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Mintió Trump sobre su fortuna para entrar en la lista Forbes 400

The Washington Post | Viernes 20 Abril 2018 | 13:17 hrs

Associated Press |

Associated Press |

Por Jonathan Greenberg

En mayo de 1984, un funcionario de la Organización Trump me llamó para decirme lo rico que Donald J. Trump era. Yo era reportero para los Forbes 400, la clasificación anual de la revista sobre las personas más ricas de Estados Unidos. En la edición previa, había valuado en 200 millones de dólares las posesiones de Trump, apenas la quinta parte de lo que en nuestras entrevistas aseguraba poseer. Esta vez, me insistía vía telefónica su colaborador, yo tenía que comprender lo acaudalado que era Trump.

El funcionario era John Barron —ahora conocido como alter ego del mismo Trump—. Cuando hace poco escuché las grabaciones que hice de aquellas llamadas, me sorprendió no haber detectado el engaño: aunque Trump cambió ligeramente su voz y su acento, resultaba claro que se trataba de él. “Barron” me dijo que Trump había tomado posesión del negocio que dirigía junto con su padre, Fred. “La mayoría de los activos ya son también de Trump”, dijo. “Usted ya tiene a Fred Trump (como medio propietario)… pero creo que ya puede usar a Donald Trump”. Trump me dijo ser dueño “de más del 90 por ciento” de los negocios familiares. Con todos los éxitos que Trump estaba teniendo en bienes raíces, me aseguró Barron, debe ser considerado multimillonario.

En ese entonces, sospeché que algo de eso no era cierto. Investigué cuanto pude sus aseveraciones y Forbes señaló las tergiversaciones y basó su fortuna real en lo que yo consideré documentación sólida.

Pero pasaron décadas para desenmascarar la complicada farsa elaborada por Trump a efecto de proyectar una imagen como una de las personas más ricas del país. Casi todas las declaraciones en ese sentido resultaron falsas. No sólo Trump era más pobre de lo que dijo. Con el tiempo tuve conocimiento de que no debió haber sido incluido en las primeras tres listas Forbes 400. En nuestra primera lista, en 1982, lo pusimos con 100 millones de dólares, pero Trump poseía aproximadamente cinco millones, como demostraron muchos años después la avalancha de informes y libros.

La Casa Blanca rehusó hacer comentarios para el presente artículo. La Organización Trump no contestó la solicitud de comentarios.

Los engaños de Trump eran tan grandes que tuvieron un efecto inesperado: en vez de creer que eran inventos puros, mis compañeros de Forbes y yo simplemente los consideramos vanidosos adornos a la verdad. Estábamos muy equivocados. 

Se trataría del modelo que Trump emplearía durante el resto de su carrera, diciendo mentiras tan enormes que la gente creía que tenían que tener algún sustento real. Dicha táctica le ganó el lugar que no había conseguido en la lista de Forbes —dando después pie a elogios, cobertura de la prensa y tratos comerciales. Eventualmente le abrió el camino hacia la Presidencia.

Las fortunas por bienes raíces constituían el sector más difícil de reportear. Muy pocos de los documentos financieros relevantes eran públicos, y los reporteros dependíamos desproporcionadamente en lo que nos decía la gente. Desde el principio, Trump se obsesionó El nuevo proyecto ofrecería una declaración clara y supuestamente con autoridad sobre su estatus. Muchos de los superricos querían mantener sus nombres fuera del ranking, él deseaba con desesperación subir en él.

Trump sabía que yo tenía dudas sobre sus aseveraciones, así que hizo que me llamara su abogado, Roy Cohn. Cohn pasaba la mayor parte del tiempo amenazando con demandas, mencionando casualmente a clientes de la mafia y molestando a los reporteros con declaraciones fuera de libreta que dejaban bien parados a sus clientes y afectaban a los enemigos de éstos.

Con base en lo poco que sabíamos, los editores de Forbes y yo clasificamos a Donald y a Fred Trump en el nivel inferior de los constructores de bienes raíces, cada uno con la mitad de la fortuna de 200 millones de dólares en apartamentos.

Eso no satisfizo a Donald para la siguiente edición. Durante la entrevista de 1983, Trump aseguró que los apartamentos eran 25 mil y que su fortuna neta se había disparado debido al éxito de sus nuevos proyectos, la Torre Trump, el hotel Grand Hyatt y un trato pendiente sobre un casino en Atlantic City.

Eventualmente, se han venido abajo casi todos los pronunciamientos de Trump respecto a su fortuna.

El número de apartamentos fue el primer problema. La cifra más manejada —25 mil— empezó cuando en el New York Times se mencionaron 22 mil. En 1988, yo conté las unidades y localicé menos de ocho mil. Otro reportero de Forbes, John Anderson, descubrió lo mismo. Anderson me contó que un ejecutivo de la organización residencial Trump le dijo que la empresa tenía cerca de 10 mil apartamentos. Eso significa que nuestro avalúo familiar de 200 millones de dólares en 1982 debió haber sido de sólo 90 millones (menos de lo necesario para estar en la lista). 

Otra declaración descarada fue que Trump, no su padre, era el propietario de los apartamentos, mismos que su padre comenzó a construir en los años 30. Basándome en lo dicho por Trump en 1982 y 1983 yo supuse que Donald y Fred poseían cada uno la mitad de las viviendas, resistiendo la insistencia de que Trump hijo había adquirido o era copropietario del 80 por ciento de los apartamentos. Pero dicho comentario quedó en los archivos de Forbes 400 y, en 1985 la fortuna de Donald Trump se calculó en 600 millones de dólares, quedando su padre fuera de la lista.

Pasarían décadas antes de que yo tuviera conocimiento de que Forbes había sido víctima de un engaño: a principios de los años 80, Trump no tenía participación alguna en la empresa de su padre. Según los fragmentos de testamento de Fred presentados en una demanda, el padre conservó la propiedad de su imperio residencial hasta su muerte en 1999, momento cuando lo dejó dividido entre cuatro hijos y varios nietos.

El documento más revelador acerca de la verdadera fortuna de Trump a principios de los 80 fue un reporte de la Comisión para el Control de los Casinos de Nueva Jersey fechado en 1981, al cual tuvo acceso Tim O’Brien para la biografía de Trump “TrumpNation”. Los reguladores que revisaron las declaraciones de impuestos y deudas de Trump determinaron que su ingreso anual era de aproximadamente 100 mil dólares, mientras que en las declaraciones fiscales de 1979 se aprecia una pérdida gravable de 3.4 millones de dólares. Los activos personales de Trump consistían en un fideicomiso de un millón de dólares establecido por su padre, varias cuentas de cheques con cerca de 400 mil dólares y un Mercedes 450SL 1977. En resumen, Trump poseía menos de cinco millones de dólares, no los 100 millones que yo reporté a Forbes 400.

En muchos de sus edificios, el pasivo de Trump era mucho más alto, y su verdadera participación mucho menor, de lo que él alegaba.

Cohen me dijo que el Holiday Inn pagó 250 millones de dólares a Trump por su copropiedad en el casino de Atlantic City. Pero de acuerdo con O’Brien, en ese trato Trump percibió alrededor de 24 millones de dólares por sus honorarios de construcción y administración (no por utilidades), mientras que el Holiday Inn financió la construcción del casino de 220 millones de dólares.

En 1990, Forbes sacó a Trump de la lista, manteniéndolo fuera durante cinco años. En 2015 Randall Lane, el editor en jefe de la revista, entrevistó al entonces candidato Trump y escribió sobre las prolongadas dificultades para valuar en forma precisa su valor neto en una artículo titulado “En el interior de la épica fantasía que ha motivado durante 33 años a Donald Trump”. De los mil 538 magnates que han sido incluidos en la ‘Lista de los Ricos’, escribió Lane, “ninguno ha tenido año con año una fijación mayor con el cálculo de su valor neto que Donald J. Trump”.

Las invenciones de Trump fueron la base para un avalúo inflado de su fortuna en la Forbes 400 que por decenios le daría prestigio como empresario exitoso. La verdad casi nadie tenía una visión clara sobre los libros contables de Trump.

Y la opacidad persiste. En 2016, el equipo de campaña de Trump emitió un comunicado diciendo que el candidato poseía una fortuna neta “superior a los DIEZ MIL MILLONES DE DÓLARES”. Pero él nunca ha presentado sus declaraciones de impuestos, y ha manifestado que el activo fundamental de la Organización Trump es la propiedad de su marca —indescriptible alegato de mercadotecnia que resulta imposible de corroborar o refutar.

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