Linchamiento de Waco cumple un Centenario

J. B. Smith / Waco Tribune-Herald
2016-05-21

Fue hasta los años 60 que el episodio tomó auge en el país y en los 90 llamó su atención en Washington para reconocerlo, destacarlo y lograr una expiación
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Waco, Texas— Mary Pearson no necesita que le recuerden el linchamiento de Jesse Washington.
La habitante de Robinson creció oyendo las historias en boca de su abuela, quien era pariente del peón de 17 años que fue torturado a muerte en la plaza de Waco hoy hace exactamente un siglo. La moraleja nunca se expresaba con precisión, pero el horror no ha abandonado a Pearson durante sus 67 años de vida.
Poco después de que el menor fuera sentenciado a muerte por asesinar a su patrona blanca, una turba lo llevó a rastras hasta el Ayuntamiento, donde lo empapó en aceite de carbón y lo ahorcó encima de una pila de cajas de madera ardiendo. Cortó su quemado cuerpo para hacer souvenirs y lo arrastró por el pueblo. 
Pero para Pearson fue aun más inquietante lo que no sucedió: la Policía no intervino en el linchamiento, ni ninguno de los 15 mil espectadores.
“Toda la gente estaba ahí, la mayoría era blanca, y nadie dijo nada, nadie trató de hacer nada”, dijo Pearson en entrevista con el Waco Tribune-Herald tras la reciente proclamación en la cual el alcalde de Waco condenaba el linchamiento. “Hasta pensar en ello duele y es frustrante… Puede hacer que me deprima profundamente. Cada vez que pienso en eso, me enojo mucho y tengo que pedirle al Señor que me ayude”.
El Waco blanco pasó la mayor parte del Siglo XX intentando olvidar la atrocidad, denominada por la prensa nacional el “horror de Waco”.
El incidente sobresalió como momento crucial en los esfuerzos contra el linchamiento en el país y contribuyó a dar prominencia a la Asociación Nacional por el Progreso de la Gente de Color (NAACP, siglas en inglés), la organización defensora de los derechos civiles más antigua en Estados Unidos. Pero la atrocidad no se mencionó en los libros sobre la historia local sino hasta finales de los años 60 y aquí básicamente fue ignorada o minimizada hasta 1998, cuando el regidor Lawrence Johnson hizo un llamado público para un monumento destinado a “expiar” el linchamiento.
Mientras tanto, la historia sobrevivía en voz baja en rincones de la comunidad negra, en forma de leyendas y advertencias para los hijos.
La Coalición Comunitaria para las Relaciones entre las Razas y la NAACP han encabezado una campaña destinada a conmemorar esta primavera el centenario mediante una serie de discursos, una marcha y la solicitud de conseguir un monumento histórico estatal por el linchamiento. Las conmemoraciones culminaron con una “audiencia pública” en el Centro Comunitario Bledsoe-Miller.
El centenario no tiene la intención de volver a abrir antiguas heridas raciales o culpar a alguien que esté vivo, dijo Peaches Henry, profesora de inglés en el Colegio Comunitario McLennan y presidenta de la NAACP en Waco. Más bien se trata de una oportunidad para unir a blancos y negros a fin de reflexionar sobre una difícil historia compartida.
“Ésta es la importancia de la historia: nos permite recordar tanto lo bueno como lo malo, y luego corregir nuestro rumbo”, agregó Henry.
Quienes participan en las conmemoraciones sostienen que enterrar el pasado no impide que su fantasma ronde el presente.
Scheherazade Perkins, de 64 años e integrante del consejo sobre relaciones entre las razas, se crió en Waco y en 1969 se graduó en la preparatoria negra A.J. Moore High School.
Nunca oyó nada acerca del linchamiento antes de ser adulta, pero el hecho contribuyó a explicar las ansiedades que oía mientras crecía.
El centenario se da durante un momento de debate y disturbios nacionales en torno a las muertes a manos de policías de hombres negros desarmados, como Freddie Gray en Baltimore; Michael Brown en Ferguson, Missouri; y Tamir Rice, de 12 años, en Cleveland. En una investigación del Washington Post se descubrió que en el 2015 el 40 por ciento de los hombres desarmados a los cuales baleó y mató la Policía eran negros, aunque los hombres negros sólo conforman el seis por ciento de la población.
Henry, la presidenta local del NAACP, señaló tener en alto concepto a los mandos policiales en Waco, pero aun así sentirse nerviosa dondequiera que vaya su hijo, quien es boy scout y estudiante universitario de tercer año.
“Está lo que se le dice a todo joven afroamericano: cuando te marquen el alto, mantén las manos en el volante”, dijo. “No hagas ningún movimiento sin avisarle al policía.
“Cuando mi hijo anda caminando o en carro por la calle no hay nada en él que pueda protegerlo”.
Se trata de una versión más sutil del mismo temor que los afroamericanos tenían hace un siglo, consideró Henry.
“Lo que el linchamiento probó acerca de nuestra comunidad fue que a los hombres y las mujeres afroamericanos no se les veía como seres humanos o como ciudadanos iguales”, dijo Henry. “Si bien ya no ahorcan a la gente en los árboles, sí vemos situaciones donde no se valoran las vidas afroamericanas”.

‘Fotografía’ del hecho

La sombría trayectoria entre el homicidio de Lucy Fryer y el asesinato de Jesse Washington sólo tardó siete días.
Aproximadamente a la hora de la cena del 8 de mayo, la nieta adulta de Fyer regresaba de las parcelas para descubrir a su madre en el granero familiar en Robinson, con la cabeza golpeada con un marro. Un médico dijo asimismo haber evidencia de que fue violada, aunque el especialista no atestiguó durante el juicio.
De acuerdo con versiones periodísticas de ese entonces, varias horas después los policías localizaron a Washington sentado en su patio, tallando una pieza de madera. Washington formaba parte de una familia que ese año se había mudado a efecto de trabajar para los Fryer.
Posteriormente el agente Lee Jenkins dijo en su testimonio haber encontrado sangre en toda la ropa de Washington y haberlo arrestado a él y a otros familiares. Ya dentro de la patrulla, Washington se quedó dormido en el asiento posterior. En Waco fue interrogado, primero negando y más tarde confesando la violación y el homicidio, proporcionando a los policías datos que condujeron al mazo oculto en la maleza.
En un libro publicado en el 2005 sobre el caso, “El primer horror de Waco: el linchamiento de Jesse Washington y el ascenso de la NAACP”, Patricia Bernstein deja abierta la pregunta acerca de la culpabilidad de Washington.
La autora señala las dudas que en ese entonces se tenían respecto a la capacidad intelectual de éste para comprender las diligencias, así como un sistema legal que había cargado los dados contra los imputados negros.
Para cuando el proceso comenzó el lunes por la mañana, había multitudes congregándose alrededor de los juzgados. Los periódicos de ese entonces calcularon que se permitió a 2 mil 500 personas colarse en la sala del tribunal del juez del 54avo Distrito Richard Irby Munroe. Muchos portaban armas y amenazaban con linchar a Washington.
Cuando el presidente del jurado W.B. Brazelton leyó a las 11:22 am el veredicto de culpabilidad para el cargo de homicidio, el juez Munroe empezó a registrar la admisión de culpabilidad en su expediente, pero no concluyó la oración.
Un hombre gritó, “agarren al negro”, y la turba sujetó a Wa-shington. La multitud lo bajó por las escaleras posteriores del juzgado, le puso una cadena al cuello y lo atacó con ladrillos y navajas rumbo a la horca improvisada frente al Ayuntamiento.
Mientras los autonombrados verdugos de Washington lo colgaban sobre la hoguera, en el Ayuntamiento el fotógrafo Fred Gildersleeve se sentó en la oficina del alcalde, tomando imágenes que después vendería como tarjetas postales. De pie junto a él se hallaban el alcalde John Dollins y el jefe policiaco Guy McNamara, según “El primer horror de Waco”.
A media tarde, el cadáver fue cortado y arrastrado hasta Robinson, primero por un jinete, luego con un automóvil.
Al principio los periódicos locales cubrieron el linchamiento con detalles explícitos, para luego abandonar súbitamente el tema. El Times-Herald proclamó que “el emocionante suceso de ayer constituye un incidente cerrado”.
Otro periódico, el Waco Semiweekly Tribune, lamentó que haya predominado la violencia de la turba pero comparó en forma favorable a Waco con otras poblaciones donde se lincharon negros.
“No existe evidencia de hostilidad para con el negro simplemente por su raza, y debemos sentir pesar si no es así”.
El linchamiento de Jesse Washington no pudo haber sorprendido a ningún habitante de Waco, blanco o negro. Más que nada, al parecer los líderes de Waco se sorprendieron ante la censura internacional posterior por parte de los periódicos y ante el severísimo reporte de la publicación del NAACP, la cual envió a Waco a la periodista Elizabeth Freeman.
No es que nunca antes hubiera ocurrido. Los linchamientos raciales llevaban décadas siendo tradición en Texas pero a principios del Siglo XX se hicieron cada vez más atroces y públicos.

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