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La cuadra más sucia de San Francisco: 'La tierra de los muertos vivientes'

The New York Times | Miércoles 10 Octubre 2018 | 13:22 hrs

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San Francisco— Las jeringas usadas para inyectarse heroína, el montón de excremento entre dos autos estacionados, la sustancia amarillenta que sale de una enorme bolsa de plástico cerca de la banqueta y una falsa alfombra persa manchada y abandonada en la esquina.

Es una escena de desechos que podría recordar cualquier tipo de miseria proveniente de un país en vías de desarrollo. Sin embargo, se trata de San Francisco, la capital de la industria tecnológica de Estados Unidos, donde un solo tramo de la calle Hyde alberga un mercado de narcóticos al aire libre durante el día y de noche está ocupada por gente en situación de calle y drogadictos desplomados en la acera.

Hay muchas otras zonas como esa, pero según un indicador en particular, esta es la manzana más sucia de la ciudad.



A tan solo quince minutos a pie se encuentran las oficinas de Twitter y Uber, dos empresas que, a la par de otros conocidos gigantes de la tecnología, han ayudado a aumentar el precio promedio de las casas en San Francisco más allá de un millón de dólares.

Esta dicotomía —de crimen en las calles y tecnología que transforma el mundo, de condominios de lujo, así como una grave y persistente falta de vivienda y los efectos deshumanizantes para quienes se ven obligados a vivir en las calles— provoca indignación entre los residentes de la ciudad. Para muchos que viven aquí es difícil reconciliar las políticas liberales de San Francisco con la miseria que los rodea.

De acuerdo con expertos en estadísticas de la ciudad, la manzana 300 de la calle Hyde, un tramo casi con la longitud de un campo de fútbol en el centro del vecindario Tenderloin, recibió 2227 quejas relacionadas con la limpieza de calles y aceras a lo largo de la última década; más que cualquier otra. Es una medida imperfecta —algunas cuadras podrían ser más sucias, pero reciben menos llamadas—, sin embargo, los residentes de la manzana 300 dicen que esa cifra no les sorprende.

Jim Wilson, fotógrafo de la oficina en San Francisco de The New York Times, y yo nos dispusimos a medir el nivel de precariedad de una sola cuadra. Regresamos en varias ocasiones, incluyendo una visita hace poco de doce horas, de las 14:00 a las 2:00, un día entre semana. Mientras paseábamos por el vecindario vimos la desesperación de los enfermos mentales, los drogadictos y los vagabundos, y escuchamos las opiniones de residentes furiosos que dicen que se requerirá mucho más que una escoba para limpiar la ciudad, desde hace mucho considerada uno de los ejemplos de belleza urbana en Estados Unidos.



‘Tienes que aguantar la respiración’

Los desechos humanos se han vuelto un problema tan generalizado en San Francisco que en septiembre la ciudad estableció una unidad dedicada a limpiarlos de las calles. Rachel Gordon, portavoz del Departamento de Obras Públicas, describe la nueva iniciativa como una unidad “proactiva contra los desperdicios humanos”.

Hace poco, a las 8:00, mientras las madres llevaban a sus hijos a la escuela, nos topamos con Yolanda Warren, una recepcionista que trabaja a la vuelta de la esquina de la calle Hyde. La acera frente a su oficina estaba manchada de excremento. La calle olía como un retrete.

“Cuando pasas por algunas partes de Tenderloin, huele y tienes que aguantarte la respiración”, comentó Warren.

Como lo hace cada mañana, enjuagó con una manguera la orina afuera de su oficina. La ciudad ha instalado cinco baños portátiles para los cientos de personas sin hogar en la zona de Tenderloin, pero eso no ha evitado que la gente orine y defeque en las calles.

“Aquí hay demasiadas personas que no tienen vivienda”, explicó Warren.

En los últimos cinco años, el número de indigentes en San Francisco se ha mantenido relativamente constante —alrededor de 4400— y las banquetas de Tenderloin ahora parecen un campamento de refugiados.

La ciudad ha remplazado durante los últimos tres años más de trescientos postes de luz corroídos por la orina de humanos y perros, de acuerdo con la Comisión de Servicios Públicos de San Francisco. Remplazar los postes se volvió una tarea de urgencia después de que uno se desplomó en 2015 y aplastó un auto.

Un peligro más común son las miles de jeringas de heroína que son desechadas.

El Departamento de Obras Públicas y una organización sin fines de lucro en Tenderloin recogieron cien mil jeringas de las calles a lo largo del año pasado. El Departamento de Salud Pública, que tiene su propio programa de recuperación, tiene una cifra más alarmante: reunió 164.264 jeringas tan solo en agosto, a través de un programa de desecho y de jornadas de limpieza en las calles.

Larry Gothberg, el administrador de un edificio que ha vivido en la calle Hyde desde 1982, lleva un registro fotográfico de los usuarios de heroína que ve inyectándose en las calles. Nos mostró algunas imágenes en su teléfono celular de adictos que se quedan inmóviles en la acera.

“Le decimos el estupor de la heroína”, comentó Gothberg. “Pueden quedarse así durante horas”.

‘La tierra de los muertos vivientes’

La calle Hyde es el corazón del Tenderloin, donde persisten las personas en situación de calle y el uso de drogas que causan indignación entre los residentes de la ciudad.

La renta de apartamentos de un solo ambiente en la calle Hyde es de casi 1500 dólares, de acuerdo con Gothberg, barato en una ciudad donde la renta media de apartamentos alcanza los 4500 dólares.

Varias personas que conocimos en la calle Hyde hicieron una distinción entre los residentes de Tenderloin, muchos de ellos familias inmigrantes, y los que llamaron “gente de la calle” —los drogadictos sin hogar que se reúnen y acampan a lo largo de las aceras, y los narcotraficantes que venden cocaína en crack, heroína y una gran variedad de anfetaminas—. Las riñas entre la gente en situación de calle son comunes y a veces se tornan violentas. De noche, hay cuerpos que cubren las banquetas.

“Es como la tierra de los muertos vivientes”, dijo Adam Leising, residente de la calle Hyde.

Conocimos a Leising una tarde después de que terminó su turno como mesero en un restaurante. Mientras recorríamos el vecindario y pasábamos por donde estaba un hombre acurrucado en el suelo al lado de un montón de basura y botellas de cerveza vacías, el vecino nos dijo que ver diario ese nivel de desesperanza lo había llevado al borde de la depresión.

“Somos el país más avanzado del mundo, pero tenemos que vivir con esto aquí”, comentó.

Leising, fundador de la Asociación Lower Hyde Street, una organización sin fines de lucro que organiza actividades de limpieza en las calles, siente que la ciudad no está atacando el problema del narcotráfico en la manzana porque no quiere que se extienda a otras zonas.

“Es evidente que se trata de un área de contención”, agregó. “Ese tipo de comportamiento no se permite en otros vecindarios”.

La estación de policía de Tenderloin publicó en su cuenta de Twitter que el narcotráfico “es el problema más importante que impacta la calidad de vida”. Hasta este momento del año, los oficiales de la estación de Tenderloin han realizado más de 3000 arrestos, entre ellos 424 por venta de drogas.

“Esta es una de las zonas prioritarias”, dijo Grace Gatpandan, portavoz de la policía, acerca de Tenderloin. No obstante, muchos sienten que no se hace lo suficiente.

“Es evidente que se trata de un área de contención. Ese tipo de comportamiento no se permite en otros vecindarios”.

“Hay entre 100 y 150 personas que sufren enfermedades mentales de manera evidente, siguen entrando y saliendo del sistema y necesitan ser parte del proceso de custodia”, comentó Breed en una entrevista. “Los conocemos a todos”.

De acuerdo con la oficina de Breed, el 12 por ciento de las personas que usan los servicios del Departamento de Salud Pública de San Francisco conforman el 73 por ciento de los costos. La mayoría de estos ciudadanos con graves problemas de adicción también sufren de padecimientos psiquiátricos y abusan de sustancias, según el departamento.

Breed ha llevado a cabo inspecciones sorpresa de los vecindarios, a veces con una escoba en mano.

Una mañana de un sábado en septiembre, pasó por la calle Hyde, donde se encontraba una mujer encorvada en el pavimento mientras se preparaba para inyectarse en la mano.

“Guarde eso”, le dijo un oficial de policía que acompañaba a la alcaldesa.



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