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Guerra en Siria enciende nuevo debate en EU sobre ataques cibernéticos

NY Times | Martes 25 Febrero 2014 | 11:51 hrs

Washington — Poco tiempo después que el alzamiento en Siria se tornara sangriento, a finales de la primavera del 2011, el Pentágono y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) desarrollaron un plan de batalla que involucraba llevar a cabo un sofisticado ataque cibernético contra el ejército sirio y la estructura de comando del presidente Bashar al-Assad.

La habilidad del ejército sirio para lanzar ataques aéreos era uno de sus objetivos, junto con los centros de producción de misiles. “En esencia era dejar a Assad en la oscuridad”, según dijo un ex oficial familiarizado con dicha planeación.

Para el presidente Obama, quien férreamente se ha opuesto a una intervención directa de Estados Unidos en la crisis que se vive en Siria, tales métodos parecen ser una obvia alternativa de bajo costo y pocas bajas. Pero tras los informes sobre la variedad de planes, muchos de los cuales también forman parte de ataques más tradicionales, el Presidente, hasta ahora los ha rechazado, de acuerdo con funcionarios familiarizados con el continuo debate interno de la administración.

Siria no es un lugar que el Presidente considere de valor estratégico para llevar a cabo una intervención estadounidense, incluso los ataques encubiertos —del tipo que él mismo ordenó contra Irán durante los dos primeros años de su presidencia— postulan una variedad de riesgos.

Las consideraciones que llevaron a que Obama dudara sobre el uso ofensivo de armas cibernéticas, para las cuales su administración ha gastado billones de dólares en su desarrollo, en gran parte con esperanzas de que estas puedan reducir la necesidad de ataques militares más tradicionales, reflejan una mayor preocupación sobre una nueva y poco probada táctica que tiene el potencial de transformar la naturaleza de la guerra. Es una transformación análoga a lo que sucedió cuando los aviones fueron utilizados por primera vez en combate en la Primera Guerra Mundial, hace casi un siglo.

La administración de Obama ha estado enfrascada en un enorme debate encubierto sobre si las armas cibernéticas deben ser utilizadas como otras armas ordinarias, si deben ser usadas en pocas ocasiones como herramientas secretas o si deben ser reservadas para un uso extremadamente exclusivo contra los objetivos más sofisticados y más difíciles de alcanzar. Y en torno al asunto está la cuestión de las represalias que el uso de estas armas acarrearía: esto es si tal ataque contra la potencia aérea de Siria, su red electrónica, o su estructura de mando, ocasionaría que Siria, Irán o Rusia tomaran represalias contra Estados Unidos.

Es una cuestión de la que Obama nunca ha hablado en público. Debido a que ha puesto el uso de estas armas en manos de la NSA, la cual opera bajo las leyes que guían los operativos encubiertos, se discute muy poco en público sobre los argumentos  en torno al uso de las armas nucleares en los años 50’s y 60’s, o el tipo de argumentos en torno al uso de drones, otro programa secreto del cual Obama ha comenzado a discutir en público en los últimos 18 meses.

Pero para muchos dentro de la administración, que insistieron hablar bajo condición de anonimato sobre las habilidades encubiertas de Estados Unidos, Siria ha vuelto a sacar el tema a colación. El Consejo de Seguridad Nacional de Obama se reunió el jueves para revisar lo que un funcionario llamó “las viejas y nuevas opciones”.

Caitilin Hayden, la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, se rehusó a discutir “los detalles de nuestras deliberaciones entre las distintas agencias” sobre Siria. “Pero hemos dejado en claro que hay una variedad de herramientas que tenemos disponibles para proteger nuestra seguridad nacional, incluyendo del tipo cibernético”, dijo, señalando que en el 2012, “el Presidente firmó una orden presidencial en secreto en relación a los operativos cibernéticos que establece los principios y procesos bajo los cuales las herramientas cibernéticas son integradas al arsenal completo de herramientas de seguridad nacional.”

La orden, dijo Hayden, “nos permite ser flexibles, al mismo tiempo que imponemos limitaciones y control al lidiar con las amenazas a las que nos enfrentamos. Nuestra política continúa estableciendo que debemos emprender la menor acción necesaria para mitigar dichas amenazas”.

Uno de los temas centrales es si semejante ataque contra Siria será visto como una intervención con justificación humanitaria, una que ocasionará menos bajas civiles que los ataques aéreos, o si solamente alentará a los adversarios de Estados Unidos, quienes también han estado debatiendo sobre cómo utilizar las nuevas armas.

Jason Healey, director de la Iniciativa Cibernética de Habilidad Política del Consejo del Atlántico, argumenta que “valdría la pena llevarlo a cabo para demostrar que los operativos cibernéticos no son una especie de brujería, sino que estos pueden ser humanitarios”.

Pero otros advierten sobre si esa sería en realidad la forma en que dicho ataque será percibido.

Aquí en Estados Unidos, tendemos a ver un ataque cibernético como menos violento —es menos dañino que los ataques aéreos”, dijo Peter W. Singer, un académico del Instituto Brookings y co-autor de un libro recientemente publicado que se titula ‘Cybersecurity and Cyberwar: What Everyone Needs to Know” (La seguridad cibernética y la guerra cibernética: Lo que todos necesitamos saber).

“Pero en otras partes del mundo podría ser visto como una nueva manera de hacer la guerra”, dijo.

No hay duda que el desarrollo de armas para la guerra por computadoras es una de las áreas más atractivas para los gastos de defensa. Mientras que el tamaño del Ejército y los sistemas tradicionales de armamento están pasando por un recorte de presupuesto del Pentágono, el cual fue dado a conocer ayer, las armas cibernéticas y las Fuerzas especiales son áreas en crecimiento, aunque es difícil saber precisamente cuánto dinero el gobierno está gastando en dichos rubros.

Pero Obama no ha ocultado en lo más mínimo sus preocupaciones sobre el uso de armas cibernéticas. Redujo la capacidad del Olympic Games, el programa contra e la iniciativa de Irán de enriquecimiento nuclear, para asegurarse que éste no afectara a centros civiles, como hospitales.

Lo que al Presidente le agradó del programa era que sería encubierto, y que, si llegaba a tener éxito, podría ayudar a que hubiera tiempo para forzar a los iraníes a que aceptaran las negociaciones. Eso fue exactamente lo que sucedió. Pero cuando un error tecnológico en el verano del 2010 resultara en que saliera a la luz la existencia de Stuxnet, un gusano informático, alrededor del mundo, conllevando en última instancia a la revelación de los orígenes del programa, los cuales estaban vinculados a la NSA y la Unidad 8200 de Israel, las esperanzas de Obama de mantener estos programas a cierta distancia pronto se desvanecieron.

Desde entonces, No ha habido evidencia clara de que Estados Unidos haya utilizado estas armas en otro ataque de gran envergadura. Se consideró el uso de estas armas durante los ataques de la OTAN contra Libia en la primavera del 2011, pero tal acción fue desestimada luego que los asesores de Obama le advirtieron que no existía una certeza de que funcionara contra las anticuadas defensas aéreas del Coronel Muammar el-Qaddafi.

El jefe de la NSA, el general Keith B. Alexander, dijo en una entrevista el año pasado que tales armas fueron utilizadas en muy pocas ocasiones durante el periodo de ocho años en que estuvo a cargo de la agencia.

Pero Siria es un caso complicado, con muchas variantes, a diferencia de Irán. En Siria existe el impulso humanitario por hacer algo, sin poner en riesgo a las tropas estadounidenses o entrar directamente a la guerra civil, una discusión que está creciendo dentro de la administración. La mayor parte de lo que se habla se enfoca en proveer más entrenamiento y armas a grupos que se consideran moderadamente rebeldes. Pero las armas cibernéticas están presentes en la conversación de llevar a cabo acciones encubiertas.

Parte del argumento es que Siria es un lugar donde Estados Unidos puede cambiar su imagen, utilizando su más avanzada tecnología con propósitos humanitarios.

“Estados Unidos ha sido descubierto utilizando Stuxnet para llevar a cado una campaña cibernética encubierta contra Irán así como también de un masivo operativo de recolección, utilizando Prism, en la Internet”, según escribió Healey recientemente, haciendo referencia al programa de recolección de datos de la NSA. “El mundo está viendo en gran medida la potencia cibernética de Estados Unidos como una fuerza del mal. Un operativo cibernético contra Siria podría ayudar a revertir tal percepción”.

Aún así, eso requeriría aceptar abiertamente haber sido el autor de dicho ataque, algo que Estados Unidos nunca ha hecho. “La cuestión es si el Presidente estaría dispuesto a dar el tipo de discurso que dio sobre por qué estaría justificado el disparar misiles en respuesta al uso de armas químicas por parte de Assad”, según dijo un funcionario de alto rango de la administración. Obama se echó para atrás en el último momento para llevar a cabo semejante ataque.

Incluso si Estados Unidos quisiera actuar de manera encubierta, un ataque cibernético contra Siria sería difícil mantenerlo en secreto. Cualquier cosa que previniera un despegue de la flotilla aérea, o cortara la electricidad en centros clave en Damasco y en bases militares importantes, se notaría al instante —y no necesariamente se llevaría cabo con prontitud.

Los planificadores militares estadounidenses concluyeron al presentar sus opciones a Obama en el transcurso de dos y medio años que cualquier ataque significativo contra centros importantes en Siria tendría que llevarse a cabo por mucho tiempo para llegar a lograr ciertos cambios y tener blancos muy específicos para evitar dañar aún más a una población que ya ha sufrido demasiado.

Por estas y otras razones, hay muchos que tienen sus dudas en el ejército y en la comunidad de inteligencia. “Francamente sería de una utilidad limitada”, dijo un funcionario de alto rango de la administración.

Por ejemplo, un ataque podría afectar o desactivar los sistemas de navegación de los aviones de Siria, incluyendo los helicópteros Mi-8 y Mi-17 de diseño ruso, los cuales son responsables de muchos de los llamados ataques de bombardeo contra civiles en Homs y Aleppo.

Pero los comandantes sirios probablemente harán uso de otras armas que tienen en su arsenal, como una gran variedad de cohetes y misiles, incluyendo los misiles Scud de largo alcance,  los cuales las fuerzas de Assad ya han utilizado con efectos realmente mortales.

Siria conoce muy bien este tipo de ataques, ya que los ha recibido o ha sido autor de los mismos. Un ataque de Israel, ocurrido en septiembre del 2007, que destruyó un reactor nuclear que estaba siendo construido en el desierto de Siria, estuvo acompañado de un ingenioso ataque cibernético que afectó a las defensas aéreas sirias. Cuando el ejército sirio despertó a la mañana siguiente, el reactor, construido con ayuda de Korea del Norte, era un agujero humeante, así como también algunas de las instalaciones de las cercanías.

Por parte de la ofensiva, la Fundación Electronic Frontier, la cual hace un seguimiento de estos asuntos, recolectó evidencia en un reporte publicado el año pasado que apuntaba a que los sirios habían hecho uso de una estafa de tipo “spear phishing”, con la que el objetivo daba click en un vínculo incluido en un correo electrónico, en este caso utilizando videos de atrocidades cometidas en tiempos de guerra, para identificar a personas que estaban ayudando a los grupos rebeldes y meterse en el sistema de sus computadoras.

Y el Ejército Sirio Electrónico, de quien los oficiales estadounidenses de inteligencia sospechan que en verdad es iraní, ha llevó a cabo ataques en contra de objetivos en Estados Unidos durante el transcurso del año pasado, incluyendo el sitio Web del New York Times. La mayoría de estos son ataques que ocasionan una negación de servicios, los cuales son molestos y perturbadores, pero no son muy sofisticados.

Las posibilidades de que Siria se las ingenie para dar una respuesta significativa a un ataque de este tipo son bajas, según dijeron los funcionarios estadounidenses y algunos expertos externos. Pero tal precedente podría animar a los rusos e iraníes a querer jugar un papel más importante en esta nueva forma de hacer la guerra.



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