió a las detenciones y aseguramientos que ha hecho la Policía, por lo que el crimen organizado actuó en contra de la corporación.

Las diferencias, por lo tanto, son definitorias, al traducirse de manera existencial, según cada una de estas perspectivas que se contraponen, en el éxito o el fracaso de la lucha que desde distintas esferas de gobierno se libra en contra de la delincuencia.

Si es exacto lo que afirma Realivázquez Domínguez, la emboscada, en efecto, debe de haber sido una reacción ante las afectaciones que sufre el crimen organizado, que en su desesperación enfocó su acometida hacia la institución policial del Municipio.

Empero, si la hipótesis de la Fiscalía es veraz, quiere decir, por el contrario, que existen situaciones individualizadas entre algunos policías y los delincuentes, en algo que desdice de los logros difundidos y que demuestra que muy poco es lo que ha cambiado.

Algo que de ninguna manera puede negarse es que el secretario de Seguridad Pública debe de conocer mejor que nadie la mecánica que prevalece al interior de la corporación en el uso de las patrullas, por lo que su versión se antoja creíble.

Lo anterior, aunque las investigaciones deben dar luz sobre el verdadero motivo del ataque, como cruda muestra de las fuerzas que operan en el centro de la población, a las que deben enfrentarse las instancias encargadas de proteger al ciudadano.

Pero estamos totalmente de acuerdo en que sucesos tan infaustos como éste no deben repetirse, echando mano de lo que sea: estrategias adecuadas, chalecos antibalas, todo tipo de precauciones extremas, y hasta una reafirmación del compromiso con la sociedad.

A propósito de esto, según la información, el día en que sucedieron los hechos algunos curiosos comentaban: “Yo me asusté mucho”, “pobre muchacho”, “pasó bien rápido”. Uno de ellos, tal vez impresionado, agregó, despacio: “…y los que siguen”.

Sin embargo, lo reiteramos, es forzoso que ya no siga ninguno, es decir, que ya no caigan policías. Para esto la reacción de las autoridades, aun procediendo con cuidado, debe ser con más celeridad y menos parsimonia, conforme a la gravedad del ilícito perpetrado.

   Como lo señalamos al principio, la captura de los homicidas tendría inmediatamente efectos ponderables, demostrándose así que, verdaderamente, con la alternancia en los ámbitos estatal y municipal de gobierno, estamos mejor que antes.  

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