Opinión

Diario.mx: Edición Cd. Juárez, Chihuahua, México | Últimas Noticias
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Martes 21 Noviembre 2017 | 

20

34

27

Secciones

Martes 21 Noviembre 2017 | 

20

34

27

Buscador | Diario.mx
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

El fondo del barril

Gerardo Galarza | Lunes 09 Enero 2017 | 00:01:00 hrs

Ciudad de México— El petróleo en realidad fue de los gobiernos, del sindicato de esa empresa, de sus directivos, funcionarios, líderes, contratistas y de los trabajadores, que gozaron de privilegios sindicales. 

El impopular gasolinazo es quizás el mejor resumen del fin de los “logros” del sistema político surgido de la Revolución Mexicana, la que ocurrió entre 1910 y 1917, basados esencialmente en la corrupción, la impunidad y el cinismo. Nadie resiste un cañonazo de 50 mil pesos (de entonces), advirtió uno de sus próceres fundadores, Álvaro Obregón, quien presumía de su “honestidad” porque él sólo tenía una mano para robar, mientras sus amigos y enemigos tenían dos.

Hoy, en el año del centenario de la promulgación de la Constitución, que es origen de la vigente en el país, la corrupción generalizada comenzó a exigir el pago de la factura del derroche de todos esos años.

Y ese cobro inició en el área de la que los mitos priistas afirmaban que era de todos los mexicanos: el petróleo, que en realidad fue de los gobiernos, del sindicato de esa empresa, de sus directivos, de sus funcionarios, de sus líderes, de los contratistas y —ni modo, hay que decirlo— también de los trabajadores que gozaron de prebendas y privilegios, cubiertos con el manto de las sacrosantas e intocables conquistas sindicales —recordará, usted, prestaciones, entre cientos de ellas, a la delfinoterapia para ellos y sus familias, y el “derecho” a heredar o vender las plazas, todo producto también de la corrupción o su “cobertura” (tapadera)—.

Pues resulta que finalmente la gallina de los huevos de oro (la misma que en los años 70 y 80 del siglo pasado se presentó como la base de la “administración de la riqueza”) dejó de ponerlos. La empresa de “todos” los mexicanos quebró, aunque algunos “patriotas” utilizan el eufemismo de que fue saqueada. Sí, el saqueo (la corrupción, es decir) provocó su quiebra. Nos volvieron a saquear (y apenas hoy la mayoría de los mexicanos quiso darse cuenta) contra la promesa de José López Portillo, hecha en 1982, golpeando la tribuna de la Cámara de Diputados (la más alta de la nación, dicen o decían los cursis), autodefinido como “el último Presidente de la Revolución Mexicana” y en realidad cabeza de uno de los gobiernos emblemáticos de la corrupción nacional, como los demás, esa que molesta a los mexicanos cuando se recuerda que no sólo es condición de los gobernantes y políticos, sino también de quienes interactúan con ellos… muchos de los ciudadanos que hoy sufren la quiebra técnica de Petróleos Mexicanos.

Son ciertos todos los datos de los expertos para explicar el llamado gasolinazo: que la carga fiscal (soporte de los presupuestos federales deficitarios) en los precios de los combustibles y en las actividades empresariales de Pemex, que los subsidios a los precios, que los costos de producción, que la falta de refinerías y tecnologías, que la importación de gasolinas y el precio internacional del petróleo, que los costos de distribución y los pasivos laborales (las prebendas al sindicato y, por supuesto, también a los directivos y a los funcionarios).

No son muchos los que se han referido a la corrupción como elemento esencial de la factura que se nos cobra hoy con el gasolinazo. Pero, la corrupción y su impunidad están detrás de toda la lista del párrafo anterior.

Éstas, la corrupción y la impunidad, son el cáncer de México, que hoy pasa y exige pago a diversas facturas. ¿Ya se nos olvidó la corrupción del sector educativo que impide, por ejemplo, la aplicación de la reforma respectiva? No, no es coincidencia fortuita. La solapada corrupción del sindicalismo oficial, el llamado charro, (las grandes centrales obreras oficialistas y los sindicatos de las secretarías de Ejecutivo o de las empresas paraestatales, todas) es parte de las facturas que habrán de pagar todos, aquí sí, todos los mexicanos. En los próximos años se harán presentes, aunque no se les llame gasolinazos.

La crisis es del sistema político mexicano. Es el fin del régimen de la Revolución Mexicana, aunque haya un candidato presidencial, por tercera vez, que quiere revivir el pasado, el de los peores años (1970-1982), y otro del PRI, que puede ganar las elecciones porque los votantes mexicanos exigen un nuevo caudillo, como hace cien años, que resuelva todos y cada uno de sus problemas. Y no haya nadie que pueda competir.

En el fondo de barril no hay más petróleo, pero la corrupción subsiste. Y peor aún: su impunidad. ¿Que qué hacer? Pues, de entrada, combatirlas y acabar con ambas. Se puede, si se quiere.

 


  • comentarios

Los comentarios que en la sección de arriba se vierten son responsabilidad de los participantes. Ayúdenos a mantener un intercambio de ideas sano denunciando, mediante un en el ícono de la bandera, cada participación que considere inapropiada. Si el comentario no cumple con LAS REGLAS, será eliminado. Consulte aquí el reglamento.

Bienvenido a nuestro servicio de comentarios. Lo invitamos a analizar, comentar y cuestionar los artículos y reportajes que publica El Diario. Para mantener un intercambio de ideas sano para todos nuestros usuarios, es necesario que siga las reglas que a continuación detallamos. Al participar en el servicio de comentarios usted acepta la aplicación de estas normas.

Usted acepta que es totalmente responsable por el contenido que publica.

No publicará intencionalmente contenido que viole el derecho de autor, marcas registradas, patentes o cualquier otra propiedad intelectual de una tercera persona.

No difundirá contenido difamatorio, obsceno o agresivo que viole el derecho de una tercera persona a la privacidad de acuerdo a las leyes municipales, estatales, federales o incluso internacionales o que sea considerado inapropiado. Indemnizará a Publicaciones Paso del Norte(*), sus empleados y empresas afiliadas de todas y cada una de las demandas y/o dátos (incluyendo, pero no limitándose a honorarios de abogados) que sean presentadas por terceras personas en relación con el contenido que usted publicó. No redactará contenido que discrimine a otras personas por su género, raza, origen étnico, nacionalidad, religión, preferencias sexuales, discapacidades o cualquier otra categoría.

Usted entiende y acepta que El Diario no es responsable por el contenido publicado por terceras personas.
Es de su entendimiento que en los foros de discusión, El Diario supervisa el contenido publicado y se reserva el derecho de eliminar, editar o alterar el contenido que parezca inapropiado por cualquier motivo sin pedir el consentimiento del autor. Nos reservamos el derecho de acuerdo a nuestro propio criterio de retirarle a un usuario el derecho a publicar contenido en nuestro sitio.

Entiende y acepta que los foros de discusión deben ser usados sin propósitos comerciales.
No solicitará recursos o apoyos económicos. No promoverá empresas comerciales o realizará actividades comerciales de ningún tipo en nuestros foros de discusión.

Usted entiende y acepta que el uso de cualquier información obtenida a través de los foros de discusión es bajo su propio riesgo.
El Diario de ninguna manera respalda el contenido que los usuarios difunden, y no puede ni se hará responsable de su veracidad.

Con cada contenido que usted publica, otorga a El Diario sin pago de regalías la licencia irrevocable, perpetua, exclusiva y totalmente sublicenciable para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados de, distribuir, realizar y mostrar dicho contenido en su totalidad o partes a nivel mundial y para incorporarlos en sus trabajos de cualquier modo conocido actualmente o desarrollado con posterioridad.

Inicie sesión con cualquiera de las siguientes redes sociales: