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Cómo las estrellas del pop, y la realeza esconden su riqueza

The New York Times | Jueves 09 Noviembre 2017 | 15:54 hrs

Especial / Imagen Galeria

Especial /

Appleby opera en un universo exclusivo de individuos con patrimonio neto ultralto (UHNWI, por su sigla en inglés), en el que los yates y los jets privados son los medios de transporte preferidos y las mansiones están vacías porque sus dueños tienen varias más. Algunos de los clientes de Appleby también son personas políticamente expuestas (PEP, por su sigla en inglés), para quienes es una meta crucial evitar atención no deseada.

“La gente adecuada. Los lugares adecuados”, se lee en la papelería de Appleby. La firma se fundó en las islas Bermudas hace más de un siglo y es considerada uno de los mejores despachos legales del mundo en referencia a empresas registradas en el extranjero. Una colección de 6.8 millones de documentos de Appleby, que obtuvo el periódico Süddeutsche Zeitung y compartió con organizaciones de medios a través del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, ofrece una mirada cercana de los servicios y los clientes de la firma.

Para una élite internacional variada, los servicios de baja fiscalidad ofrecen secreto y discreción, además de la oportunidad de minimizar o diferir sus impuestos. En vista de que evita clientes abiertamente criminales y corruptos, Appleby parece ser más escrupulosa que Mossack Fonseca, otra firma de paraísos fiscales con sede en Panamá, según una comparación de los archivos de Appleby con las filtraciones de los Papeles de Panamá, las cuales tuvieron cobertura a nivel global el año pasado.

En las actas de la junta directiva de Appleby, hay listas de “negocios rechazados” que incluyen a funcionarios gubernamentales sospechosos de corrupción y a millonarios ligados con el crimen organizado.

Sin embargo, se les escabullen algunos clientes sospechosos. Una presentación de PowerPoint que utilizó el gerente de cumplimiento de Appleby discute el financiamiento de terroristas y se refiere a fondos que estaban “definitivamente manchados”.

“Parte de la basura que aceptamos es increíble, totalmente increíble”, se lee en las notas de una diapositiva acerca de la evaluación de clientes potenciales.

A pesar de que han rechazado a algunos posibles clientes, el negocio rara vez había ido tan bien. Las filas de los superricos están creciendo a paso veloz, impulsadas por fortunas legítimas en las finanzas, el comercio y la tecnología, así como por las que provienen de las drogas, las malversaciones y los sobornos. Además, la industria financiera de baja fiscalidad ha crecido junto con las cuentas de sus clientes.

Grandes nombres, fortunas escondidas

La cantidad de gente acaudalada en el mundo con más de 50 millones de dólares en activos es de cerca de 140 mil 900 personas, la mitad de ellas de Estados Unidos, según un informe reciente de Credit Suisse.

En correos electrónicos, se puede apreciar que los empleados de Appleby se tomaban la molestia de mimar a los clientes adinerados. “Nuestras comisiones rondan los 40 mil dólares y son el tipo de personas que creo que apreciarían abrir una botella de champaña después de cerrar el trato con Appleby esta tarde”, escribió en 2008 un abogado que trabajaba en las oficinas de la firma en Gran Caimán respecto de un acuerdo particular. “¿Tienen la llave de la caja fuerte de los tragos? Tiene que ser algo decente porque saben de champaña”.

La jerga legal de los documentos filtrados puede aturdir la vista hasta que, como en el caso de un acuerdo financiero de 2015, descubres que este es por un yate espectacular de 50 millones de dólares, el Galactica Star, que Jay-Z y Beyoncé alguna vez usaron durante unas vacaciones.

Appleby tenía 31 mil clientes estadounidenses, la nacionalidad más común hasta el momento. Los archivos de la firma parecen un concurso de quién es quién entre los ciudadanos más acaudalados de esa nación: demócratas prominentes como George Soros, el financiero y filántropo; Penny Pritzker, la secretaria de Comercio en la administración de Obama; simpatizantes republicanos de alto perfil del presidente Trump, entre ellos Sheldon Adelson, el magnate de los casinos, y Carl Icahn, el inversionista de capital privado.

egún los documentos de Appleby, a través de un fondo en las Islas Caimán, la reina Isabel II invirtió en una empresa que tenía participación en una firma británica de alquiler con opción a compra que fue muy criticada por haber financiado la venta de artículos para el hogar a tasas de interés de hasta 99.9 por ciento. Los archivos filtrados revelan acciones de la cantante Madonna en una firma de material médico y la inversión de Bono, el vocalista de U2, en un centro comercial de Lituania.

Los documentos divulgaron las participaciones de gobernantes y políticos de todo el mundo. La lista incluye a tres exprimeros ministros de Canadá, a la reina viuda de Jordania y al menos a cinco miembros de la familia que gobierna en Catar.

Al servicio de una élite que va en aumento

La firma fundada en 1898 por un oficial británico, el mayor Reginald Appleby —un opositor declarado de los impuestos—, cuenta en la actualidad con oficinas en casi todos los paraísos fiscales del mundo: las islas Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán, la isla de Guernsey, Hong Kong, la Isla de Man, la isla de Jersey, Mauricio, las Seychelles y Shanghái.

Estos lugares ofrecen tasas impositivas bajas o de ningún tipo, empresas que constan solo de una casilla postal y contadores y abogados con la habilidad de esconder dinero.

En un comunicado, Appleby mencionó que la firma no había hecho nada malo. “Somos un despacho legal inscrito en paraísos fiscales que asesora en la administración de sus negocios a clientes de forma legítima y apegada a derecho”, señaló el comunicado. “No toleramos los comportamientos ilegales”.

En años recientes, las fortunas de los multimillonarios han crecido en un promedio de siete a ocho por ciento al año, mientras que la riqueza total solo ha aumentado tres por ciento anualmente, afirmó Gabriel Zucman, un economista de la Universidad de California en Berkeley. La globalización, la desregulación y las reducciones fiscales han sido algunos de los factores.

“El otro tema importante es el ascenso de la industria transfronteriza de gestión de patrimonios a nivel mundial”, dentro de la cual se encuentra Appleby, explicó Zucman.

En la actualidad, el uno por ciento más rico de la población global posee más de la mitad de la riqueza del mundo y el 10 por ciento más rico es dueño de cerca del 90 por ciento de esta.

La minimización de los impuestos

Cuando James H. Simons, un matemático reservado y operador de fondos de cobertura de Boston que está a punto de cumplir 80 años, era un joven profesor de matemáticas en 1974, un amigo colombiano fundó un fideicomiso en las islas Bermudas a nombre de Simons con un regalo de 100 mil dólares que les hizo a él, a sus padres y a sus descendientes. Las autoridades fiscales de Estados Unidos consideraron al Lord Jim Trust, como fue nombrado el fideicomiso, una entidad extranjera, lo cual limitaba la capacidad del Servicio de Impuestos Internos (IRS, por su sigla en inglés) para detectar las participaciones del fideicomiso y para gravar sus fondos en tanto no los distribuyera a la familia Simons (Appleby no creó el fideicomiso, pero posteriormente brindó asesoría legal).

En 1982, Simons fundó Renaissance Technologies, un fondo de cobertura con sede en Nueva York cuyos algoritmos secretos de comercialización pronto generarían tasas de rentabilidad que serían legendarias en Wall Street. En las tres décadas subsecuentes, Renaissance se convirtió en uno de los fondos de cobertura más lucrativos del planeta, por lo que Simons se volvió multimillonario.

Al momento de responder a los cuestionamientos, Simons afirmó que los repartos que el fideicomiso de las Bermudas les había entregado a él y a su familia se habían reportado al IRS.

A medida que crecían las inversiones de Renaissance, también lo hacía su huella en la vida de Estados Unidos: Simons se volvió uno de los principales donadores políticos del país. Durante el último proceso electoral, fue uno de los seis mayores contribuyentes políticos, tanto a causas como a candidatos. Donó más de 26 millones de dólares, los cuales fueron destinados casi en su totalidad al Partido Demócrata. En 2014, un comité del senado acusó a Renaissance y a otro fondo de cobertura de haber utilizado una compleja maniobra contable para evadir impuestos de forma deshonesta.

Renaissance sigue en pleito por el resultado de la liquidación de impuestos: un estimado de 6 mil 800 millones de dólares.

Se calcula que Simons es la vigésimo quinta persona más rica de Estados Unidos, con un valor neto estimado en 18 mil 500 millones de dólares, de acuerdo con la lista de Forbes de los estadounidenses más ricos. No obstante, a pesar de ser criterios importantes para el estudio del desarrollo y la desigualdad globales, estas clasificaciones suelen depender de información pública incompleta.

El fideicomiso Lord Jim Trust de Simons es un ejemplo. A pesar de que este ha sido nombrado en varios expedientes, un documento de 2010 en los archivos de Appleby ofrece detalles por primera vez. Si al momento de calcular el valor neto de Simons se hubiera tomado en cuenta la totalidad del fideicomiso, habría quedado en un lugar mucho más alto de la lista de los superricos.

Sin embargo, contabilizar el fideicomiso dentro de su riqueza no es tan sencillo, pues Simons asegura que su participación se encuentra ahora en una organización de beneficencia en paraísos fiscales: Simons Foundation International (SFI).

Una persona que está familiarizada con Simons Foundation International, quien no estaba autorizada para declarar de manera oficial, explicó que la organización cuenta con 8 mil millones de dólares en activos.

Esta cantidad es más del doble de los cerca de 3 mil millones de dólares que tiene la Simons Foundation con sede en Nueva York, la cual comparte con la fundación de las Bermudas la misión de financiar la investigación científica y la educación.

“Hasta el momento, la fundación no ha estado muy activa”, redactó Simons en respuesta a los cuestionamientos de The New York Times. “En los años por venir, a medida que disminuyan mis ingresos y finalmente se detengan, la SFI tendrá un papel cada vez más importante en el financiamiento”.

Simons Foundation International opera en la oscuridad. Aunque podría estar con facilidad entre las diez fundaciones más importantes de Estados Unidos, no tiene sitio web. Simons señaló que mantener la fundación en las Bermudas facilitó las donaciones a organizaciones de beneficencia que no son estadounidenses y también evitó los requisitos mínimos en cuanto a las contribuciones que deben realizar las fundaciones en Estados Unidos cada año.

Multas e indemnizaciones

Mientras que el motivo de Simons para establecer entidades en paraísos fiscales es complejo, Warren A. Stephens, un sexagenario a quien alguna vez nombraron el rey de Little Rock, Arkansas, heredó un banco de inversiones familiar y se volvió un adepto de los republicanos conservadores, tiene una motivación que parece más evidente.

A finales de 2011, representantes de Stephens y su socio comercial, James R. Carnes, pidieron a Appleby que incorporara dos empresas en paraísos fiscales como parte de un plan para ayudar a que las tribus nativas estadounidenses establecieran operaciones de préstamos, una táctica empresarial común porque estas empresas pueden solicitar inmunidad tribal ante impugnaciones legales foráneas.

La empresa matriz de la nueva sociedad, Hayfield Investment Partners, se registró en Delaware: un estado dentro de la media decena que se consideran paraísos fiscales en Estados Unidos, lo cual enfatiza que el secreto y las ventajas fiscales no se limitan a islas tropicales plagadas de palmeras. Los documentos en el expediente de Appleby demuestran que Stephens y sus fondos poseen 40 por ciento de Hayfield.

Hayfield ya tenía una filial por separado llamada Integrity Advance, una empresa en línea de adelantos de quincena en efectivo que pronto generaría quejas de los prestatarios y las autoridades regulatorias. Hubo gente que no tenía mucho dinero y pidió préstamos pequeños, solo para luego ver cómo se hacían grandes retiros de sus cuentas bancarias por intereses y cargos por servicios que solían exceder la cantidad que habían pedido prestada en un inicio.

Por ejemplo, un prestatario, Nils Paul Warren, técnico especializado en audio, se quejó ante las autoridades regulatorias de Florida porque debía pagar más de 1300 dólares para reembolsar un préstamo a corto plazo de 500 dólares que hizo en línea con Integrity Advance en 2009.

Para noviembre de 2012, Integrity Advance había recibido órdenes de cese y suspensión de varias autoridades regulatorias estatales y, en mayo de 2013, un tribunal distrital de Minnesota ordenó que la empresa pagara casi 8 millones de dólares en sanciones civiles y en restitución a las víctimas, con el argumento de que la firma se había concentrado en ciudadanos financieramente vulnerables con tasas de interés de hasta mil 369 por ciento.

“Creo que el grueso de la clientela son personas que están a una quincena de vivir en la calle”, comentó Warren en una entrevista.

A medida que crecieron las quejas, Stephens y Carnes vendieron parte de Integrity Advance a una empresa de préstamos tipo casa de empeños: Ezcorp. Con el tiempo, la Oficina para la Protección Financiera del Consumidor (CFPB, por su sigla en inglés) acusó a Integrity Advance por tácticas “falsas y engañosas” y, el año pasado, un juez de ley administrativa recomendó al director de la CFPB que la empresa y Carnes, su director ejecutivo, pagaran más de 51 millones de dólares en multas e indemnizaciones a los prestatarios. Integrity Advance y Carnes están apelando el fallo.

En su acción legal en contra de Integrity Advance, la oficina puso énfasis en la propiedad del 52 por ciento que tiene Carnes en Hayfield, la empresa matriz. Ni las autoridades regulatorias ni los medios han mencionado la considerable participación de Stephens, quien se rehusó a hacer comentarios.

Durante la campaña electoral del año pasado, Stephens contribuyó con 3 millones de dólares al Club for Growth, un comité conservador de acción política que ha presionado al congreso con el objetivo de quitar a la CFPB su facultad para aplicar la ley.

Además de ayudar a financiar estas batallas en Washington, Stephens recientemente utilizó su banco de inversiones, Stephens Inc., para lanzar una serie de videos en línea llamados “Esto es el capitalismo” que tienen como objetivo mejorar la opinión de los milenials sobre la economía del libre mercado.

En su introducción, Stephens escribió que esperaba que la serie pudiera contrarrestar la noción de que el libre mercado es “un sistema que enriquece a unos cuantos a costa de la mayoría”.


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