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El mundo de George R. R. Martin en el que vivimos

The New York Times | Jueves 18 Octubre 2018 | 15:04 hrs

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George R. R. Martin luce como pez en el agua. Está sentado, con un bolígrafo en mano y su característica boina de fieltro, en una esquina del centro de convenciones de San Jose McEnery, en California, para el Worldcon: la convención mundial de ciencia ficción que se celebra anualmente desde 1946. Frente a él hay una larga fila de unas cien o más personas. Junto a la mesa hay un integrante del personal de la convención que explica las reglas a quienes están formados: solo un libro a la vez. Si quieren que les firme más de uno, deben volver a hacer fila.

Martin, de 70 años, bromea con una joven que le acerca un libro de pasta dura; ella luce en parte reverencial y en parte apenada, posiblemente porque es la quinta o sexta vez que hace fila. El publicista de Martin me lleva hacia la mesa para esperar a que terminen de pasar algunas de las personas con libros en mano y de repente estoy frente a él: “No actúes como un superfán”, me recuerdo a mí mismo mientras le intento explicar que en realidad lo he estado observando para hacer este artículo.

“Me tomaron las fotografías en frente de unas rocas”, dijo sobre la sesión de fotos para el artículo, antes de mostrarme una imagen que guardó en su celular de él frente a unas rocas. Se ríe, algo que hace a menudo, y su mirada se dirige hacia alguien que ahora está haciendo fila detrás de mí. Antes de darme cuenta, Martin ya volteó para hablar con ella. “Hola. ¿Otra vez de regreso?”, le pregunta con una sonrisa juguetona.

EN ALGÚN MOMENTO DE ESTE AÑO, las ventas de los primeros cinco libros de lo que en algún momento será una heptalogía, Canción de hielo y fuego o A Song of Ice and Fire, superaron las 85 millones de copias en todo el mundo. La saga ahora está disponible en 47 idiomas y también es la base de Juego de tronos o Game of Thrones, de HBO, sin duda el programa televisivo más popular del planeta; se transmite en 170 países.

Buena parte de los lectores de Martin estaban ahí mucho antes de abril de 2011, cuando se estrenó el primer capítulo de la adaptación. El primer libro, Juego de tronos, fue publicado en 1996 con expectativas modestas de ventas, pero el entusiasmo de los primeros lectores y de libreros se esparció a la antigua —boca a boca— y creció el sentimiento de que esta saga era especial; quizá algo único para los lectores de fantasía. Para 2005, cuando se publicó el cuarto libro, Festín de cuervos, de inmediato llegó a la cima de las listas de los más vendidos. Después de que se estrenó la serie de HBO, el mundo creado por Martin se volvió un fenómeno global y sus lectores alcanzaron cifras que muy pocos autores han llegado a ver.

Lo creado por Martin ya trasciende su texto, va más allá de los tiempos que transcurren entre la publicación de las novelas y del espacio físico entre los seguidores; es una bestia literaria híbrida, un universo compartido que se solapa con el nuestro.

En pocas palabras, ASOIAF —como le dicen sus fanáticos: la sigla de la saga en inglés— trata sucesos que se dan en y cerca del continente de Poniente, o Westeros, alrededor de 300 a. c. (es decir: después de la conquista —after conquest, en inglés— de los siete reinos). El acontecimiento que mueve la trama es la muerte, en circunstancias sospechosas, de Jon Arryn, quien era la mano derecha —mano del rey, en la saga— del rey Robert Baratheon. El fallecimiento de Arryn empieza una serie de eventos que incluye el asesinato del rey Robert, lo que deja un vacío de poder y desestabiliza el orden político establecido. Después de siglos de cierta calma, se desata el caos en una guerra que involucra a varias de las grandes familias de los reinos.

Esta guerra y sus consecuencias son justamente el juego de tronos, que se realiza por medio de intrigas cortesanas y reuniones de consejo tanto como en el campo de batalla; los movimientos más importantes no solo involucran soltar dragones, sino buscar matrimonios estratégicos, mientras que los jugadores relevantes incluyen a asesinos, sacerdotisas y aparentes zombis: las piezas más importantes del juego son las personas. ASOIAF es una saga de fantasía, pero decir que es solamente eso no le hace justicia, porque también es una historia sobre el poder, la familia, la ambición y la historia, a niveles micro y macro, con mitos que siempre tienen resonancia en nuestro mundo.

“No solamente sabemos lo que sienten y piensan los personajes, sino qué comen, qué traen puesto, qué ven, qué huelen… hasta si sus caballos son hembras o machos”, dice Anne Groell, quien ha sido la editora de Martin en Bantam Books desde hace dos décadas. “Los personajes de George se sienten como personas porque son personas, con todas las manías y dudas y contradicciones que tenemos nosotros. Podemos sentirnos relacionados con los personajes porque somos los personajes”.

Aquellos detalles granulares y ultradescriptivos sobre la comida, la vestimenta o el clima tampoco se dan a costa del impulso narrativo, pues siempre hay un tema central que mueve todo: ¿quién logrará triunfar y acceder al trono de hierro?



EL UNIVERSO DE MARTIN ES IMPRESIONANTE, aunque quizá no tanto como lo involucrados que están los fanáticos con este. Esa actividad fanática, conocida por el acrónimo fánac, en la comunidad de ciencia ficción y fantasía, se nota de varias maneras, como el cosplay (disfrazarse como personajes), el arte de aficionados o el fan fiction (historias inspiradas en la saga); todos los cuales son compartidos y celebrados en reuniones locales o regionales o nacionales. La tecnología ha aumentado la cantidad de espacios —pódcasts, wikis, sitios web o foros de discusión en línea— para dedicarse a algún tema o misterio particular; lo que antes solía suceder solamente en las partes traseras de una librería o una tienda de videojuegos y ahora se da sobre todo en línea. El sitio westeros.org, gestionado por los aficionados, es el centro neurálgico de información sobre todo lo que tiene que ver con el mundo de Martin; hay hasta un término para los lectores que intentan adivinar cuándo será por fin publicado el siguiente libro —Martinología, disciplina en la que incluso participan los expertos del sitio de encuestas FiveThirtyEight—, y el mismo Martin mantiene a las personas algo al tanto por medio de las entradas en lo que llama Not a Blog (Esto no es un blog) de su sitio web. Puede que se haya escrito más sobre los reinos ficticios de Poniente que de algunos de los países que sí existen en la Tierra.

Las conversaciones se alargan durante años y décadas, sobre todo dada la espera entre las entregas de la saga (Vientos de invierno, el sexto libro, aún no tiene fecha de publicación siete años después del lanzamiento del quinto, Danza de dragones) y entre temporadas de la serie; solamente crece la intensidad de la especulación exhaustiva.

Puede que se haya escrito más sobre los reinos ficticios de Poniente que de algunos de los países que sí existen en la Tierra.

El efecto acumulado de tanta fánac es que ha surgido una metacapa, o capa paralela, al mundo de Martin: una atmósfera que existe por encima de, al lado, por debajo y alrededor. Ahí surgen teorías que se analizan y debaten a fondo; son teorías, hasta que dejan de serlo (como sucedió con el misterio de la ascendencia de Jon Snow: los fanáticos por mucho tiempo analizaron cuidadosamente toda la evidencia disponible para concluir que no era un bastardo sino un heredero merecedor del trono; algo confirmado por la serie en la última temporada).

He leído los libros, y los libros sobre los libros, y he visto el programa y he leído los recuentos de la serie y he escuchado pódcasts sobre esta y he terminado en espacios recónditos de Reddit con discusiones que empiezan por algún tema trivial y se clavan en detalles minuciosos.

Esta capa paralela es clave para ASOIAF: los dos dominios, el canon y la fánac, se validan entre sí. A veces incluso sucede de manera tangible, como cuando Martin se reúne en las ciudades que visita con los integrantes del capítulo local de Brotherhood Without Banners, un colectivo de admiradores multinacional llamado así en honor a los personajes de los libros, de la Hermandad sin Estandartes. En Worldcon, en agosto, celebró la misma fiesta que ha organizado durante casi cuatro décadas; bailó música de Daft Punk mientras convivía con sus seguidores, con artistas, editores y otros autores.



Elio M. García Jr. y Linda Antonsson, un matrimonio de superfanáticos que viven en Suecia, empezaron en 2007 el sitio web ahora llamado Wiki of Ice and Fire (replicado en varios idiomas). Se ha vuelto el referente por excelencia para cualquier tema relacionado con los libros, ya sea la historia de la fe y la religión organizada en Poniente o la flora y fauna de los otros continentes. El mismo Martin revisa ese wiki para consultar detalles durante su proceso de escritura.

Como grupo, estos lectores —de los libros de la saga, sí, pero también de la parafernalia vinculada, como las novelas gráficas oficiales o los libros de historia de las familias— tienen más información sobre ASOIAF que la que podría tener cualquier individuo por sí solo. Como resultado, lo creado por Martin ya trasciende su texto, va más allá de los tiempos que transcurren entre la publicación de las novelas y del espacio físico que haya entre los seguidores; es una bestia literaria híbrida, un universo compartido que se solapa con el nuestro, sostenido por un estilo moderno o conectado de autoría y por la fuerza de voluntad de los fanáticos.

MARTIN CRECIÓ en Bayonne, Nueva Jersey, hijo de un estibador y una trabajadora textil. Ha dicho que en su infancia al lado de Staten Island se la pasaba viendo a los barcos yendo y viniendo del puerto mientras se imaginaba que iban a tierras distantes que él nunca conocería.

Ahora vive en Santa Fe, Nuevo México, a donde se mudó desde Iowa en 1979. Daba clases de periodismo en la universidad Clarke College, pero lo dejó después de que un amigo cercano, el también autor de ciencia ficción y fantasía Tom Reamy, falleció a los 42 años de manera sorpresiva, en 1977. “Pensé: ‘¿Realmente tengo todo el tiempo del mundo?’”, recuerda Martin. “Quiero escribir tantas historias”. Se mudó a Nuevo México, donde ahora vive con su segunda esposa Parris McBride, para dedicarse de tiempo completo a la escritura. Durante la siguiente década y media se volvió un autor de fantasía con buenas reseñas, aunque no famoso.

En el transcurso de los cuarenta años desde que empezó a escribir, la ola cultural se aproximó a él: todo el mundo del entretenimiento se movió hacia un ámbito en el que la ciencia ficción, la fantasía y los superhéroes son el epicentro de las narrativas populares. Marvel, DC Comics, Steven Spielberg y George Lucas tuvieron mucho que ver, pero también ASOAIF, al atraer a los estantes de libros de fantasía a millones de personas que nunca se habrían considerado fanáticos de la literatura de género. El que Martin, como autor por sí solo, pueda considerarse un factor tan significativo de este maremoto de la estética evidencia su influencia tanto como lo hacen la cantidad de televidentes de la serie o las ventas de sus libros.

Y hablando de las ventas de sus libros: si se trata de sagas de fantasía estilo épico (o de la “alta” fantasía que crea un universo entero desapegado del nuestro), ASOIAF es el segundo más leído tan solo después de El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, con quien frecuentemente se compara a Martin. La saga de Tolkien de 1954 es de la literatura más vendida de cualquier género en la historia, aunque su trama sobre la capacidad corruptora del poder también ha recibido críticas en los últimos años por no profundizar mucho en la psicología de sus personajes o por tener como villanos a fuerzas tan claramente reaccionarias.



Uno de los mayores logros de Martin, en cambio, es que ha logrado combinar la flexibilidad de un mundo fantasioso con un realismo que le infunde emoción y psicologías humanas: cada capítulo de los libros se cuenta desde la perspectiva de un personaje distinto, con lo que el lector puede vivir la trama con una voz particular en vez de por medio de un narrador omnisciente. Poniente no son solo castillos y campos, sino tabernas y burdeles repletos de zonas grises.

Al atlas de Poniente que ha establecido a lo largo de —hasta ahora— 3968 páginas en inglés también le ha dado una frontera penetrable a su mundo, con pistas de qué está en los bordes de la historia que transcurre en los reinos centrales, como la presencia de los Otros, aquellos zombis al norte del Muro. Todos estos elementos dejan claro que la saga es la punta del iceberg porque constantemente nos recuerda que más allá del espacio en el que esté ambientado algún suceso o capítulo siempre hay una realidad más abarcadora donde poco importa quién está en el trono de hierro.

“Soy un gran fanático de Tolkien”, dice Martin cuando estamos sentados en un cine de Santa Fe que compró en 2013 para remodelarlo y ponerlo al servicio de la comunidad. “A veces se siente como que estoy criticando a Tolkien cuando hablo de esto, pero de verdad lo admiro enormemente”.

“Tolkien quería hacer una mitología para Inglaterra”, indica. “Yo quería que mi mundo fuera más completo y realista. Al final de El señor de los anillos, Tolkien pone: ‘Aragorn fue rey y gobernó sabiamente y bien por cien años’, o algo así, pero ¿qué significa eso? Muchos buenos hombres en la historia han sido reyes terribles. Muchos hombres malos han sido buenos reyes… Claro que ahora vivimos en una época donde un hombre malo es también un mal presidente”.

“Creo que una sociedad necesita de héroes. Pero no tienen por qué ser perfectos”.

Martin insiste, como lo hacía Tolkien, en que lo que escribe no busca ser alegoría de la historia actual, pero sí admite que es inevitable ser influenciado por el momento en que vive. Las principales bases de su saga son sucesos como la Guerra de Cien Años del siglo XIV o la Guerra de las Rosas de poco tiempo después. Pero, a diferencia de la Tierra Media de Tolkien, donde queda mucho más claro quiénes son los héroes y los villanos, la moralidad del mundo de Martin es más ambigua y eso le permite jugar más con escribir sobre política actual sin realmente hacerlo. Algunas personas dígase “buenas”, como el noble Ned Stark, su primogénito Robb Stark o la indomable Daenerys Targaryen (la “madre de los dragones”), cometen errores garrafales, ya sea por debilidad, orgullo o un sentido demasiado rígido de lo correcto e incorrecto. Y personas terribles, como Jaime “el Matarreyes” Lannister, actúan de manera terrible a la vez que, con el tiempo, se muestran capaces de ser heroicos y de hacer sacrificios.

Cuando hablamos de esto dentro del cine, Martin lanza una cita que tiene memorizada de Julio César, de Shakespeare: “El mal que hacen los hombres les sobrevive, el bien queda frecuentemente sepultado con sus huesos”. Y entonces añade: “No podemos olvidar lo malo que hacen las personas buenas, pero tampoco podemos olvidar lo bueno que hacen”.

“Creo que una sociedad necesita de héroes. Pero no tienen por qué ser perfectos”.

A MARTIN AÚN LE FALTA terminar dos libros, retraso que, desafortunadamente para él, es un tema de mucha discusión entre sus fanáticos. Aunque sí habrá cierta conclusión pronto para la serie de televisión: los últimos seis episodios se transmitirán en el primer semestre de 2019 y pondrán así fin a la serie de mayor éxito en la historia de HBO, con una cantidad récord de 131 nominaciones a los Emmy y presupuestos de más de 100 millones de dólares por temporada con un enorme elenco disperso por todo el mundo y rodajes concurrentes en varios sitios.



Lo curioso es que Martin empezó a escribir ASOIAF porque estaba cansado de que le dijeran que las ideas que proponía cuando era guionista de televisión de joven —que hubieran requerido un enorme elenco y muy costosos rodajes de batallas realistas— no eran factibles para la televisión. La ficción literaria le dio la oportunidad de contar una historia más interiorizada y distinta. Y en un giro irónico, esa historia resultó en el surgimiento de una nueva era de la televisión en la que es común que haya muchos puntos de vista con seis o siete tramas concurrentes en distintos lados durante un solo episodio; y sucesos a largo plazo que solo se revelan poco a poco tras varios episodios o después de una temporada o de, por ejemplo, siete temporadas. Es un telar que invita a la obsesión y a que haya conversaciones sobre teorías y especulaciones después de que se transmite un capítulo.

“La escritura de George, y el mundo de Poniente que él creó, tiene un atractivo universal y hay algo para todo tipo de fanático”, dijo Casey Bloys, presidente de programación de HBO. “La serie creó una comunidad al igual que los libros”.

Tanto la serie como la saga escrita, que tiene más detalles difíciles de adaptar, tienen una riqueza que surge del cuidado que tiene Martin para cultivar su trama y la comunidad paralela a lo que sucede, tanto la imaginada como la real. Es este compromiso el que define y explica la popularidad tan longeva de ASOIAF; la genialidad de algún autor sí pende hasta cierto punto de qué tan posible es para sus lectores el poder asomarse hacia el precipicio entre el universo creado y el nuestro.

Uno de los placeres más complejos de meterse de lleno a la vida en Poniente es que, pese a la desesperanza de la actualidad, ahí hay un vector claro del destino, de la posibilidad de que alguien —Jon Snow o Daenerys Targaryen o alguien más— sí resulte ser un salvador. Por eso seguimos leyendo y viendo el programa y pidiéndole a Martin que se apure para darnos más material: por la promesa de un final con significado.



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