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En la Fuerza Aérea temían que tirador de la iglesia 'destruyera el lugar'

The New York Times | Domingo 12 Noviembre 2017 | 17:15 hrs

Para David P. Kelley, quien el domingo pasado abrió fuego en un templo rural texano, matando a 26 personas, la Fuerza Aérea pudo representar un cambio —una fuente de la disciplina y dirección que le habían faltado durante su problemática infancia—. Pero en archivos militares y en entrevistas con otros soldados se aprecia que a pesar de repetidas oportunidades, su carrera se derrumbó bajo el peso de su depresión y su ira, en un momento cuando su mente generaba un montón de planes a medias para asesinar a sus superiores.

Tras unos cuantos meses de servicio, Kelley retomó la cuesta abajo que dejó como saldo relaciones rotas, sentencias penales y una masacre.

“La Fuerza Aérea trató de darle oportunidades, pero él era problema tras problema”, dijo Jessica Edwards, una sargento que trabajó en el 2011 con Kelley.

“Era alguien a punto del colapso”, agregó Edwards, señalando que él se presentaba con gabardina en eventos sociales informales del escuadrón. “Todo el tiempo me daba miedo”.

Aun después de abandonar las fuerzas militares, se puso en contacto con ella por Facebook con inquietantes comentarios sobre su obsesión con Dylann S. Roof, el perpetrador de una masacre en Charleston, Carolina del Sur, y sus prácticas de tiro al blanco usando perros comprados en internet.

Edwards indicó que la Fuerza Aérea había intentado terapias y mano dura, pero nada parecía funcionar. Cuando lo castigaban por su bajo desempeño, Kelley lloraba, gritaba y temblaba de ira, prometiendo matar a sus superiores, recordó Edwards. Tenía un carácter tan perturbador que ella sugirió a otros miembros del escuadrón tener cuidado con él porque podría regresar y “destruir a tiros el lugar”.

Como el mundo civil, la Fuerza Aérea no está bien equipada para intervenir antes de que ocurra la violencia. Si bien la conducta de Kelley despertó focos rocos, los comandantes dicen disponer de opciones limitadas hasta que se cometa un delito. Aun entonces, la prioridad tiende a ser expulsar de las fuerzas militares a los soldados problemáticos, pensando poco en su impacto potencial en la sociedad.

En base a pruebas de aptitud, Kelley fue seleccionado para ser analista de fusión —especialista de inteligencia que interpreta la información más reciente sobre las tácticas enemigas.

En la primavera del 2010, llegó a la base Goodfellow, cerca de San Angelo, Texas, para seis meses en una rigurosa escuela de inteligencia.

Kelley no se graduó.

La Fuerza Aérea no especificó si Kelley aprobó el detector de mentiras, en el que por lo regular se revisa la salud mental, el consumo de drogas, los asuntos familiares y la conducta perturbadora. Un oficial militar sólo informó que Kelley fue expulsado de la escuela “por razones académicas”.

Según archivos, en su siguiente encomienda la Fuerza Aérea lo nombró aprendiz de manejo de tráfico, empleo en que se traslada gente y carga y que requiere calificaciones mínimas. Aun así, él batalló.

En el 2011, fue remitido a la Base Holloman en Nuevo México. Seis días antes de llegar, se casó con Tessa Loge, de 19 años —eso permitió a su esposa y al bebé de ésta mudarse a la base, consiguiendo él un aumento debido a tener dependientes,

En la base, Kelley capturaba en una computadora información sobre los suministros que se recibían. Era bastante inteligente para ello, opinó Edwards, quien trabajaba en la misma oficina, pero él y su esposa peleaban constantemente y eran investigados por maltrato infantil.

Kelley era emocionalmente tan inestable y se concentraba tan poco, dijo Edwards, que a menudo no hacía su trabajo.

Como castigo, sus superiores le asignaban labores como trapear o limpiar baños, lo cual lo enfurecía, agregó Edwards. “Decía y decía, ‘quiero matarlos”.

Lo castigaron varias veces, señaló, incluyendo por introducir en su automóvil una pistola a la base.

Eventualmente la Fuerza Aérea dio a Kelley de baja. Pero antes, en abril del 2012, fue arrestado y por apuntarle con una pistola a su esposa, golpeándola y casi estrangulándola, y por fracturarle el cráneo a su hijastro bebé.


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