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Diferencia entre dialogar y discutir

Por: Elvira Perales Ruiz | Sábado 13 Octubre 2012 | 22:49 hrs

En el diálogo las personas tienen oportunidad de aprender a observar sus propios pensamientos.

Hay dos tipos primarios de discurso, el diálogo y la discusión. Ambos son importantes para un equipo capaz de aprendizaje generativo continuo, pero su poder reside en su sinergia, que tendrá menos probabilidades de aflorar a menos que se aprecien las distinciones entre ambos.

El científico David Bohm señala que la palabra ‘discusión’ tiene la misma raíz que percusión y concusión. Sugiere algo parecido al peloteo de ‘una partida de ping-pong’. En esa partida, el tema de común interés se puede analizar y diseccionar desde muchos puntos de vista suministrados por los participantes. Claramente, esto puede ser útil. Sin embargo, el propósito del juego normalmente es ‘ganar’, y en este caso ganar significa lograr que el grupo acepte nuestros puntos de vista.

En ocasiones podemos aceptar parte del punto de vista de otra persona para fortalecer el nuestro, pero fundamentalmente deseamos que prevalezca el nuestro. El énfasis en el acto de ganar, sin embargo, no es compatible con la prioridad de la coherencia y la verdad.

Bohm sugiere que para lograr ese cambio de prioridades se necesita el diálogo que es otra modalidad de comunicación.

El propósito de un diálogo consiste en trascender la comprensión de un solo individuo. En un diálogo no intentamos ganar. Todos ganamos si lo hacemos correctamente. En el diálogo, los individuos obtienen una comprensión que no se podría obtener individualmente. ‘Una nueva clase de mente comienza a cobrar existencia, la cual se basa en el desarrollo de un significado común... La gente ya no está primordialmente en oposición, y tampoco se puede decir que esté interactuando, sino que participa de esta reserva de significado común, que es capaz de un desarrollo y cambio constante’.

Cuando un conflicto aflora en el diálogo, podemos comprender que hay una tensión, pero la tensión nace, literalmente de nuestros pensamientos. Decimos: Nuestros pensamientos y nuestro modo de aferrarnos a ellos son los que están en conflicto, no nosotros. Una vez que vemos la naturaleza participativa del pensamiento, comenzamos a distanciarnos del pensamiento. Adoptamos una postura más creativa y menos reactiva.

En el diálogo hay energía fría, como en un superconductor. Así es posible discutir “temas calientes”, asuntos que de lo contrario serian fuente de discordia emocional, y fractura como sería en el caso de una discusión. Dentro del diálogo, se transforman en ventanas para obtener visiones más profundas.

La discusión lleva a la pelea y a los gritos, sin razón, hay rupturas y se generan predisposiciones gotas de resentimientos, que se convierten en lagos y océanos insalvables, si no hay una discusión centrada en el diálogo.

Sin embargo algunos autores sostienen que la discusión puede acercar al diálogo cuando hay un equilibrio.

Discusión es la acción y efecto de discutir (contender con otra persona por alegar distintas razones, examinar atentamente una materia). El término procede del latín discussio.

Equilibrio entre diálogo y discusión. En el aprendizaje en equipo, la discusión es la contrapartida necesaria del diálogo. En una discusión se presentan y defienden distintos puntos de vista y, como explicamos antes, esto puede brindar un útil análisis de toda la situación. En el diálogo se presentan varios puntos de vista con el propósito de descubrir un punto de vista nuevo. En una discusión se toman decisiones. En un diálogo se exploran asuntos complejos Cuando un equipo debe llegar a un acuerdo y se deben tomar decisiones, se requiere un grado de discusión. A partir de un análisis convenido en común, es preciso sopesar diversos puntos de vista y seleccionar el preferido (lo que quizá sea uno de los originales, o uno nuevo surgido de la discusión).

Las discusiones productivas convergen en una conclusión o curso de acción. Los diálogos, en cambio, son divergentes; no procuran el acuerdo, sino una aprehensión más matizada de asuntos complejos. Tanto el diálogo como la discusión pueden desembocar en nuevos cursos de acción; pero las acciones a menudo constituyen el foco de la discusión, mientras que las acciones nuevas surgen como subproducto de un diálogo.

Cuando la gente procura el diálogo comienza a ver el arroyo que fluye entre las orillas de su propio cauce.

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