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Un siglo de utopía

Pascal Beltrán del Río | Miércoles 15 Marzo 2017 | 00:01:00 hrs

Ciudad de México— Hoy se cumplen cien años de la abdicación del zar Nicolás II, el último monarca de la dinastía de los Romanov, que había regido el Imperio Ruso desde la coronación de Miguel I en 1613.

La caída del zar fue resultado de la llamada Revolución de Febrero, cuyo nombre deriva del uso del calendario juliano en el país.

Dicho movimiento fue la primera etapa de la Revolución Rusa de 1917, que sería completada por la Revolución de Octubre y pondría en marcha cambios profundos en la sociedad rusa e instauraría el primer régimen comunista del mundo. 

Los hechos que llevaron a la abolición de la monarquía y la formación de un gobierno provisional comenzaron el 8 de marzo de 1917 (calendario moderno), en el Día Internacional de la Mujer.

En esa fecha ocurrieron protestas en Petrogrado, la capital del imperio, a causa de las penurias económicas y el descontento político que provocó la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial.

Las protestas se ampliaron y se declaró una huelga general. El 10 de marzo, el zar dio la orden de acabar por la fuerza con las manifestaciones. El 11 de marzo, miles de personas fueron asesinadas por soldados pero, al día siguiente, la tropa se rebeló contra sus oficiales.

Ese 12 de marzo es considerado la fecha de inicio de la primera etapa de la Revolución Rusa.

El día 14 se forma el Soviet (consejo) de Trabajadores y Soldados de Petrogrado, mientras que la vieja clase política que había colaborado con el zar o se había opuesto tímidamente a él se organiza en un parlamento temporal que reemplazaría a la Duma disuelta por orden de Nicolás II.

Con la abdicación del zar, ambos organismos logran un entendimiento. El Soviet promete lealtad a la nueva Duma y al gobierno provisional, encabezado por el príncipe Georgy Lvov, pero se otorga a sí mismo el derecho de no cooperar si sus miembros no se ponen de acuerdo.

Las primeras decisiones del gobierno provisional son la amnistía para los presos políticos, la abolición de la pena de muerte y la confiscación de granos para enfrentar la hambruna que se había desatado.

El 16 de abril, llegan a Petrogrado Vladimir Ilich Lenin y sus compañeros bolcheviques que habían estado en el exilio en Suiza.

De inmediato, Lenin presenta sus Tesis de abril, en las que llama a continuar la Revolución y al cese del gobierno provisional, bajo el argumento de que “sólo los trabajadores deben mandar”.

Así comenzó la Revolución Rusa, uno de los acontecimientos fundamentales del siglo XX. En noviembre, los bolcheviques tomarían el poder y, con el tiempo, la nueva Unión Soviética se volvería uno de los polos ideológicos del mundo.

Durante casi medio siglo, la URSS batalló con Estados Unidos por la supremacía mundial, en una confrontación que incluyó una carrera armamentista y el desarrollo de medios de destrucción masiva que estuvieron a punto de acabar con la humanidad.

Esa etapa fue cronicada por Excélsior, periódico que nació justamente cuando acababa de abdicar el zar Nicolás II. De hecho, los acontecimientos en Rusia fueron el tema principal de la primera plana de la primera edición, que vio la luz el domingo 18 de marzo de 1917.

En estos días estaremos conmemorando un siglo de El Periódico de la Vida Nacional.

Pero también vale la pena recordar los cien años del alzamiento del pueblo ruso, empobrecido por los estragos de la Primera Guerra Mundial y la inoperancia de su monarquía, así como el surgimiento de un régimen en torno al cual se tejió la utopía de un mundo mejor: la idea de construir una sociedad más igualitaria que aboliera la explotación del hombre por el hombre.

Es justo decir que dicha utopía inspiró los más elaborados pensamientos de mentes brillantes a lo largo del siglo XX, pero también dio pie a algunas de las peores atrocidades cometidas por el hombre.

La Revolución Rusa, que impulsó el estudio del marxismo y la formación de partidos de orientación comunista en todo el mundo, dividió al planeta ideológicamente en dos bandos, que, en nombre de sus respectivos credos, estuvieron dispuestos a acabar con la vida en la Tierra para que no prevaleciera el enemigo.

 


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