viernes 25, julio, 2014 | hrs

Código Deontológico para docentes

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Isaías Orozco Gómez
| Lunes 30 Julio 2012 | 22:58 hrs
El viernes 27 del mes que hoy concluye, leí, en la primera plana El Diario de Chihuahua, la siguiente alarmante información: “Quedan sin plaza 800 profesores, pese a resultar ‘aceptables’ en el examen, no hay espacio en la SEP”… Lo que nos llevó a recordar, que en la aplicación de la prueba a nivel nacional o federal, para adquirir una plaza o trabajo como docente en la educación básica del Sistema Educativo Nacional (SEN), también fueron miles de solicitantes, los que quedaron fuera de tal “oportunidad”.

Pero además, vino a nuestra mente, la tan controvertida “evaluación universal” para practicarse a todo el magisterio tanto de sostenimiento público como privado; instrumento pedagógico-educativo, que como lo hemos sostenido en otras ocasiones: ni es, realmente evaluación, ni mucho menos universal. En ese contexto, resulta insoslayable considerar a la vez, las mediciones y respectivas calificaciones en materia educativo-escolar, hechas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en decenas de países, incluyendo a México. Así como la presentación del alumnado del país al Examen Nacional de Logros Académicos en los Centros Educativos (prueba Enlace).

Facultades señaladas, propias del Estado mexicano, cuyos resultados no han sido muy favorables para el magisterio en activo que no sin serias y diversas dificultades, se desempeña en todo el estado y en todo el territorio nacional. Se evidencia, que con tales instrumentos y técnicas evaluativas o de medición y calificación, lo que interesa preeminente y reduccionistamente es que los profesores y profesoras auxilien, asesoren a los alumnos a “aprender” contenidos cognoscentes-escolares. Lógicamente, tal objetivo es importante, es fundamental. Pero el quehacer profesional de los docentes, está más allá de tales linderos.

Acaso, ¿no comprende también la educación, el proceso dinámico de enseñanza-aprendizaje, el desarrollo de las dimensiones psicológicas, sociales, económicas, políticas, morales… de la personalidad de los escolapios, además de las intelectuales? De ahí, que para educar responsablemente, de forma exitosa, ya no sea suficiente una competencia profesional basada solamente en saberes y estrategias tecnológicas-cibernéticas, sino que se precisa asimismo de un bagaje de cualidades y actitudes morales, constitutivas igualmente, de la competencia profesional y como meros y simples ciudadanos.

Por todo lo anterior, y considerando que la mayoría de los trabajadores de la educación entregan sus mejores esfuerzos a la niñez y adolescencia que están bajo su responsabilidad pedagógico-educativa, vale compartirles la siguiente parte del Código Deontológico del Docente, que desde 1992, asumió el Consejo Escolar de Cataluña, España. Adelantando que la deontología es el logos, o estudio del deón, o deber. Agregando, con Ezequiel Ander-Egg, que en moral se considera a la deontología como teoría de los deberes…como equivalente a ética profesional. Como sistema normativo de la actividad humana dentro de una profesión.

“Deberes del educador hacia los alumnos:

1. Establecer con los alumnos una relación de confianza gratificante comprensiva y exigente, que fomente la autoestima necesaria para su crecimiento así como el respeto vinculante hacia los demás, formando grupos y aceptando maneras de ser y de hacer diferentes.

2. Promover la educación a favor de los niños y jóvenes sin dejarse nunca inducir a utilizarlos para intereses ajenos, sean comerciales, económicos, políticos o religiosos. Trabajar para que todos los niños y jóvenes lleguen a ser adultos autónomos que contribuyan positivamente en la sociedad en la que han de vivir.

3. Tratar a los alumnos con total ecuanimidad, sin mostrar preferencias por ninguno de ellos por ningún motivo. No practicar ni aceptar prácticas discriminatorias por motivos de sexo, raza, color, religión, opiniones políticas, origen social, condición económica, ni nivel intelectual.

4. Aportar los elementos necesarios para que el alumno conozca y reconozca críticamente su propia identidad cultural y respete la de los otros.

5. No adoctrinar ideológicamente y respetar en todo momento la dignidad del alumno y la ternura de su espíritu, de acuerdo con la confianza que él deposita en el educador.

6. Actuar de confidenciarios de todo aquello que se sabe de los alumnos y de las familias, por motivos profesionales, y en ningún caso hacer uso de informaciones que puedan perjudicarlos.

7. Poner a disposición de los alumnos sus capacidades y saber, con ilusión y sentido del humor a fin de despertarles un interés máximo hacia todo aquello que constituye el patrimonio de la humanidad.


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