Opinión

Logo El Diario
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Jueves 20 Julio 2017 | 

22

46

49

Secciones

Jueves 20 Julio 2017 | 

22

46

49

Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Fin de Pemex, ¿y de régimen?

Pascal Beltrán del Río | Miércoles 11 Enero 2017 | 00:01:00 hrs

Ciudad de México— La profunda crisis institucional y la extendida inconformidad social que revelan las reacciones por el aumento al precio de los combustibles son realidades que no se gestaron en un fin de semana, sino que llevan décadas fermentándose.

Decir esto no es retirar responsabilidades al actual gobierno federal –que las tiene, y muchas– sino dimensionar la naturaleza de los hechos que estamos viviendo.

México ha tenido un larguísimo fin de régimen. El sistema político que se impuso una vez terminadas las hostilidades de la Revolución lleva al menos veinte años de agonía, pero no ha acabado de morir.

El problema es que la carcomida estructura del régimen presidencialista sigue en pie, aunque se le haya modificado varias veces la fachada, y la ideología que le daba legitimidad –el nacionalismo revolucionario– ha seguido pasando de generación en generación.

A diferencia de otros sistemas autoritarios, el partido de Estado resistió su caída de la Presidencia. Más aún: inoculó de su forma de gobernar a los partidos con los que hoy comparte el poder.

Pero más importante que la continuidad del PRI –que se atrincheró en los gobiernos estatales mientras buscaba la manera de regresar a Los Pinos– es que los pilares del régimen se mantuvieron en pie durante los 12 años del PAN en la Presidencia.

Uno de los principales fue Petróleos Mexicanos. El PAN no sólo permitió que subsistiera el mito nacionalista llamado Pemex –pese a que esto remaba contra sus principios como partido– sino lo mantuvo como una fuente fundamental de los ingresos del país y surtidor de gasolina barata para los mexicanos.

A partir de 1938, Pemex fue el eje del programa industrial. Entre 1940 y 1962, se construyeron seis refinerías. En ellas se produjeron combustibles con el objetivo de reducir los costos de la planta productiva y acicatear la expansión económica.

Luego, en 1974, se encontraron las enormes reservas de crudo en el Golfo de México y partir de entonces el país se volvió una potencia petrolera. La confianza en el modelo se acendró. La promesa era que los hidrocarburos nos llevarían al Primer Mundo, pero los hechos han demostrado que dicha riqueza fue sobre todo una desgracia.

Las rentas que generó la actividad petrolera dieron lugar a una enorme corrupción. Al sindicato de la empresa se le dio una serie de prebendas, que incluían la preferencia para realizar obras y jugosas prestaciones como sus planes de jubilación.

Entonces, si bien es cierto –como afirmó el jueves el presidente Enrique Peña Nieto– que los gobiernos surgidos del PAN “quemaron” una cifra extraordinaria en subsidiar los combustibles, los gobiernos del PRI son los principales responsables de haber dilapidado los recursos de la bonanza petrolera.

Hace dos años escribí en este espacio que durante las cuatro décadas que duró dicha bonanza (1975-2015), ingresó al país un billón de dólares, es decir, casi una economía mexicana completa.

¿Qué se hizo con ese dinero? Cuando no se robó, se dilapidó en gasto corriente. Algo se invirtió, claro, pero no suficientemente pues la mayoría de las grandes obras de infraestructura, como presas y refinerías, se construyó antes de 1974.

Hoy estamos pagando nosotros, los contribuyentes, los efectos de esos excesos: corrupción, ineficiencia, prestaciones. El pasivo laboral de Pemex, ha calculado Hacienda, representa 10% del PIB, lo cual es un crimen.

El gasolinazo, como ha dicho el economista Sergio Negrete Cárdenas, es un plan de rescate de Pemex. Es cierto que desde el punto de vista fiscal no hay muchas alternativas. La única forma de no recaudar el IEPS a los combustibles sería recortar aún más el gasto público, subir impuestos o endeudarse.

Pero eso no significa que no haya culpables: los grandes corruptos de ayer y hoy, los malos funcionarios, la nula planeación que debieron hacer quienes decían ser estadistas... y la maldita dependencia que nos generó el petróleo.

Hoy nos pasan la factura, pero la clase política –que incluye al PRI y también al resto de los partidos– no tiene siquiera la vergüenza de renunciar a sus vales de gasolina.

La pregunta, ahora, es si tras el derrumbe del pilar del sistema político que ha sido Pemex, México cambiará por fin su arcaico régimen de esencia populista y si ese cambio será suave o violento.

 


  • comentarios

Los comentarios que en la sección de arriba se vierten son responsabilidad de los participantes. Ayúdenos a mantener un intercambio de ideas sano denunciando, mediante un en el ícono de la bandera, cada participación que considere inapropiada. Si el comentario no cumple con LAS REGLAS, será eliminado. Consulte aquí el reglamento.

Bienvenido a nuestro servicio de comentarios. Lo invitamos a analizar, comentar y cuestionar los artículos y reportajes que publica El Diario. Para mantener un intercambio de ideas sano para todos nuestros usuarios, es necesario que siga las reglas que a continuación detallamos. Al participar en el servicio de comentarios usted acepta la aplicación de estas normas.

Usted acepta que es totalmente responsable por el contenido que publica.

No publicará intencionalmente contenido que viole el derecho de autor, marcas registradas, patentes o cualquier otra propiedad intelectual de una tercera persona.

No difundirá contenido difamatorio, obsceno o agresivo que viole el derecho de una tercera persona a la privacidad de acuerdo a las leyes municipales, estatales, federales o incluso internacionales o que sea considerado inapropiado. Indemnizará a Publicaciones Paso del Norte(*), sus empleados y empresas afiliadas de todas y cada una de las demandas y/o dátos (incluyendo, pero no limitándose a honorarios de abogados) que sean presentadas por terceras personas en relación con el contenido que usted publicó. No redactará contenido que discrimine a otras personas por su género, raza, origen étnico, nacionalidad, religión, preferencias sexuales, discapacidades o cualquier otra categoría.

Usted entiende y acepta que El Diario no es responsable por el contenido publicado por terceras personas.
Es de su entendimiento que en los foros de discusión, El Diario supervisa el contenido publicado y se reserva el derecho de eliminar, editar o alterar el contenido que parezca inapropiado por cualquier motivo sin pedir el consentimiento del autor. Nos reservamos el derecho de acuerdo a nuestro propio criterio de retirarle a un usuario el derecho a publicar contenido en nuestro sitio.

Entiende y acepta que los foros de discusión deben ser usados sin propósitos comerciales.
No solicitará recursos o apoyos económicos. No promoverá empresas comerciales o realizará actividades comerciales de ningún tipo en nuestros foros de discusión.

Usted entiende y acepta que el uso de cualquier información obtenida a través de los foros de discusión es bajo su propio riesgo.
El Diario de ninguna manera respalda el contenido que los usuarios difunden, y no puede ni se hará responsable de su veracidad.

Con cada contenido que usted publica, otorga a El Diario sin pago de regalías la licencia irrevocable, perpetua, exclusiva y totalmente sublicenciable para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados de, distribuir, realizar y mostrar dicho contenido en su totalidad o partes a nivel mundial y para incorporarlos en sus trabajos de cualquier modo conocido actualmente o desarrollado con posterioridad.

Inicie sesión con cualquiera de las siguientes redes sociales: