lunes 21, abril, 2014 | hrs

Leer entre líneas


Arturo Mendoza Díaz
Analista político | 23:24

Por estos días más que nunca, y sobre todo en política, debe tenerse cuidado con el significado de las palabras que se dicen o el de los actos que se llevan a cabo, el cual no siempre es el que aparenta ser.

Sin ir más allá, el mensaje de Josefina Vázquez Mota en San Luis Río Colorado, Sonora, acerca de que “los milagros sí existen”, hace pensar que ella es consciente de sus pocas posibilidades de triunfo en la elección de julio. De hecho, ya le dio la razón al ex presidente Fox, quien desde hace varias semanas externó la idea, precisamente, de que sólo un milagro haría que la abanderada panista gane la Presidencia de la República.

En el esquema de simulaciones no se quedó atrás el presidente Calderón, al hacer uso de la maquinaria gubernamental para que el caso del ex gobernador Yarrington influya en la voluntad de los electores.

Más sincero fue Carlos Bolado, director de la película “Colosio-El asesinato”, quien se presentó como indignado y un #132 que busca despertar conciencias y propiciar un voto informado.

Por supuesto, dentro del marco democrático la acción de Bolado y quienes le ayudaron es parte de la praxis política. Empero, debieron considerar las inexactitudes que hay en la película, además de la opinión de personas como el extinto periodista Jesús Blancornelas, que señalaron a Aburto como un asesino solitario.

Lo cierto, es que en cuestiones político-ideológicas nadie puede apropiarse de la verdad, por muy “indignado” que se sienta o aunque se proclame un #132, puesto que entonces se incurriría en el dogma, emparentado éste con un fascismo que todavía pervive. Pero todo eso sería irrelevante, a no ser porque, dada la polarización del clima electoral y el carácter “oportuno” de la película, o su inoportunidad, según se mire, podría alentar a alguna persona de mente débil a querer imitar a Mario Aburto.

Sencillamente, aparte de las ataques a Enrique Peña Nieto que en la red son una cosa común, el convoy en que viajaba este candidato fue agredido hace unos días en Puebla por un grupo de jóvenes.

Sin embargo el discurso más elocuente por lo que dice entre líneas es el de López Obrador, quien, tratándose del papel del Instituto Federal Electoral (IFE) en los próximos comicios, recalcó en una entrevista televisiva la confianza que le merece el pueblo. Y, ciertamente, es bueno que Andrés Manuel crea en el pueblo, pero la verdad es que, conforme a las encuestas, no todos los mexicanos están con él, sino sólo una minoría.

Por otra parte, quien está a cargo de las elecciones es el IFE, y es a él a quien debe brindársele confianza y hasta exigírsele resultados claros, no al “pueblo”, al que se alude con un término vago y generalizador.

Tal postura fue toda una alocución. En ella López Obrador dio a entender que no ha cambiado, que de antemano se siente un triunfador a ultranza y que si pierde es porque hubo una maquinación en contra suya.

Eso mismo fue lo que dijo en Juárez el miércoles, cuando se refirió a que su pleito es con una treintena de panistas y priistas “que oprimen a los mexicanos”, y que los gobernadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tienen instrucciones de perpetrar un fraude electoral.

Así, si según la óptica de Andrés Manuel, los “buenos” son él y sus seguidores, en tanto que los “malos” son el IFE, los panistas y priistas de arriba, así como los gobernadores del PRI, en paquete, en otras palabras tenemos que para él aún hay un complot.

Con base en esto pudiera pensarse que López Obrador padece delirio de persecución, pero leyendo entre líneas más bien parece que trata de curarse en salud. De esta manera, con las cúpulas PRI-PAN y el amafiamiento de los gobernadores priistas para hacerlo perder, se justifica desde ahora para no aceptar una derrota que, dígase lo que se diga, entra en lo posible.

Ésa, sin duda, al igual que la de la victoria, es una probabilidad para cualquiera de los tres principales candidatos, ya que la única encuesta válida y definitiva es la elección.

A ella, más que a los discursos y estudios de opinión, deberemos atenernos, confiando en el Instituto Federal Electoral. Esto, mientras coadyuvamos con nuestros esfuerzos a que la nación pase con éxito por el trance de la sucesión presidencial.

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