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Los caballos, cuestión de visión

Cecilia Ester Castañeda | Jueves 20 Abril 2017 | 00:01:00 hrs

Nunca imaginé que vería 
el día cuando
 en Ciudad
 Juárez se reportara una disputa por dar mantenimiento a algo relacionado con el arte urbano. De hecho, no recuerdo haber oído mucho esa palabra cuando se llega a hablar aquí de cualquier tipo de arte.

Porque el meollo en el debate acerca del resguardo de los 20 caballos de fibra de vidrio instalados en el 2015 en el Centro Histórico tiene que ver con algo aparentemente simple: a quién corresponde el honor de conservarlos en condiciones óptimas en base a un genuino interés por la imagen de la ciudad, ¿verdad?.

No se me ocurre ni pensar que Eleno Villalba, el excoordinador del proyecto de regeneración de la zona, y el municipio estén peleando por el valor monetario de las obras o por atribuirse el mérito del sencillo proyecto de gran aceptación pública. Tampoco, de ninguna manera, les interesa el control sobre la ubicación de las figuras ni mucho menos sueñan tenerlas decorando jardines o interiores de domicilios particulares. Prefiero suponer que en Ciudad Juárez ya hemos decidido incorporar de una vez por todas en serio el arte en nuestro espacio común.

Sí, el desarrollo de este proyecto presentó numerosos claroscuros, habiendo desde el principio imprecisiones acerca de su propósito. Si la idea era ofrecer apoyo a los artistas locales, ¿por qué, para empezar, no se les pagó su trabajo? Si se tenía contemplado colocar en exteriores los caballos ya decorados, ¿cuál fue la razón de usar materiales poco resistentes a las condiciones climatológicas? Si el plan era, en cambio, una exhibición temporal, ¿cómo se supone que se dispondría después de las piezas hechas en serie? Establecer claramente éstos y otros puntos hubiera evitado los actuales dolores de cabeza.

Parece que ha llegado el momento de sentar por escrito —¡buena noticia!— las estipulaciones relativas a todas las obras de arte en las que tenga injerencia el Ayuntamiento. Los documentos de validez legal constituyen un paso indispensable a fin de garantizar una mayor permanencia en obras que nos brindan identidad y de propiciar una visión más amplia. Además es cuestión de transparencia.


El hecho de que un exfuncionario municipal decidiera cambiar de sede las figuras sin tener en cuenta a la nueva administración revela la informalidad, la opacidad, la nula fiscalización, con las cuales se llevó a cabo el programa. Veamos la versión de los registros periodísticos:


El anterior coordinador del Proyecto de Regeneración del Centro Histórico encabezó a título de servidor público el programa con el respaldo de empresarios que pusieron los caballos/lienzos y demás material y de artistas encargados de pintarlos. Pero como aparentemente el donativo nunca se formalizó, ahora, aduciendo el deterioro de las piezas el exfuncionario se las llevó a continuar la exposición itinerante en centros comerciales donde presuntamente estarán bajo el cuidado de los empresarios patrocinadores.


La falta de atención a las obras artísticas realizadas a instancias del Ayuntamiento no es nada nuevo. La noticia es el interés posterior por preservar algún proyecto. Gran parte, si no la mayoría, de las piezas juarenses se han logrado —y conservado— asimismo gracias a patrocinios particulares. Pero definitivamente esa colaboración debe efectuarse por los canales adecuados, sin aprovechar omisiones en las propias administraciones de las que se formó parte.


La polémica mudanza es señal de probar ahora esquemas nuevos para financiar el arte urbano, y no sólo hasta su develación. Ciudad Juárez necesita explorar su identidad, inspirarse, cuestionar su realidad, expresarse libremente y saberse digna de belleza, remanso y logros monumentales. Para todo eso sirve el arte.

A nivel mundial, a los mecenas tradicionales de ideas predeterminadas y las comisiones gubernamentales con tintes propagandísticos se han sumado mecanismos como el “crowdfunding” destinados a permitir el quehacer artístico. Quizá nos convenga adoptar todo el poder que implica colaborar —en forma colectiva— para el financiamiento de piezas de arte urbano en la frontera. Las merecemos.

Por cierto, a la X de Sebastián ya le hace falta una retocada.

[email protected]

 


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