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La realidad de Chihuahua

Francisco Ortiz Bello | Domingo 16 Abril 2017 | 00:01:00 hrs

El Gobierno federal dice una cosa, el estatal dice otra y el mundo nos ve distinto. Entonces, ¿cuál es la realidad de Chihuahua? Simple, la que se vive día a día en sus ciudades, en sus calles, la que aqueja a cientos de miles de chihuahuenses y que no se puede esconder en informes oficiales, ni en estadística fría, aunque cierta.

Claro que existen diferentes “realidades” para la sociedad, pero no de acuerdo a la visión de los gobiernos, sino más bien a la visión del ciudadano. En ese punto vale la pena precisar que no es lo mismo un ciudadano operador de maquila, que un ciudadano empresario o profesionista, al menos no desde un enfoque meramente económico. La diferenciación desde luego que no obedece a una visión discriminatoria clasista, ni de ninguna otra naturaleza, es decir, no es una discriminación de clase, sino que sólo se trata de puntualizar y distinguir enfoques distintos, atendiendo a la condición económica, social, profesional o laboral de las personas.

Debo señalar que, de acuerdo con los más reconocidos sociólogos y antropólogos sociales, el individuo requiere de ciertas condiciones mínimas para desarrollar sus máximas capacidades dentro de una sociedad, lo que por consecuencia se traduce en mejores comunidades. A mayor número de individuos plenos y en desarrollo franco, mejor será una sociedad.

Un individuo, sea este mujer u hombre, el pleno desarrollo de sus capacidades produce no sólo riqueza material para una sociedad (bienes de consumo y dinero), también produce otra clase de satisfactores menos tangibles, como conocimiento, valores, estabilidad emocional, etcétera.

Saskia Sassen, socióloga holandesa, reconocida por sus trabajos sobre las ciudades globales, o Walter Powell y Paul J. DiMaggio sociólogos de la Universidad de Stanford, impulsores del nuevo institucionalismo, o Manuel Castells, sociólogo español, con sus estudios sobre las sociedades de la información, o bien Luc Boltanski, sociólogo francés, y sus investigaciones sobre la teoría de que toda justificación se basa en unos mundos u órdenes de valor, todos ellos, y algunos más, coinciden en los requerimientos básicos
de un individuo
para su desarrollo
armónico dentro
del colectivo social: sentido de pertenencia, logros y seguridad.

El sentido de pertenencia tiene que ver con la aceptación y reconocimiento que la sociedad, o sea el colectivo, le brinda al individuo. Los logros están directamente relacionados a sus diversas actividades dentro de la comunidad, escuela, trabajo, cultura, diversión, negocios y la manera en la que obtiene metas u objetivos gracias a condiciones favorables para ello.

Y finalmente, la seguridad se refiere por supuesto a niveles altos de certeza en su presente y futuro sobre oportunidades de crecimiento, su estatus jurídico dentro del colectivo, pero también se refiere a la seguridad de su persona, de su integridad física y emocional.

Los sociólogos coinciden en señalar que estos tres requerimientos mínimos deben existir de manera simultánea, no pueden actuar en forma independiente y aislada. Cualquiera de ellos que falte, altera la manera en que el individuo se desarrolla dentro de una sociedad, y con ello se altera también el desarrollo de la sociedad misma.

Así pues, en Chihuahua, durante los últimos 7 años, el tema de la seguridad ha sido una constante preocupación de la sociedad, afectando con ello todo el esquema del desarrollo social y, por supuesto, el de los gobiernos.

Hemos transitado de una situación de extrema crisis de seguridad, que tuvo su punto más álgido en 2010, misma que nos puso en condiciones de alta vulnerabilidad y franco retroceso económico, político y social, hasta una disminución importante en los índices de criminalidad que, paulatinamente, colocó de nuevo a la entidad, como sociedad, en niveles aceptables de tranquilidad, paz y desarrollo social.

De acuerdo con la estadística pública, de libre acceso en el portal web del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública Nacional (SESPN), transitamos de nueva cuenta hacia un repunte de homicidios en Chihuahua, que nos colocaría de nueva cuenta en los niveles de 2011.

Si consideramos a éstos solamente como índice criminal, de acuerdo con el SESPN, en

2008 se registraron 2 mil 591 homicidios en todo el estado; en 2009 fueron 3 mil 631; es decir, de un año a otro la cifra creció en 40 por ciento.

En 2010 se dio el pico más alto de muertes causadas por otra u otras personas en los últimos quince años, ya que llegamos a 4 mil 368. Un incremento del 20 por ciento en relación al 2009. El porcentaje de incremento en asesinatos, entre 2007 (año sin crisis de seguridad) y 2010 (año con pico más alto) fue del 385 por ciento. Este es el año en el que el priista César Duarte Jáquez, hoy prófugo de la justicia, ganó la gubernatura del estado al panista Carlos Borruel, asumiendo el gobierno en octubre de este mismo año.

En 2011 se registró la primera baja en este índice, al contabilizar 3 mil 555 homicidios durante el año, lo que representó una disminución del 18.6 por ciento en relación al año anterior.

En 2012 se mantuvo la tendencia a la baja, al registrarse un total de 2 mil 479 homicidios, una caída del 30.2 por ciento en comparación con 2011.

Para el año 2013, la disminución en éste índice se sostuvo a la baja, con mil 824 casos, para un decremento del 26.4 por ciento.

En 2014 volvió a bajar, con mil 422 eventos en el año, y una disminución del 22 por ciento en relación al 2013. Para el 2015 se contabilizaron un total de mil 285 asesinatos, con una disminución del 9.6 por ciento en relación al año anterior.

En 2016 se rompió, por primera vez en 5 años, la tendencia a la baja al registrarse mil 546 crímenes alevosos en el año, lo que representó un incremento del 20.3 por ciento, en comparación con 2015.

Sin embargo, en un comparativo general, del 2010 año en que Duarte recibió el gobierno, al 2016 año en el que lo entregó, la disminución de homicidios en el estado disminuyó en 64.6 por ciento, al bajar de 4 mil 368 eventos en un año, a mil 546 en el mismo lapso de tiempo.

En los tres primeros meses del año, y de acuerdo con un conteo periodístico, van acumulados 928 homicidios en todo el estado, lo que representa claramente un incremento en este índice criminal.

Lo preocupante de este análisis es que, de acuerdo con cifras oficiales y estadística pura, la proyección de estos crímenes para Chihuahua en 2017 se incrementa a casi 3 mil 800, es decir, volvemos a los niveles del 2011, el segundo año más violento en los últimos 10 años.

Esta proyección se obtiene de dividir los 928 hechos registrados entre 90 días que corresponden a los primeros tres meses, lo que nos da un promedio por día, mismo que se multiplica por 365 que tiene el año, arrojando la cifra antes mencionada.

Las cosas no están bien en Chihuahua por mucho que se empeñe el gobierno panista de Javier Corral en afirmar lo contrario. Y no sólo en el tema de seguridad no están bien, aunque es el que más preocupa por sus afectaciones directas al desarrollo de la entidad.

No están bien en educación, en salud, en desarrollo social, en obra pública, vaya, ni siquiera en política están bien, porque ha sido más que evidente el desaseo institucional del gobernador con los otros dos poderes de gobierno, así como con el resto de las instituciones del estado.

Los chihuahuenses no merecemos un gobierno rijoso, sin proyecto ni orden, carente de tacto político, que se pelea todos los días con cuanto actor se le pone enfrente, en lugar de gobernar para todos los chihuahuenses, manteniendo una sana, respetuosa, considerada y productiva relación con otros niveles de gobierno, con los diversos sectores sociales, con los miembros de su gabinete y con su mismo partido político.

Pero más que todo eso, los chihuahuenses no merecemos volver a los aciagos y dramáticos días en los que se ejecutaban, en las calles a plena luz del día como vuelve a ocurrir, a 20 personas diarias en promedio. Merecemos que el gobierno se ajuste a la realidad de la sociedad y que no nos quiera imponer una realidad que sólo sus ojos ven.

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