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De política y cosas peores

Armando Fuentes Aguirre | Viernes 10 Marzo 2017 | 00:01:00 hrs

Mis cuatro lectores recuerdan a Ligeria. Es señora de cuerpo complaciente; a ningún peregrino ha negado jamás un vaso de agua. ¿Cuántos hombres conoces tú que se llamen Homobono? ¿Ninguno? Pues bien: ella lleva ya tres Homobonos. ¿Imaginas cuántos Juanes, Franciscos, Pedros, Luises y Antonios llevará? Una tarde la generosa dama le estaba haciendo el favor a un compadre suyo cuando de pronto escuchó ruidos en la primera planta de la casa. Experta en ratimagos le pidió a su comblezo que se ocultara en el clóset y luego se encaminó, tranquila, al lugar de donde provenían los sonidos que la habían apartado de su refocilación. Tal sitio era la cocina. Ahí vio a don Cornulio, su marido, ocupado en registrar la despensa al tiempo que decía: “Arroz, frijol, azúcar, puré de tomate, harina”. Le preguntó, extrañada: “¿Qué haces?”. Explicó él sin dejar de remover latas y bolsas: “Un vecino me dijo que me apresurara a venir a la casa, porque me estaban comiendo el mandado”. La UANE, Universidad Autónoma del Noreste, es un orgullo de mi ciudad, Saltillo. Fue fundada por un entusiasta grupo de ciudadanos jóvenes comprometidos con la tarea educativa. Tuve el honor de ser maestro de la institución en sus comienzos, cuando su sede estaba en la casa de uno de sus fundadores. En una alcoba habilitada como aula impartía yo mi clase de Teoría General del Estado a unos cuantos alumnos. Hoy, cuatro décadas después, la UANE tiene un hermoso y vasto campus en Saltillo y otros iguales en una docena más de ciudades norteñas. Su población escolar se cuenta por miles de estudiantes. El rector, doctor Higinio González Calderón, es un académico de primer orden, pero es sobre todo un hombre bueno que ha dedicado su vida a hacer el bien a los demás. La noche de antier asistí a un importante acto. En él se firmó un convenio entre la UANE y la red Ilumno, que agrupa a numerosas instituciones de educación superior en el continente americano. Gracias a esa alianza la prestigiosa universidad saltillense pone a disposición de sus maestros y alumnos el más moderno herramental de la educación en el ámbito de la virtualidad, y se vincula con otras instituciones similares del continente para intercambiar con ellas proyectos y experiencias. Así la UANE mira hacia el futuro y responde a los desafíos de nuestra época. Felicito por eso al doctor González Calderón y a todos los que con él hacen de esta universidad saltillense una institución de calidad mundial... Eglogio, muchacho campesino en plenitud de facultades, sobre todo las de cintura abajo, fue a la ciudad y en una casa de foco rojo tuvo trato con una de las mujeres que ahí hacían comercio con su cuerpo. Entero estaba el mozallón, como toro cuatreño, de modo que puso a la señora en éxtasis y la llevó a términos que nunca había sentido en el ejercicio de su profesión. Aquel inédito placer llevó a la mujer a pedirle a Eglogio que repitiera su actuación, ahora sin costo, pues esta segunda vez no le cobraría. Obsequió el rural mancebo el deseo de la cortesana, y la llevó de nuevo al culmen del placer. La dama, que a pesar de su oficio -o quizá por él- no conocía esos deliquios, le pidió un tercer acto. En esta ocasión, le dijo, ella le pagaría a él. Sucedió por desgracia que esta tercera vez la parte de varón del mozo no pudo ponerse ya a la altura de las circunstancias. Mohíno y enojado Eglogio le habló a la dicha parte en los siguientes términos: “Qué bonito ¿verdad? Cuando se trata de gastar dinero o de divertirte gratis, ahí estás puesta. Pero que no se trate de ganarme yo una lanita, porque entonces no puedo contar contigo, desgraciada”. FIN.


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