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Los retos del 2017

Cecilia Ester Castañeda/
Escritora | Domingo 08 Enero 2017 | 00:01:00 hrs

“Año nuevo, vida nueva”, reza el adagio. Y el 2017 nos está obligando a replantear nuestra forma de abordar el día a día. Desde administrarnos, opinar sobre las instituciones, el status quo y la participación ciudadana hasta cómo nos trasladamos, las relaciones internacionales y qué es una familia, los retos del presente año hacen necesario ser más cuidadosos con el rumbo elegido a través de nuestras acciones cotidianas. Como parte del todo llamado sociedad, también contribuimos a las causas y viviremos los efectos.  

En Ciudad Juárez los pronósticos imponen. Son muestra la andanada de aumento en los precios encabezada por el gasolinazo, la cotización del dólar, el mayor número de migrantes procedentes de lugares cada vez más lejanos, los homicidios al alza, la administración municipal sin dinero y el gobierno estatal endeudadísimo, los recortes federales a los programas sociales, la desaceleración en la creación de empleos, las manifestaciones. Además, en cuanto Donald Trump asuma la presidencia del vecino país, como mínimo podemos esperar la llegada de repatriados, tiempos más largos en los cruces fronterizos y presión para la maquila. Eso sin contar la probabilidad de que se dificulte el trasiego de la droga hacia Estados Unidos, en cuyo caso ya sabemos dónde tratarán de distribuirla los traficantes.

Es para respirar profundo.

Y para actuar con inteligencia, determinación y optimismo. Si alguna enseñanza nos dejaron los últimos años en la frontera es que permanecer cruzados de brazos no sirve de mucho. Desestimar los riesgos bajo el argumento de no ir a pasar nada son sólo buenos deseos. Aislarse, por otra parte, es una pérdida en sí misma e intensifica las condiciones sociales de peligro. Evadirse con comida, alcohol, internet o emociones fuertes resulta contraproducente. Guardarse las inquietudes se manifiesta en enfermedades, mal genio o depresión.

Además dejar todo el paquete a las autoridades constituye, por decir lo menos, una garantía incierta. Exigir que cumplan con su trabajo está muy bien, pero no puede quedar en denostar o gritar. Debe hacerse por los canales adecuados en un estado de derecho: el voto, la representatividad, la libertad de expresión, el escrutinio, las demandas, la desobediencia civil, las protestas pacíficas…

Lo anterior tampoco es suficiente en momentos como el actual. Los desafíos son demasiados, en varios frentes, espontáneos y cambiantes. Esperar una eficaz respuesta oportuna del aparato institucional ante condiciones propias de nuestra región es no conocer la historia fronteriza —¡si ni siquiera han podido inaugurar el museíto de Tin Tan!

No, garantizar que Ciudad Juárez esté preparada con las herramientas necesarias para afrontar su nueva realidad requiere el trabajo de todos. Porque somos quienes conocemos de primera mano las circunstancias locales, los primeros en poder detectar necesidades nuevas y los que más sufriremos tarde o temprano las consecuencias de la falta de acción, a los juarenses nos conviene contribuir a mantener el engranaje colectivo para resistir los embates de este 2017.

¿Es responsabilidad única del Gobierno? Eso ya depende de teorías políticas o de expectativas culturales. Definitivamente, las autoridades de todo nivel se han visto rebasadas por la realidad de hoy en día. Además modificar el modelo de la administración pública requiere tiempo, experimentación y mucha, mucha voluntad.  

En cambio, los ciudadanos disponemos de mayor flexibilidad a la hora de actuar. Somos grandes números, localizados de antemano en cada rincón de nuestra vida en común, cual células autónomas de la organización comunitaria con experiencia en el aquí y ahora. Nuestra acción, o falta de ella, es un parámetro de la sociedad.

Hace poco leí que la basura en las calles indica dos factores: alguien que la tiró y alguien que no la recogió. La verdad a mí no se me había ocurrido andar levantando papeles fuera del frente de mi domicilio. Pero esto también refleja hasta dónde limito mi responsabilidad como ciudadana. Más allá de la eficacia del sistema de recolección de basura, mi participación incide en mi entorno y nunca podré evitar que —¡menos en Juárez— el viento me haga sentir la falta de limpieza de los alrededores.

¿Entonces cómo contribuyo a una ciudad resistente a las tolvaneras? Antes que nada, necesito vencer la tentación a aislarme, a sentirme protegida por rejas y espacios cerrados de fuerzas que responden a una novedosa lógica por definir. Mantenerme en contacto con otros pobladores resulta indispensable para detectar los puntos débiles y reforzarlos a tiempo. Sentirme miembro de una comunidad me impulsa a trabajar por ella.

También debo evitar defender mis intereses personales a costa de los demás o del bien colectivo. Así como la contaminación del aire nos alcanza a todos, aprovechar a corto plazo la situación echando leña al fuego siempre termina por afectarme, aunque sea separándome aun más física o emocionalmente del lugar donde vivo. La legalidad y el respeto por el derecho de otros resultan primordiales a efecto de no contribuir a la victimización de juarenses vulnerables.

Muy probablemente el 2017 signifique un aumento en el número de sectores vulnerables a nivel local. A todos nos corresponde construir las herramientas para su sobrevivencia digna, y con fe en el futuro. Ellos también son un retrato nuestro. En la medida que sobrelleven o sufran los embates de este año, Ciudad Juárez se mantendrá como una comunidad saludable o se debilitará paulatinamente.

Los tejidos de la resiliencia —la capacidad de adaptación colectiva que nos ha permitido resistir y recuperarnos tantas veces— se forman a través de la interacción, por canales establecidos o informales, de manera individual o en grupo, anónima o abiertamente. Lo bueno de tal flexibilidad es que cada contribución cuenta. No es necesario volverse voluntario de tiempo completo ni donar miles de pesos mensuales. Lo importante es participar en forma sostenida recordando que los resultados se dan a distintos niveles y plazos.

Cada juarense cuenta con conocimientos, horas, aptitudes, medios, sensibilidad, sapiencia, dinero o contactos potencialmente muy valiosos para alguien para quien el apoyo marque la diferencia. Hasta dónde podamos o estemos dispuestos a compartirlos depende de cada quien. Pero con ellos podemos reforzar las defensas de nuestra ciudad.

Estamos a tiempo.


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