*

Opinión

Logo El Diario
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Jueves 08 Diciembre 2016 | 

18

55

26

Secciones

Jueves 08 Diciembre 2016 | 

18

55

26

Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Influencia social y responsabilidad

Cecilia Ester Castañeda | Jueves 01 Diciembre 2016 | 00:01:00 hrs



El caso de los trabajadores de la Clínica 48 del IMSS que al parecer celebraban tranquilamente una fiesta a puerta cerrada mientras había pacientes en la sala de espera es digno de las innumerables escenas de cine y televisión nacionales sobre servidores públicos a los cuales lo que menos les interesa es servir. Ojalá todo quedara en un chiste.

Pero se trata de un fenómeno común registrado en cualquier esfera de la sociedad mexicana, incluyendo en Ciudad Juárez. Los empleados indolentes sin motivación para hacer su trabajo tienen un costo en ventas/servicio, en productividad, en crecimiento. No son privativos del sector público. Pero es en las burocracias donde sus hábitos laborales se manifiestan con mayor fuerza y causan más perjuicios.

Porque no es lo mismo que los dependientes se tomen su tiempo para atender a los clientes en el mostrador de alguna tienda a estar internado oyendo de madrugada las risas de los enfermeros mezcladas con el rock pesado a todo volumen en el área de terapia intensiva cuando apenas se tiene fuerza para moverse y hablar —como hace tiempo me ocurrió a mí en la Clínica 34 del IMSS.

¿Por qué sucede tanto esto? ¿No debería cumplirse diligentemente con el trabajo, aunque sólo sea para aumentar las posibilidades de conservarlo en una época de automatización? Sin embargo, más allá de quienes se sienten obligados a hacer por un sueldo algo sin disfrutarlo, existen varios factores capaces de contribuir a transformar al empleado más entusiasta en un apático burócrata. Todos tienen que ver con la influencia social.

A gran número de nuestros actos los motivan recompensas o castigos, dice la sicología conductista. Asimismo, la necesidad de pertenencia y de aprobación nos encamina a adoptar las reglas, los valores, las expectativas del grupo con el poder de retroalimentarnos. Nuestros premios consisten en gozar de un estatus y aceptación; o, de no cumplir los lineamientos, nos arriesgamos a ser rechazados e ignorados.

Cuando se trata de equipos con cierto prestigio el estímulo es aun mayor. Formar parte de gremios puede implicar acceso a algo especial que el mundo externo no comprende, una especie de hermandad. Hay una diferencia entre “nosotros” y ellos.

Por ejemplo, ¿acaso cualquiera es capaz de atender un herido, de salvar vidas? ¿Cuántos aspirantes consiguen una plaza en el IMSS? Si a ello se agregan los consabidos derechos “ganados” a través de los logros sindicales se tiene una fórmula para sentirse merecedor de consideraciones exclusivas.

Pero además ciertas condiciones laborales como la monotonía, los turnos largos, el encierro, el exceso de trabajo, la inversión emocional y la insatisfacción pueden conllevar a un agotamiento que se traduce en apatía o en mal servicio —cuando no incluso maltrato.

Volvamos al caso de la Clínica 48. Según fuentes periodísticas, tanto médicos como miembros sindicales atribuyen las deficiencias en la atención a las carencias de recursos, la carga laboral, la mala administración y la corrupción registradas en el IMSS. ¿La consecuencia? Ellos no se sienten responsables por la calidad del servicio. Por lo tanto, uniformados cual elementos invisibles de un sistema institucionalizado donde está permitido interrumpir las actividades, se desentienden de la fila de derechohabientes.

Existe un problema institucional, en efecto. Sin duda, casi todos estos empleados eligieron su carrera para ayudar a los demás y no vacilarían en brindar primeros auxilios en un evento familiar. ¿Entonces por qué esa indiferencia en su trabajo? Pues porque, para ellos, los derechohabientes no tienen poder alguno sobre sus “recompensas” en un medio frustrante donde la actitud de servicio no genera reconocimiento colectivo.

Teorías sicológicas o no, los factores del sistema y el contexto influyen en cada uno de nosotros. Con suerte, darnos cuenta de lo anterior nos facilita resistir las influencias sociales deshumanizadoras. Descubrir el efecto intrínseco de nuestra labor, en cambio, nos permite recordar por qué vale la pena y realizarla por convicción. 

Esto incluye a los trabajadores del sector salud. Una vez, a mí me salvaron la vida.


  • comentarios

Los comentarios que en la secci&ocute;n de arriba se vierten son responsabilidad de los participantes. Ayúdenos a mantener un intercambio de ideas sano denunciando, mediante un en el ícono de la bandera, cada participaci&ocute;n que considere inapropiada. Si el comentario no cumple con LAS REGLAS, será eliminado. Consulte aquí el reglamento.

Bienvenido a nuestro servicio de comentarios. Lo invitamos a analizar, comentar y cuestionar los artículos y reportajes que publica El Diario. Para mantener un intercambio de ideas sano para todos nuestros usuarios, es necesario que siga las reglas que a continuaci&ocute;n detallamos. Al participar en el servicio de comentarios usted acepta la aplicaci&ocute;n de estas normas.

Usted acepta que es totalmente responsable por el contenido que publica.

No publicará intencionalmente contenido que viole el derecho de autor, marcas registradas, patentes o cualquier otra propiedad intelectual de una tercera persona.

No difundirá contenido difamatorio, obsceno o agresivo que viole el derecho de una tercera persona a la privacidad de acuerdo a las leyes municipales, estatales, federales o incluso internacionales o que sea considerado inapropiado. Indemnizará a Publicaciones Paso del Norte(*), sus empleados y empresas afiliadas de todas y cada una de las demandas y/o dátos (incluyendo, pero no limitándose a honorarios de abogados) que sean presentadas por terceras personas en relaci&ocute;n con el contenido que usted public&ocute;. No redactará contenido que discrimine a otras personas por su género, raza, origen étnico, nacionalidad, religi&ocute;n, preferencias sexuales, discapacidades o cualquier otra categoría.

Usted entiende y acepta que El Diario no es responsable por el contenido publicado por terceras personas.
Es de su entendimiento que en los foros de discusi&ocute;n, El Diario supervisa el contenido publicado y se reserva el derecho de eliminar, editar o alterar el contenido que parezca inapropiado por cualquier motivo sin pedir el consentimiento del autor. Nos reservamos el derecho de acuerdo a nuestro propio criterio de retirarle a un usuario el derecho a publicar contenido en nuestro sitio.

Entiende y acepta que los foros de discusi&ocute;n deben ser usados sin prop&ocute;sitos comerciales.
No solicitará recursos o apoyos econ&ocute;micos. No promoverá empresas comerciales o realizará actividades comerciales de ningún tipo en nuestros foros de discusi&ocute;n.

Usted entiende y acepta que el uso de cualquier informaci&ocute;n obtenida a través de los foros de discusi&ocute;n es bajo su propio riesgo.
El Diario de ninguna manera respalda el contenido que los usuarios difunden, y no puede ni se hará responsable de su veracidad.

Con cada contenido que usted publica, otorga a El Diario sin pago de regalías la licencia irrevocable, perpetua, exclusiva y totalmente sublicenciable para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados de, distribuir, realizar y mostrar dicho contenido en su totalidad o partes a nivel mundial y para incorporarlos en sus trabajos de cualquier modo conocido actualmente o desarrollado con posterioridad.

Inicie sesión con cualquiera de las siguientes redes sociales: