Martes 27 Junio 2017 | 

1

00

16

Secciones

Martes 27 Junio 2017 | 

1

00

16

Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Una industria en riesgo

The New York Times News Service | Martes 06 Diciembre 2016 | 00:01:00 hrs

Archivo/El Diario de El Paso | Trump ha amagado con imponer aranceles punitivos de 45% a importaciones chinas

Archivo/El Diario de El Paso | Trump ha amagado con imponer aranceles punitivos de 45% a importaciones chinas

Holland, Michigan— Aunque buena parte de la clase política de Estados Unidos ha estado consumida con recriminaciones por la dolorosa pérdida de empleos en manufactura, Chuck Reid los ha estado creando.

Su empresa, First Class Seating, fabrica asientos reclinables para cines en Holland, Michigan, en una fábrica situada a las orillas del lago Michigan. Desde que compró la fábrica hace tres años, su fuerza de trabajo ha aumentado de 15 a 40 empleados.

Pero esos empleos estarían en peligro si el presidente electo Donald Trump cumple sus combativas promesas de castigar a los países que él considere culpables de prácticas comerciales desleales.

Trump ganó la Casa Blanca en parte porque se comprometió a traer de vuelta los empleos de manufactura a tierras estadounidenses. El presidente electo está obsesionado con China como símbolo de las más nefastas prácticas comerciales y ha amenazado con aplicar aranceles punitivos de 45 por ciento a las importaciones chinas.

Sin embargo, muchos empleos de manufactura en Estados Unidos dependen en gran medida de una amplia gama de productos adquiridos a través de una cadena de abasto global, como telas, sustancias químicas, componentes electrónicos y otras partes. Muchos de ellos vienen de China. Por ejemplo, en la fábrica de Reid, las importaciones representan más o menos las dos terceras partes del costo de fabricar un asiento reclinable.

En pocas palabras, la promesa en materia de comercio más característica de Trump, que aparentemente está dirigida a proteger los empleos en Estados Unidos, bien podría producir el efecto contrario: podría hacer que los fabricantes estadounidenses bien establecidos fueran más vulnerables por elevar sus costos. Causaría estragos en la cadena de abasto global, haciendo que algunas empresas multinacionales se fueran de Estados Unidos y trasladaran la manufactura a países en donde pueden tener la seguridad de comprar los componentes al precio más bajo.

‘Si hicieran esto el día de mañana habría profundas perturbaciones’, asegura Susan Helper, economista de la Escuela de Administración Weatherhead de la Universidad Case Western Reserve en Cleveland. ‘Las cosas que fabrica China ahora, y la forma en que las fabrica, no serían fáciles de reproducir aquí’.

Reid se enorgullece de usar productos estadounidenses. Sus diseñadores en Michigan imaginaron su elegante asiento reclinable. Manos locales construyen los marcos usando acero hecho en Estados Unidos, después le fijan hule espuma moldeado en una fábrica de la cercana ciudad de Grand Rapids. La tapicería la engrapan a madera cosechada en Wisconsin. Y todo lo hacen adentro de una antigua fábrica de equipo de calefacción y enfriamiento que cerró sus operaciones hace diez años cuando el trabajo se trasladó a México.

Pero la tela para los asientos de las sillas de Reid viene de China. También de China viene el equipo electrónico de la ‘caja mágica’ que les permite a los cinéfilos controlar la inclinación. Lo mismo puede decirse de los portavasos de plástico y de los tornillos y las tuercas que mantienen todo en su lugar. El motor es obra de una compañía alemana que los fabrica en Hungría, usando partes electrónicas chinas seguramente.

Reid calcula que un arancel de 45 por ciento sobre las mercancías chinas elevaría el costo de fabricar el asiento reclinable en Michigan en 20 por ciento.

Con todo, esos aranceles le darían a esta fábrica cierta ventaja sobre sus competidores estadounidenses que importan aún más componentes de China. Pero quedaría en desventaja frente a sus competidores de México, Colombia y Australia. Ellos estarían en libertad de aprovechar la cadena de abasto de China y vender sin tropiezos sus productos en el mercado Estados Unidos.

‘El precio de nuestro asiento lo sacaría del mercado’, precisa Reid. ‘Y si eso afecta nuestras ventas, también pondría en riesgo los empleos’.

Los expertos en comercio no dan validez a las amenazas de aranceles de Trump, considerándolas promesas huecas de campaña que pronto cederán su lugar a consideraciones pragmáticas sobre el crecimiento económico y el empleo. De 1998 a 2006, la proporción de componentes importados que se utilizan en la manufactura estadounidense subió de 24 a 34 por ciento, según un estudio muy citado.

El derecho internacional también limita el ámbito de lo que podría hacer el Gobierno de Trump. Conforme a las reglas de la Organización Mundial de Comercio, Estados Unidos no puede aplicar tarifas cuando le venga en gana. Debe establecer sus argumentos industria por industria y demostrar que China está perjudicando a sus rivales estadounidenses mediante prácticas desleales.

Hablar de aplicar aranceles a todos los productos de manera indiscriminada es ‘puro teatro’, asegura Marc L. Busch, experto en política comercial internacional de la Universidad Georgetown en Washington. ‘Es imposible hacerlo. Viola el régimen de derecho’.

Pero Trump ha hablado de dar el extraordinario paso de abandonar la OMC para tener autoridad de dictar sus propias condiciones. El éxito que tuvo con la intimidación de Carrier, empresa de aire acondicionado que aceptó mantener mil empleos en su planta de Indiana en lugar de trasladarlos a México, es una indicación de sus prioridades para cumplir sus promesas en materia de comercio.

La gente que está asesorando a Trump en esa materia tiene antecedentes de propugnar por respuestas agresivas ante lo que presenta como una actitud depredadora de China.

Ahí está Dan DiMicco, ex director general del gigante del acero estadounidense Nucor, que desde siempre ha abogado por que se impongan aranceles punitivos a las mercancías chinas. Está también Peter Navarro, asesor de políticas y uno de los autores de un libro llamado ‘Muerte a causa de China: Cómo enfrentarse al dragón; llamada a la acción global’.

En un mensaje de correo electrónico enviado el viernes, Navarro, asesor económico del equipo de transición de Trump, afirmó que imponer aranceles elevados a China era una medida esencial para empezar a solucionar el déficit comercial que tiene Estados Unidos con China, que el año pasado fue de 365 mil millones de dólares. Culpó a las prácticas comerciales chinas de ‘destruir industrias enteras, socavando comunidades completas’ y ‘dejando sin trabajo a millones de personas’.

Pero Navarro también considera la amenaza de aranceles como un gambito de apertura en la reestructuración de las posiciones comerciales.

‘Los aranceles no son el objetivo final sino meramente un instrumento de negociación para volver a equilibrar nuestro comercio”, explicó, agregando que el gobierno de Trump lo haría “de manera mesurada”.

Otro de los autores del libro de Navarro es Greg Autrey, profesor de la Universidad del Sur de California, quien supone que el equipo de Trump es totalmente serio a la hora de amenazar con imponerle aranceles a China. La meta es obligar a los fabricantes a regresar a Estados Unidos como condición de poder vender en el mercado nacional.

Una guerra comercial declarada entre las dos economías más grandes del mundo le costaría empleos a Estados Unidos en el corto plazo, pero a la larga se crearían millones de nuevos puestos de trabajo cuando Estados Unidos vuelva a vibrar con el trabajo fabril.

‘Llevamos nuestra cadena de abasto a Asia en unos veinte años’, indicó. “Ciertamente podría hacerse eso en Estados Unidos mucho más rápido. Se van a necesitar algunos años pero a final de cuentas tendremos un país mucho mejor.”

Pero aunque el trabajo fabril regresara a la Unión Americana, es poco probable que eso se traduzca en que haya más empleos pagados. Conforme avanza la automatización en todos los campos, los robots tienen la ventaja para obtener la mayoría de los empleos.

En la fábrica de Reid, cualquier mención a un futuro de abundancia gracias a las barreras comerciales suena como un despropósito peligroso. Reid tiene que manejar su negocio aquí y ahora. Sus clientes están esperando sus productos. Él debe poder recurrir a la cadena de abasto.

Al amenazar con los aranceles, Trump está blandiendo un instrumento contundente cuyos efectos cada vez son más fáciles de evadir para los negocios sofisticados con operaciones a través de numerosas fronteras. La geografía del comercio global se está trazando de nuevo continuamente.

A su vez en China, los propietarios de fábricas, con un ojo cauto puesto en Trump, están explorando alternativas locales con trabajadores de salarios aún más bajos en todo el sureste de Asia e incluso en África.

En Vietnam, los empresarios se están preparando para el aluvión de inversiones de China que se produciría en caso de que Trump realmente tomara medidas.

A su vez, en Europa, las fábricas que venden equipo de manufactura a China están observando si Trump va a desatar hostilidades comerciales que dañarían el crecimiento global.

‘El dinero y las mercancías siempre encuentran un camino, sin importar las barreras que se levanten’, asegura Ernesto Maurer, presidente de SSM, fabricante suizo de maquinaria textil que maneja una fábrica en China.

En Guangzhou, ciudad del sur de China, Jiang Jiacheng está rebosante de confianza en que China seguirá siendo la planta de producción para el mundo entero, con aranceles o de cualquier otro modo.

Su empresa, Guangzhou Shuqee Digital Tech Co. Ltd, fabrica asientos para cine y exporta un 20 por ciento de sus productos a Estados Unidos. Es un ejemplo de las proezas de China en materia de manufactura y de las condiciones que la convierten en una amenaza competitiva.

Jiang les paga a los trabajadores de su fábrica 290 dólares al mes. Ellos trabajan seis días a la semana. Además, las relajadas leyes ambientales le permiten deshacerse de los contaminantes a muy bajo costo.

El costo de fabricar uno de sus productos más vendidos, un asiento para cine forrado de tela, es de 72 dólares. Él se los vende a 116 dólares a los mayoristas, que a su vez lo exportan a Estados Unidos.

En septiembre pasado, Jiang se reunió con otros fabricantes de asientos para cine para analizar las alarmantes declaraciones de Trump. El consenso general fue que no había motivos de preocupación.

‘Una vez que asuma el puesto, ciertamente va a dejar las cosas en su estado normal’, asegura Jiang.

No obstante, él tiene un plan alterno. Aun antes de que el presidente Trump entrara en su vocabulario, Jiang ya estaba analizando transferir parte de su trabajo a países con costos más bajos, como Vietnam.

Hace una docena de años, el departamento de Comercio de Estados Unidos acusó a China de vender muebles de recámara por debajo del costo e impuso aranceles protectores.

Para Lawrence M.D. Yen, que tenía una fábrica de muebles en el sur de China, eso fue la puntilla que lo decidió a irse a Vietnam. El costo de la mano de obra era más bajo.

Hoy en día, la compañía de Yen, Woodworth Wooden Industries, maneja una fábrica en Cu Chi, en las afueras de Ciudad Ho Chi Min, distrito bien conocido por la compleja red de túneles usados por la guerrilla del Vietcong en su guerra contra las fuerzas estadounidenses.

Este antiguo centro de combate ahora es el lugar de trabajo de 5 mil personas que fabrican sofás cama, asientos reclinables y muebles de recámara. Tres cuartas partes de la producción se destina al país, en especial a centros vacacionales de casinos en Las vegas, como el Mandalay Bay y el MGM Grand.

La planta de Woodworth produce más de 10 mil sofás de tres asientos al mes. Este año, la compañía abrió otra fábrica en Vietnam.

La aritmética le da a Yen la confianza de que las palabras de Trump quedarán sin efecto ante las realidades del mercado. Las marcas que ofrecen artículos fabriles a los detallistas estadounidenses se apoyan mucho en los proveedores asiáticos para conseguir precios bajos.

Al prometer que va a traer de regreso los empleos de manufactura, lo que está haciendo Trump en la práctica es enfrentar los intereses de un grupo relativamente pequeño –formado por quienes trabajan en las fábricas– con los de cientos de millones de consumidores.

‘La industria del menudeo ahora emplea a muchas más personas de las que llegó a emplear la industria del vestido’, afirma Pietra Rivoli, experta en comercio de la Universidad de Georgetown.

Hace siete años, el gobierno de Obama acusó a China de subsidiar injustamente la fabricación de llantas e impuso aranceles que llegaban hasta el 35 por ciento. Un análisis posterior del Instituto Peterson de Economía Internacional, un centro de estudios no partidista, calculó los efectos. Efectivamente se conservaron 1,200 empleos relacionados con la industria de las llantas. Pero los consumidores estadounidenses pagaron 1,100 millones de dólares más por sus llantas. Eso hizo que los hogares redujeran sus compras en las tiendas, lo que a su vez provocó una pérdida de 2,500 empleos.

El Grupo TAL dice fabricar una de cada seis camisas de vestir que se venden en los Estados Unidos. Produce bienes terminados para Brook Brothers, Banana Republic y J. Crew, operando once fábricas en todo el mundo. Si Trump aplica aranceles a China, la compañía acelerará su traslado a Vietnam, señaló Roger Lee, director general de TAL.

Si ese comercio se perturba, el trabajo fluiría hacia otros países de mano de obra de bajo costo, como Bangladesh, la India e Indonesia. Lee no puede visualizar ninguna situación en la que el trabajo de fabricar prendas de vestir, monótono y físicamente agotador, regrese a los Estados Unidos.

‘¿Dónde vamos a encontrar la fuerza de trabajo en Estados Unidos que esté dispuesta a trabajar en fábricas?’, pregunta.

Horgen es una aldea suiza asentada en las costas del lago Zúrich que parece muy alejada de las polvosas zonas industriales de Así. Con sus casitas que parecen de muñecas y sus paisajes de montañas, más bien parece un centro recreativo.

Pero Horgen es la sede de SSM, una compañía que se ha vuelto un proveedor importante para Asia. Su maquinaria convierte el poliéster y otras fibras sintéticas en tramas bien diseñadas. Si el auge de la industria textil en Asia ha sido como una fiebre de oro, esa compañía suiza ha sido una de las que se ha beneficiado fabricando las herramientas necesarias.

Los trabajadores de su fábrica ganan al mes más o menos 6 mil francos suizos (unos 5,940 dólares); unas diez veces lo que SSM les paga a sus trabajadores en su fábrica de China. Los componentes más delicados los fabrica en su planta de Suiza y en otra de Italia. En China fabrica las máquinas de menor graduación.

La compañía vende prácticamente toda su producción en el extranjero, sobre todo en Asia. Compra piezas de metal en la República Checa y Polonia, componentes electrónicos en Malasia y motores eléctricos a una compañía estadounidense que los fabrica en una planta que tiene en la India. Otra compañía estadounidense suministra el software.

‘No hay una sola máquina que pudiéramos construir con materiales de un solo país’, señala Maurer, el presidente de SSM.

Si Estados Unidos impusiera barreras comerciales a China, eso podría frenar la demanda china de maquinaria textil hecha en Suiza. Y eso, a su vez, reduciría las compras de bienes y servicios de Estados Unidos para la compañía suiza.

Pero a Maurer le cuesta trabajo ver cómo esta situación generaría empleos en los Estados Unidos. La industria textil estadounidense es pequeña y cada vez más está dominada por robots. Y en el resto del mundo hay millones de manos dispuestas a trabajar por unos cuantos centavos.

Pero la industria del textil y de la ropa son negocios relativamente simples. Si el costo de hacer pantalones se vuelve menos atractivo en China, al día siguiente estaría lista una sala llena de máquinas de coser en Camboya para llenarla de costureras mal pagadas.

Pero las industrias que implican maquinaria de precisión no se reinstalan tan fácilmente en otro lugar. Un cambio abrupto en la economía podría devastar fábricas que no pudieran alinear rápidamente a proveedores alternos.

Los fabricantes de autos de Estados Unidos dependen particularmente de la cadena global de abasto. De 2000 a 2011, el porcentaje de componentes importados que contenían los autos fabricados en Estados Unidos destinados a la exportación subió de 24 a 35 por ciento, según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico.

En EBW Electronics de Holland, Michigan, trabajadores en batas de laboratorio cuidan de máquinas soldadoras que fabrican circuitos para las luces LED que llevan los autos. La empresa compra los diminutos componentes y los ensambla en las tarjetas de circuitos, que se venden a las principales compañías automotrices. Un 80 por ciento de los componentes se importa de China.

Pero incluso ese número no revela el grado en que la empresa ­–y sus 240 trabajadores– depende de un comercio sin restricciones.

Pat LeBlanc, presidente de la empresa, señala una plumilla en una tarjeta de circuitos. El silicio se extrajo en una planta de Minnesota, después se procesó para convertirlo en una delgada oblea en otra fábrica de Massachusetts. La oblea se envió a China para ser sometida a pruebas, cortada en piezas en otra fábrica china y después llevada a las Filipinas para pasar por un proceso químico. Después regresó a China para ser puesto en un carrete que puede insertarse en las máquinas de soldar en Michigan.

‘Literalmente es una cadena de abasto global’, determina LeBlanc.

Reid, el dueño de la compañía de asientos para cine, no puede imaginarse tener que comprar todo de proveedores estadounidenses. Comprar la tapicería nacional podría elevar sus costos de tela en hasta 40%.

‘Todos los componentes, todas las cuerdas, todo viene de China’, precisa. ‘No sé si llegaríamos a producir todo esto en el país. Algunas de esas industrias simplemente se han ido’.


  • comentarios

Los comentarios que en la sección de arriba se vierten son responsabilidad de los participantes. Ayúdenos a mantener un intercambio de ideas sano denunciando, mediante un en el ícono de la bandera, cada participación que considere inapropiada. Si el comentario no cumple con LAS REGLAS, será eliminado. Consulte aquí el reglamento.

Bienvenido a nuestro servicio de comentarios. Lo invitamos a analizar, comentar y cuestionar los artículos y reportajes que publica El Diario. Para mantener un intercambio de ideas sano para todos nuestros usuarios, es necesario que siga las reglas que a continuación detallamos. Al participar en el servicio de comentarios usted acepta la aplicación de estas normas.

Usted acepta que es totalmente responsable por el contenido que publica.

No publicará intencionalmente contenido que viole el derecho de autor, marcas registradas, patentes o cualquier otra propiedad intelectual de una tercera persona.

No difundirá contenido difamatorio, obsceno o agresivo que viole el derecho de una tercera persona a la privacidad de acuerdo a las leyes municipales, estatales, federales o incluso internacionales o que sea considerado inapropiado. Indemnizará a Publicaciones Paso del Norte(*), sus empleados y empresas afiliadas de todas y cada una de las demandas y/o dátos (incluyendo, pero no limitándose a honorarios de abogados) que sean presentadas por terceras personas en relación con el contenido que usted publicó. No redactará contenido que discrimine a otras personas por su género, raza, origen étnico, nacionalidad, religión, preferencias sexuales, discapacidades o cualquier otra categoría.

Usted entiende y acepta que El Diario no es responsable por el contenido publicado por terceras personas.
Es de su entendimiento que en los foros de discusión, El Diario supervisa el contenido publicado y se reserva el derecho de eliminar, editar o alterar el contenido que parezca inapropiado por cualquier motivo sin pedir el consentimiento del autor. Nos reservamos el derecho de acuerdo a nuestro propio criterio de retirarle a un usuario el derecho a publicar contenido en nuestro sitio.

Entiende y acepta que los foros de discusión deben ser usados sin propósitos comerciales.
No solicitará recursos o apoyos económicos. No promoverá empresas comerciales o realizará actividades comerciales de ningún tipo en nuestros foros de discusión.

Usted entiende y acepta que el uso de cualquier información obtenida a través de los foros de discusión es bajo su propio riesgo.
El Diario de ninguna manera respalda el contenido que los usuarios difunden, y no puede ni se hará responsable de su veracidad.

Con cada contenido que usted publica, otorga a El Diario sin pago de regalías la licencia irrevocable, perpetua, exclusiva y totalmente sublicenciable para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados de, distribuir, realizar y mostrar dicho contenido en su totalidad o partes a nivel mundial y para incorporarlos en sus trabajos de cualquier modo conocido actualmente o desarrollado con posterioridad.

Se oponen a cambio en tarifas de El Paso Electric
Fernanda León/El Diario de El Paso | 00:01 hrs

Corte de Comisionados vota en contra de la propuesta

Inicie sesión con cualquiera de las siguientes redes sociales: